APLAUSO (Applause)

Película estrenada entre 1929 (Silente)

Director: Rouben Mamoulian. 1929. B/N

Intérpretes: Helen Morgan, Joan Peters, Fuller Mellis Jr., Henry Wadworth, Jack Cameron, Dorothy Cumming

 

Los carteles, la multitud y un desfile anuncian la llegada a la ciudad de la estrella de las variedades Kitty Darling. La impresión recibida al enterarse de que su marido, condenado a muerte, no ha sido indultado, hace que Kitty de a luz prematuramente en su camerino a su hija April. Kitty se sacrifica y ahorra para enviarla a un colegio de monjas, decidida a que su hija se eduque como una señorita. Los años van pasando y Kitty ve como no se hace realidad su sueño de triunfar en Broadway: Hitch Nelson, el amante que vive a su costa, insiste en que April vuelva a casa para ayudar a mantener a la familia. April abandona el colegio, y se queda horrorizada al ver a su madre trabajando en un espectáculo de baja estofa. Hitch insiste en que ella también trabaje en el teatro. April conoce a un marinero y se enamora, pero renuncia a casarse al darse cuenta de que muy pronto será el único apoyo con que contará su madre. Kitty se envenena en aras de la felicidad de su hija. Tras tener un gran éxito en su debut sustituyendo a su madre, April abandona el teatro para casarse con su novio Tony.



Helen Morgan

Rouben Mamoulian fue uno de los directores de teatro de prestigio llamados por Hollywood para hacer frente al complicado y molesto problema del sonido. Desde un primer momento, Mamoulian supo utilizarlo con excepcional facilidad y libertad, negándose a permitir que la cámara quedase inmovilizada por las necesidades de los micrófonos.

Incluso cincuenta años después, la secuencia inicial de Aplauso es ejemplar a este respecto: Uno detrás de otro, y en rápida sucesión, se ven planos breves de una tienda cerrada, una calle desierta con papeles de periódico volando de un sitio a otro, un perrito arrastrando un cartel caí­do en el que se anuncia “Kitty Darling, Reina de los corazones”, una niña recogiendo al perro y apresurándose para unirse a la muchedumbre que espera a Kitty para aplaudirla en su desfile triunfal hasta el teatro en carroza abierta. Tras un breve vistazo a Kitty saludando graciosamente a sus admiradores con la mano, la música empieza a tocar un “ragtime” y Mamoulian pasa al foso de la orquesta del interior del teatro. Allí­ la cámara hace panorámica sobre los músicos mientras afinan sus instrumentos, sube hasta el nivel del escenario y cambia de dirección para descubrir una hilera de regordetas piernas intentando patéticamente elevarse al máximo; luego vuelve a subir y a desandar su camino, esta vez revelar los rostros de las rubicundas coristas.

Todaví­a no se ha pronunciado ni una sola palabra, pero se está metido de lleno en el mundo de Kitty, vislumbrando la sórdida realidad que se oculta tras las deslumbrantes imágenes, e intuyendo que las desilusiones que lo aguardan en el cartel roto, el viento gélido, las envejecidas coristas Los diálogos del resto de la pelí­cula no tienen nada de especial, aunque Helen Morgan los transforma en trágicos, dotándolos de las armoní­as resonantes y tristes que supo aportar a su anterior carrera de cantante. Pero las palabras ocupan invariablemente un lugar secundario con respecto a las imágenes y movimientos.

Una crí­tica, acertadamente comentó: “Lo que ocurre es que , en lugar de permitir que los diálogos se interfieran con la historia, o incluso que ocupen un papel importante dentro de ella, Mamoulian ha utilizado la cámara inteligentemente, como es debido, y la ha hecho contar la historia. Mamoulian es un adelantado en esto del cine sonoro”.


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