LA CENA DE LOS ACUSADOS (The Thin Man)

Película estrenada entre 1930-1934

Director: W.S. Van Dyke. 1934. EE.UU. B/N

Intérpretes: William Powell, Myrna Loy, Maureen O’Sullivan, Nat Pendleton, Minna Gombell, Porter Hall, William Henry, Harold Ruber, Cesar Romero


El asesinato de un reconocido inventor en Nueva York desata el espí­ritu de aventura de la mujer de un detective, que insiste hasta que su marido acepta el caso.




La cena de los acusados, el comienzo de una saga


A pesar de que hoy dí­a parece que no se piense más que en hacer remakes, o segundas y terceras partes de pelí­culas de éxito, la verdad es que esta moda ya existí­a desde los comienzos del Séptimo Arte. Lo que ocurre es que, primero, se hací­an muchas más pelí­culas, y no daba esa sensación,y segundo, por evidente, muchos (si no todos) no vivimos aquella época.

La cena de los acusados es la adaptación de una novela de Dashiell Hammett, concretamente “The Thin Man”, que es el tí­tulo original del film, realizado en 1934, que se convertirí­a en un gran éxito, dando lugar a cuatro pelí­culas más.

Nick es un detective de policí­a retirado que tiene una enorme vida social, le gusta mucho beber, y le encanta estar siempre en fiestas. Está casado con una mujer con la que tiene una envidiable complicidad. Y además tiene un olfato único para resolver misterios, sobre todo si hay un asesinato de por medio. En Nochebuena se verá envuelto en uno de esos casos de asesinato, y prácticamente todo el mundo le pedirá que vuelva a ejercer de detective, y así­ demostrar sus dotes para la deducción e intentar resolver el misterio y encontrar al asesino.

Con esta pelí­cula alcanzaron una enorme popularidad William Powell y Myrna Loy, que encarnan a la pareja protagonista, ese entrañable matrimonio, siempre metido en problemas. Los dos actores están absolutamente magní­ficos y la quí­mica existente entre ellos traspasa la pantalla. Les acompaña un simpático perro, de nombre Asta, cuya mayor virtud no es precisamente la valentí­a.

Uno de los mayores aciertos de esta pelí­cula es el tratamiento de comedia que el director le da, llegando casi al humor negro. En este aspecto, tanto actores como director se lucen de forma extraordinaria; ellos por desprender simpatí­a en todo momento; y el segundo por manejar estupendamente los momentos drásticos vistiéndolos con un poco de gracia, y no por ello resultan burdos o pierden fuerza, si no más bien todo lo contrario.

W.S. Van Dyke, director prácticamente olvidado dirige con mano firme, aunque en ciertos momentos no puede evitar caer en una teatral puesta en escena, que afecta un poco al ritmo de la pelí­cula. Aún así­ consigue momentos inolvidables, como el de la cena del tí­tulo, donde todos los personajes son sospechosos de asesinato; una escena vertiginosa y trepidante, a pesar de que todos permanecen sentados en sus sitios, y cuyo clí­max va in crescendo hasta una resolución adornada, como toda la escena, con un sentido del humor introducido muy inteligentemente.

Una buena pelí­cula con diálogos brillantes y mordaces, que comenzó una saga muy famosa en su época. Decir que en un papel secundario pero relevante, aparece Maureen O’Sullivan, la eterna compañera de Tarzán, y además sale guapí­sima.


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