LA CALLE 42 (42nd Street)

Película estrenada entre 1930-1934

Director: Lloyd Bacon. 1933. EE.UU. B/N

Intérpretes: Warner Baxter, Bebe Daniels, George Brent, Ruby Keeler, Guy Kibbee, Una Merkel, Ginger Rogers, Dick Powell

El éxito inmediato que alcanzó el cine musical es explicable si recordamos que, desde su origen, las proyecciones de cine se acompañaban por un pianista o una orquesta. La música puntualizaba las acciones, creando un ambiente emocional que completaba al espectáculo de las imágenes.

La crisis económica producida por el “crack” de 1929 inclinó a la población estadounidense hacia la evasión como recurso para olvidar sus penas. El musical, género poco propenso al drama, se acomodó fácilmente en el gusto de un público dispuesto a escapar hacia un mundo de fantasía, lujo y oropel.

En poco tiempo, el género demostró cierta versatilidad a pesar de sus estrechos límites, y manifestó al menos tres variantes principales: la opereta, de fuerte influencia europea; la versión fílmica de obras musicales; y el espectáculo ambientado en el mundo del teatro, vodevil o music hall, en el que los números musicales se desarrollan ajenos a la trama.

La calle 42 es un magnífico ejemplo de este último tipo de filmes musicales. En sus 89 minutos se concentran los elementos esenciales de un género que no ha cambiado mucho con el paso del tiempo. La joven que sueña con el estrellato, el director preocupado por el éxito de la función, el rico inversionista enamoradizo y la coqueta bailarina de buen corazón, son personajes arquetípicos de un género que promueve el optimismo como medicina contra la adversidad.

En La calle 42 el espectáculo debe continuar a toda costa. El triunfo del esfuerzo personal fue un mensaje muy repetido en las películas de la época de la Depresión. Este mensaje ha sido recuperado en épocas posteriores, casi siempre cuando se presentan crisis económicas.

Con el correr de los años, el género musical se orientó de manera pronunciada a la comedia de extracción teatral, en la que los números musicales se integran a la trama de manera orgánica. Paulatinamente fueron desapareciendo las imposibles coreografías monumentales, en favor de variaciones más sutiles y naturales, aunque quizás menos cinematográficas.

A pesar de lo anterior, filmes como La calle 42 continuan asombrando por la sencillez con que lo fantástico toma el lugar de la realidad y nos aleja de lo grisáceo del mundo en que vivimos.

A ritmo de jazz

Un rítmico y uniforme taconeo de centenares de zapatos. La cámara avanza enmedio de un pasillo formado por las piernas de hermosas coristas, mientras sus cuerpos se convierten en expresivas figuras geométricas. Si hay algún estilo reconocible a lo largo de la historia del cine -y no sólo del género musical- es precisamente el de Busby Berkeley.

El rey del cine musical de la Warner y la Metro inició su carrera como actor teatral a los cinco años, pero fue su educación militar la que le proporcionó ese sexto sentido para la coreografía monumental que sería su sello característico.

Berkeley tenía una forma muy especial de mover la cámara y una curiosa manera de negarles a sus personajes el disfrute de los números musicales desde el proscenio y de otorgárselo por entero al público en el cine: al colocar su cámara sobre la coreografía, convertía al espectador en un observador aéreo de los masivos desfiles que armaba.

Mejor coreógrafo que director, Busby Berkeley intervino en más de medio centenar de películas entre 1930 y 1954. En todas ellas dejó la huella imborrable de un estilo que nunca se olvidará.


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