UN PERRO ANDALUZ (Un chien andalou)
Director: Luis Buñuel. 1929. Francia. B/N. Silente.
Cortometraje de 17 minutos, mudo (en 1960 se incorporaron los motivos de “Tristán e Isolda” de Richard Wagner y un tango argentino). Rodado en B/N durante 15 días de rodaje. Una vez acabado el rodaje, el protagonista Pierre Batcheff se suicidó.
Intérpretes: Pierre Batcheff (Piótr Bachev), Simone Maureuil, Jaume Miravitlles,
Salvador Dalí y Luis Buñuel
Lugar e inicio del rodaje: París, El Havre, 19 de marzo de 1929
Estreno: Studio des Ursulines, París, 6 de junio de 1929


La película parte con una escena muy llamativa que introduce al espectador en la película de forma activa. Escena donde corta el ojo el propio Buñuel y quizás significa que uno debe realizar una mirada introspectiva, también el hecho de cerrar el ojo femenino. Hay muchas interpretaciones.
Los tiempos aparecen muy marcados, pero sin ninguna lógica, sin conexión. Hay referencias al mundo erótico, crítica a la clase burguesa.
La película se criticó porque incitaba al asesinato. En cada una de sus secuencias el protagonista muere y renace. Hay una alusión muy clara en el cuadro de “La encajera” de Wermer. Al inicio aparece Buñuel y al final Dalí. Se refiere a los maristas en el hombre de la bicicleta. El personaje que mueve la mano es observado por las dos protagonistas desde la ventana y es una alusión a la masturbación de la mujer. De hecho, después de ver la escena, él se apasiona por ella. La escena del piano es una alusión al poder que tiene la cultura. Hay referencias exóticas como la escena del vello en la axila. La playa simboliza una situación nueva, un horizonte esperanzador. La idea de muerte y renacimiento es constante.
La música es posterior, comienza con Tristán e Isolda y continúa con tangos típicos de cafés parisinos. La película se estrena en un salón de té de París y fue muy bien recibida por la crítica. Bretón la calificó de única película surrealista del cine. Tuvo muchos problemas de censura, fue prohibida en España y Europa.
Con toda seguridad Luis Buñuel es el más grande cineasta que ha dado España, nuestro Orson Welles particular -¿o fue Orson Welles otro Luis Buñuel?-.
Paradójicamente su carrera cinematográfica está unida sobre todo a otros dos países: Francia y México -aunque también trabajó en EE.UU.-. En 1972 sería el primer director español que conseguiría con la película francesa El discreto encanto de la burguesía el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera.
Su primer trabajo, Un perro andaluz, es una historia surrealista -en la que, por supuesto, ¡no aparecen ni perros ni andaluces!-. Se rodó en 2 semanas, intercalando imágenes, escenas que no tenían nada que ver la una con la otra. No contaban ninguna historia, simplemente son imágenes del subconsciente. Ninguna otra de sus películas buscaría provocar de esta forma (la escena de la navaja rasgando el ojo destaca por encima de ninguna otra). El protagonista, Pierre Batchett se suicidó después de realizar el corto lo que a Dalí -colaborador en el guión- le pareció un final coherente para la película.




























El famoso comienzo de este cortometraje es la acción de un hombre, que, en una noche clara, tras afilar una navaja barbera, corta el ojo de una joven mientras una nube pasa delante de la luna. Es una historia -pero no es ninguna historia- surrealista -no hay perro ni andaluz-. Ocho años después, un ciclista se accidenta en la calle. La misma joven lo socorre y lo besa. En una habitación, el ciclista acosa a la joven, pero un incidente callejero los distrae. Un personaje andrógino juega con una mano cortada y es atropellado. El ciclista continúa acosando a la joven. Aparece un “doble” y castiga al ciclista hasta que éste le dispara. Finalmente, la joven sale al mar y se encuentra con otro hombre. En la primavera, los torsos de la joven y de su nuevo acompañante aparecen enterrados en la arena, devorados por los insectos… Es una sucesión de escenas sin ningún vínculo entre ellas, como visiones del subconsciente. Comentarios: Casi 80 años han transcurrido desde el estreno de Un chien andalou y la cinta aún sigue estremeciendo a quienes se acercan, por primera o por enésima vez, a las inquietantes imágenes capturadas por el ojo de Buñuel. Radicado en París, Luis Buñuel se había acercado al cine como consecuencia de su admiración por las obras de Eisenstein, Lang y Murnau. Con escasa experiencia técnica y con un presupuesto muy limitado, Buñuel acometió la empresa de realizar la cinta que se convertiría en el manifiesto fílmico del Surrealismo. La película tuvo uno de los procesos de producción más originales e irrepetibles de la historia. En palabras del propio Buñuel, “Un chien andalou nació como la confluencia de dos sueños”. Salvador Dalí lo invitó a pasar unos días en su casa de Figueras y al llegar, Buñuel le explicó un sueño en donde una nube cortaba la luna, mientras un cuchillo cercenaba un ojo. Entusiasmado, Dalí le dijo que él había visto en sueños una mano llena de hormigas. La idea de hacer una película a partir de esas imágenes les pareció fascinante y en seis días tenían escrito el guión. La identificación entre ambos era tal que no había discusión. Trabajaron acogiendo las primeras imágenes que les venían a la mente, sin detenerse a evaluarlas. La única regla que se impusieron era rechazar toda idea o imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Buñuel contaba con 12.500 pesetas que le había proporcionado su madre, por lo que decidió producirse a sí mismo su debut como cineasta. A su regreso a París, contactó a los actores, al fotógrafo Duverger y a los estudios de Billancourt, donde se rodó la película en quince días. Según Buñuel: “los intérpretes no sabían nada de lo que estaban haciendo (…) Yo le decía a Batcheff: mira por la ventana como si estuvieras escuchando a Wagner. Pero él no sabía qué estaba mirando”. ¡Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional” Un chien andalou, o Un perro andaluz fue escrita por Luis Buñuel y por Salvador Dalí en base a una confluencia de dos sueños. Con 17 minutos de duración y sin sonido originalmente, fue exhibida en el París de 1928 a una audiencia de aristócratas, pintores y escritores de vanguardia, como Picasso, Le Corbusier y Cocteau. Principiante nervioso, Buñuel manejaba el gramófono al final de la sala intercalando tangos argentinos y Tristán e Isolda, con piedras en los bolsillos para lanzárselas a la audiencia si osaba abuchear. Tan revolucionaria era Un chien andalou que fue la película que abrió las puertas del surrealismo al cine. Con poca experiencia técnica y escaso presupuesto, la primera cinta de Buñuel hoy se cataloga como el manifiesto fílmico de esa tendencia y lo lleva a personificar la vanguardia desde esa época, estremeciendo aún a quienes ven sus inquietantes imágenes. Aunque simpatizaba con las extravagancias de los surrealistas, Buñuel no se había integrado aún al grupo cuando filmó Un chien andalou. Una vez terminada la película, un amigo común lo presentó con el fotógrafo Man Ray, quien sí pertenecía al movimiento. Ray acababa de filmar un documental sobre la mansión de los vizcondes de Noailles y andaba buscando un complemento para el programa de exhibición. Al ver la cinta, Ray le recomendó a Buñuel que la exhibiera cuanto antes y lo presentó formalmente ante el grupo. Aceptado por los surrealistas como uno de los suyos, Buñuel estrenó Un chien andalou en 1929, ante un público que se deshacía en aplausos. De esta manera iniciaba la larga carrera del director aragonés. Su siguiente película, L’í‚ge d’or, suscitaría un escándalo que aún se recuerda en las calles de París.


