L´Í‚GE D´OR (La Edad de oro)

Película estrenada entre 1929 (Silente)

Director: Luis Buñuel. 1930. Francia. B/N.

Intérpretes: Gaston Modot (el hombre), Lya Lys (la joven), Max Ernst (el capitán de los bandidos), Pierre Prévert (Péman), Caridad de Laberdesque (la madre), Pancho Cosí­o (bandido cojo), José Artigas (invitado en la fiesta), Valentine Hugo (invitada en la fiesta), Lionel Salem (duque de Blangis)








Los problemas que encuentran dos amantes para vencer los obstáculos que la sociedad pone entre ellos. El orden de valores del hombre, el amor a la mujer (sexo), amor religioso o a la patria (muerte). Después de un prólogo documental sobre las costumbres del alacrán, unos bandidos descubren a un grupo de arzobispos -los mallorquinos- orando en un acantilado. La fundación de la Imperial Roma, celebrada en el sitio donde oraban los clérigos, se ve interrumpida por los lances amorosos de una pareja que es separada por los indignados asistentes al evento. El hombre es conducido a prisión pero logra escapar y se refugia en casa de su amada, en donde se celebra una recepción. Por la tarde, la pareja intenta consumar su pasión sin éxito. Finalmente, los sobrevivientes de una criminal orgí­a, entre los que se encuentra el duque de Blangis, salen del castillo de Selliny.

“Después de Un chien andalou, imposible pensar en realizar una de esas pelí­culas que ya se llamaban “comerciales”. Yo querí­a seguir siendo surrealista a toda costa”. Con esta idea, Buñuel inició los preparativos de la que serí­a su segunda pelí­cula, sin imaginar que en poco tiempo estarí­a en medio de uno de los escándalos más memorables de la historia moderna de Parí­s. L’í‚ge d’or fue financiada por el vizconde de Noailles, un sofisticado mecenas que habí­a patrocinado varios proyectos artí­sticos de vanguardia. Buñuel decidió escribir el guión de la misma manera que el de Un chien andalou y viajó a Figueras para verse con Dalí­. Muy a su pesar, Buñuel se dio cuenta de que el encanto de su amistad con el pintor catalán se habí­a perdido por completo. A los tres dí­as, fastidiado por los desacuerdos y por la intervención de Gala, la mujer de Dalí­, Buñuel decidió poner punto final a la colaboración. Varios años después esta ruptura, amigable en apariencia, tendrí­a efectos devastadores en la relación entre los dos genios. Buñuel terminó de escribir el guión en la finca de verano de los vizcondes de Noailles. “Me dejaban tranquilo durante todo el dí­a. Por la noche, yo les leí­a las páginas que habí­a escrito. No pusieron ni una sola objeción. Todo -casi no exagero-, todo les parecí­a “exquisito, delicioso.” El rodaje de interiores se llevó a cabo en los mismos estudios donde se filmó Un chien andalou y los exteriores en Cap de Creus, cerca de Barcelona. Como el filme se planeó sonoro, Buñuel contó con los servicios de un técnico alemán -de nombre hoy olvidado- quien se encargó de sincronizar la banda sonora manualmente. La ausencia de sonido directo contribuyó a crear una serie de audacias formales en la relación entre la imagen y el sonido de la pelí­cula que aún hoy resultan innovadoras. L’í‚ge d’or fue una de las primeras pelí­culas sonoras filmadas en Francia y la primera en explorar conscientemente el impacto de la “voz en off”. Pero más que sus audacias formales, serí­a su irreverencia temática la que provocarí­a el escándalo de L’í‚ge d’or. El segundo filme de Buñuel proponí­a un tipo de experiencia estética que hasta entonces no se habí­a dado en el cine: la impugnación de los valores y principios de la civilización occidental y la propuesta a una revuelta en contra de lo establecido por la sociedad. “Hoy nadie se escandaliza”, le dijo melancólicamente André Breton, poco antes de morir, a Luis Buñuel. Desde el estreno de L’í‚ge d’or la sociedad ha encontrado maneras de anular el potencial provocador de una obra de arte adoptando ante ella una actitud de placer consumista. Sin embargo, lo que permanece de L’í‚ge d’or no es su valor de provocación, por intenso que haya sido en su época, sino su capacidad para ofrecernos una visión crí­tica de una sociedad en crisis. Más que un llamado a la revuelta, L’í‚ge d’or se ha convertido en un retrato, ácido y poético, de la sociedad del siglo XX.


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