Director: Rouben Mamoulian. 1933. EE.UU. B/N
Intérpretes: Greta Garbo, John Gilbert, Ian Keith

Suecia, siglo XVII. Harta de tanta guerra, la Reina Cristina se dispone a concertar un tratado de paz. Un día, mientras monta a caballo, se encuentra con el embajador español, Don José Antonio de la Prada, y se queda tan prrendada de él que se disfraza de muchacho para tratar de conocerle mejor. Su estratagema se ve coronada por el éxito y los dos traban amistad en una posada. La atracción que siente es cada vez más fuerte y, tras quitarse su disfraz, pasan juntos dos días de absoluta dicha. Aunque en la corte tiene que tratarle simplemente como a un representande de un país extranjero, siguen viéndose en secreto. Cuando su anterior amante, Magnus, descubre su relación, Cristina manda partir a Antonio. con la promesa de que, más adelante, le seguirá a España. La Reina Abdica, pero Antonio muere en un duelo con Magnus. Cristina toma su cuerpo y embarca hacia un exilio en soledad.





Para escapar de la rigidez de palacio, la reina Cristina de Suecia cabalga hacia el campo disfrazada de chico. Allí conoce y se enamora secretamente de un gallardo español enviado a la corte real. Imagine la grata sorpresa de este enviado cuando debe compartir cama con el ¿joven noble? en una posada atestada. Greta Garbo nos brinda una brillante interpretación en este lujoso largometraje de época, compartiendo reparto con su novio fuera de pantalla John Gilbert y dirigido por Rouben Mamoulinan. ¿Ha sido tan fascinante ser una mujer y no una reina. Sólo una mujer en los brazos de un hombre?, Cristina le revela a su amante cuando su verdadera identidad es descubierta. Pero ella sabe que su pueblo no aceptara un matrimonio con un extranjero. Desgarrada entre su deber y su corazón, debe tomar una decisiva decisión.


Durante la guerra de los Treinta Años muere, en la batalla de Lutzen, el rey Gustavo Adolfo de Suecia, heredando el trono su hija Cristina, niña de corta edad. Obligada a una infancia y juventud envueltas en graves problemas de Estado, Cristina ha hecho de su vida una entrega total a la corona. Renunció al matrimonio con el principe Carlos Gustavo, héroe nacional y pretendiente preferido por todos. Pero Cristina va a enamorarse profundamente de un hombre: el embajador español conde de Pimentel, enviado del Rey español a la Corte sueca.
La historia
La reina Cristina de Suecia se convirtió hace 350 años en uno de los pocos monarcas que abdicaron para entregarse a su verdadera pasión, el arte, y a la religión que le dictaba su conciencia, el catolicismo. Celosa de su independencia y con una fuerte espiritualidad, su figura brilla con luz propia. Hija de Gustavo Adolfo II, fue una de las personalidades más sobresalientes de su época. Un personaje rebelde, original y, en muchos aspectos, misterioso. No sólo ocupó el trono de un poderoso país, sino que llamó la atención en todo cuanto hizo en la vida. La denominaron la Minerva del Norte por su amor a la cultura, las ciencias y las artes y convirtió su Corte en uno de los focos intelectuales más sobresalientes de mediados del siglo XVII. No menos llamativa fue su conversión al catolicismo y, sobre todo, su abdicación, cuando sólo contaba veintiocho años de edad. Su corte en Roma, donde vivió hasta su muerte, en 1689, fue emporio de las Bellas Artes. Su fantástica colección de esculturas reunió más de un centenar de piezas, parte de las cuales fueron compradas por Felipe V e Isabel de Farnesio.