Más de 80 años han transcurrido desde el estreno de Un perro andaluz y la cinta aún sigue estremeciendo a quienes se acercan, por primera o por enésima vez, a las inquietantes imágenes capturadas por el ojo de Buñuel.
Radicado en París, Luis Buñuel se había acercado al cine como consecuencia de su admiración por las obras de Eisenstein, Lang y Murnau. Con escasa experiencia técnica y con un presupuesto muy limitado, Buñuel acometió la empresa de realizar la cinta que se convertiría en el manifiesto fílmico del Surrealismo.
Surgido en Francia en los años veinte, el “surrealismo” fue un movimiento estético que tuvo importantes manifestaciones en la poesía, la pintura, el teatro y el cine. Los surrealistas propugnaban la ruptura con el orden lógico de lo establecido y proponían que el individuo se liberara de las restricciones sociales y religiosas, que expresara libremente su sexualidad y que diera rienda suelta al inconsciente y a lo irracional.
El movimiento surrealista estuvo influenciado por las teorías de Freud y el pesimismo característico de los movimientos artísticos surgidos en Europa al finalizar la I Guerra Mundial. El Surrealismo fue también uno de los primeros movimientos estéticos que utilizó al cine como medio de expresión. El nuevo medio comenzó así a adquirir una resonancia artística que le había sido negada hasta entonces.
Un perro andaluz tuvo uno de los procesos de producción más originales e irrepetibles de la historia. En palabras del propio Buñuel, “la película nació como la confluencia
de dos sueños”. Salvador Dalí lo invitó a pasar unos días en su casa y al llegar, Buñuel le platicó un sueño en donde una nube cortaba la luna, mientras un cuchillo cercenaba un ojo. Entusiasmado, Dalí le dijo que él había visto en sueños una mano llena de hormigas. La idea de hacer una película a partir de esas imágenes les pareció fascinante y en seís días tenían escrito el guión.
La identificación entre ambos era tal que no había discusión. Trabajaron acogiendo las primeras imágenes que les venían a la mente, sin detenerse a evaluarlas. La única regla que se impusieron era rechazar toda idea o imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural.
Buñuel contaba con 12.500 pesetas que le había proporcionado su madre, por lo que decidió producirse a sí mismo su debut como cineasta. A su regreso a París, contactó a los actores, al fotógrafo Duverger y a los estudios de Billancourt, donde se rodó la película en quince días.
Según Buñuel:
“Los intérpretes no sabían nada de lo que estaban haciendo [...] Yo le decía a Batcheff: mira por la ventana como si estuvieras escuchando a Wagner. Pero él no sabía qué estaba mirando.”
Aunque simpatizaba con las extravagancias de los surrealistas, Buñuel no se había integrado aún al grupo cuando filmó Un perro andaluz. Una vez terminada la película, un amigo común lo presentó con el fotógrafo Man Ray, quien sí pertenecía al movimiento. Ray acababa de filmar un documental sobre la mansión de los vizcondes de Noailles y andaba buscando un complemento para el programa de exhibición.
Al ver la cinta, Ray le recomendó a Buñuel que la exhibiera cuanto antes y lo presentó formalmente ante el grupo. Aceptado por los surrealistas como uno de los suyos, Buñuel estrenó Un perro andaluz en 1928, ante un público que se deshacía en aplausos.
De esta manera iniciaba la larga carrera del genial director aragonés. Su siguiente película, La edad de oro (1930), suscitaría un escándalo que aún se recuerda en las calles de París.