HAMPA DORADA (Little Caesar)

Película estrenada entre 1930-1934

Director: Mervyn LeRoy. 1930. EE.UU. B/N
Intérpretes: Edward G. Robinson, Douglas Fairbanks Jr., Glenda Farell, William Collier

Título casi fundacional del cine de gángsteres, en el que sobresale el inconmensurable Edward G. Robinson en su interpretación más inolvidable, la del mafioso Rico Bandello, Little Caesar, personaje de ficción basado en el gangster Salvatore “Sam” Cardinella.



Rico y Joe son buenos amigos que deciden ingresar a una banda de gángster. El ascenso de Rico -comenzó su vida ejecutando pequeños robos- es vertiginoso, gracias a su amoral visión de la sociedad y una total falta de escrúpulos. Reemplaza a su jefe, y se apodera de sus negocios, se une a la mafia y se convierte en uno de sus líderes. Todo eso mientras se vislumbra un deterioro de su relación con Joe al también interesarse en su novia Olga.
Con Hampa dorada, Edward G. Robinson tuvo su gran inicio como protagonista de filmes de gángsteres.

En 1930 El Presidio y Hampa Dorada determinaron los parámetros del que sería uno de los más populares géneros de la década de los años 30. Edward G. Robinson con su particular carisma negativo, se convirtió en un símbolo del mismo, interpretando a un rechazado con grandes ambiciones, del poder sin límites y abundante dinero. Aunque despreciado y repudiado por las mujeres, al final siempre obtenía lo que deseaba, por las buenas o mejor aún por las malas.

El que a hierro mata, a hierro muere
Con estas palabras tomadas del evangelio de San Mateo capítulo 26, versículo 52, el cineasta californiano de origen judío y autor entre otras películas de Quo vadis y/o El puente de Waterloo, prologaba ésta su ópera prima, una espléndida cinta sobre el mundo del hampa en la pre-era del famoso código ortodoxo de Hayes sobre lo correctamente moral y político, en donde gente como Francis Edward Faragoh, Robert N. Lee, Robert Lord y Darryl F. Zanuck trabajaron en el guión adaptado de la famosa novela homónima en su titulación original en inglés “Little Caesar” (1929) del célebre guionista y escritor norteamericano William R. Burnett, quien entre otras obras maestras cabe citar La jungla de asfalto que sirviera a John Huston para su magnífica película homónima.
De esta manera LeRoy moraliza sobre el caos que se empezaba a vivir en las calles de norteamérica, versando sobre la vida de este pobre diablo, ladrón de poca monta (gasolineras y supermercados) que era el Caesar Enrico Bandello interpretado de manera poderosa y harto convincente por el soberbio y menudo actor norteamericano de origen rumano Edward G. Robinson, que soñaba con ser tan grande como los peces gordos del hampa dorada.
La historia, aunque sencilla y escueta está narrada sucintamente y de manera brillante por la cámara del por aquel entonces advenedizo y neófito LeRoy, con una espléndida fotografía en blanco y negro de Tony Gaudio, y es todo un alarde paradigmático y pionero del cine de gángsteres de los 30 del que gente como LeRoy o Raoul Walsh con sus espléndidas Los felices años veinte o Al rojo vivo tenían bastante que contarnos.
Robinson, secundado de manera espléndida por el galán Douglas Fairbanks Jr. en su papel del mejor amigo de Rico Bandello, Joe Massara, compone un personaje carismático, rudo e implacable cuya sed de ambicíon le llevará indefectiblemente a su trágico final con aquellas míticas palabras coartadas de la novela original de Burnett cuando dijo aquello de: “Dios de la misericordia (en el lugar original de “madre de Dios”, por considerar estas palabras indignas de un personaje tan moralmente deleznable para unas conciencias aún no preparadas para las “grandes emociones posteriores”), ¿es este el final de Rico”, detrás del cartel publicitario de la reciente dupla de bailarines formada por su amigo Massara y su novia Olga Strassoff (Glenda Farrell).

Basada en una novela de W.R. Burnett (inspirada en aspectos de la vida de Al Capone), fue dirigida por Mervyn LeRoy y protagonizada por Edward G. Robinson, al que lanzó a la fama internacional. La producción corrió a cargo de dos de los grandes: Hal B. Wallis y Darryl F. Zanuck.
Relata el ascenso del gángster Rico Bandello desde la condición de modesto atracador de gasolineras a jefe del hampa del North Side, de Nueva York, y su posterior caída. Hombre ambicioso, poseído por una sed compulsiva de poder, se abre camino como matón sin escrúpulos y sin principios. Tras su apariencia de hombre duro e imbatible, oculta algunas debilidades que le hacen vulnerable. Por un lado está su vanidad, que le lleva a ser excesivamente presumido. Por otro lado, el afecto que siente por su antiguo compañero de andanzas, Joe Massara (Douglas Fairbanks Jr.), y por su compañera Olga (Glenda Farrell), le mueve a defenderlos y salvarlos siempre, dando muestras de que en su corazón de piedra anida la amistad y, también, el amor que en secreto siente por Olga. Una encuesta del American Film Institute situó a Rico entre los mejores villanos de la historia del cine.
Son destacables, sobre todo, tres escenas. Una es la cena de homenaje y adulación que recibe de sus compañeros. En la otra aparece subido a una mesa, por su corta estatura, mientras mira su vestido de gala en un espejo y se admira a si mismo, asistido por los halagos de un esbirro. La tercera es la de la muerte a tiros de Tony mientras sube las amplias escaleras de acceso a una iglesia neogótica, que inspiró la escena final de “Los violentos años 20″.
La iluminación combina efectos de luz variados, bien distribuídos y magníficamente utilizados por la fotografía. La cámara hace gala de una notable capacidad de transmitir emociones a través de las imágenes, como ocurre en la discusión entre Rico y Joe (en presencia de Olga) con primeros planos muy expresionistas, como los de otras secuencias del film. La música aparece al principio, al final y en la escena en la que la madre (símbolo de la bondad) recrimina a Tony su conducta. El guión, bien estructurado, se basa en frases breves, contundentes y claras, lo que le valió una nominación al Oscar. La acción se desarrolla a un ritmo rápido y sostenido, que confiere a la obra un gran nivel de tensión, intriga e interés. Las intervenciones del narrador son oportunas y adecuadas para rebajar el verismo de la obra y poner de relieve su condición de fábula.
La película está considerada como la primera de la época dorada del cine negro de gángsteres, que floreció en EE.UU. en los años 30, y una de las tres más destacadas de éste, junto a El enemigo público (1931) y Scarface (1932). Su estreno provocó escándalo a causa del elevado número de actos delictivos que contiene y porque algunos consideraron erróneamente que constituía una apología de la violencia.


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