Director: Jean Vigo. Francia. 1933. B/N
Intérpretes: Jean Dasté, Robert le Flon, Du Verron, Delphin, Léon Larive

Pocas filmografías merecen con justicia el calificativo de poéticas como la obra de Jean Vigo. Poética es la aparente facilidad con que sus imágenes traspasan las fronteras de lo cotidiano para aventurarse en un mundo de símbolos y sueños. Poética es la nostalgia que sus personajes manifiestan por una libertad perdida o jamás alcanzada. Poética es, finalmente, la selección de los temas que constituyen su breve filmografía, en la que Cero en conducta destaca como un canto a la feliz anarquía de la niñez.





En sus escasos 44 minutos Cero en conducta es un compendio de recursos que subvierten el orden perceptivo. Desde la famosa secuencia de la guerra de almohadas -la que el uso de la cámara lenta, la iluminación expresiva y la música en reversa contribuyen a la construcción de una atmósfera onírica-asta el uso de dibujos animados y gags tomados del recién desaparecido cine mudo, el filme sorprende por la frescura con que estos recursos son manejados por Vigo, quien los hace parecer como si fuese la primera vez que se utilizan en la pantalla.
Gran parte del argumento de Cero en conducta se basa en los recuerdos de infancia de Vigo. Tras la muerte de su padre, el pequeño Jean estuvo internado por cuatro años en un colegio de Ní®mes. La severidad tradicional del sistema escolar francés dejó una huella imborrable en el alma del joven poeta, de la cual nunca pudo liberarse. De cierta manera, Cero en conducta es un intento por exorcizar los demonios que atemorizaron a Vigo durante su niñez.
Visto fuera de contexto, podría parecer sorpresivo que este pequeño filme tuviese tantas repercusiones. Aparte de su prohibición -cidente que automáticamente lo convirtió en objeto de culto-u revaloración tiene mucho que ver con Franí§ois Truffaut, otro joven rebelde que también llegaría a ser un subversivo del cine.
Truffaut se inspiró en más de una escena de Cero en conducta para realizar Los cuatrocientos golpes (1959) su propia versión de una niñez infeliz a la francesa. Con este filme, Truffaut logró renovar las anquilosadas estructuras del cine francés de su tiempo y rendir un merecido homenaje al anárquico espíritu de Jean Vigo.
Su carrera como director fue una de las más breves de la historia. Sólo cuatro películas, cuyo tiempo total no sobrepasa los 200 minutos, constituyen su obra completa. Pero la importancia del cine de Jean Vigo ha sobrepasado la indiferencia inicial, convirtiendo a su creador en uno de los directores más influyentes del siglo XX.
Hijo de un famoso anarquista asesinado, Jean Vigo se sobrepuso a la fatalidad en varias ocasiones durante su corta vida. Rodeado de poetas, escritores y luchadores sociales, el joven Vigo se inició en el cine con A propósito de Niza (1930) documental insólito por su descarnada visión crítica de la alta burguesía. Su segundo filme, Taris (1931) fue un cortometraje de encargo. Con Cero en conducta (1933) Vigo incursionó en el género de ficción, despertando la furia de la censura que prohibió su exhibición por trece años.
Enfermo de tuberculosis crónica, Vigo filmó L’Atalante (1934) sin adivinar que sería su obra póstuma. Falleció a los 29 años, antes de verla estrenada. Sus películas permanecieron ignoradas hasta que los cineastas de la nueva ola las rescataron del olvido. A partir de entonces, su prestigio creció hasta convertirse en una de las figuras más atractivas del cine mundial.