Director: Jean Vigo. Francia. 1934. B/N
Intérpretes: Michel Simon, Dita Parlo, Dean Daste

Jean, el capitán de la gabarra L’Atalante lleva a bordo de su embarcación a Juliette, la joven campesina con la que acaba de casarse. Junto con el marinero Père Jules y un joven cabinero, la pareja navega por los canales cercanos al Sena. La muchacha trata de adaptarse a la monotonía y al ambiente masculino que reina en ese entorno claustrofóbico, pero se siente muy sola cuando Jean tiene que atender a sus múltiples ocupaciones, y se pasa el día soñando con la excitante vida parisina.





El largo viaje resulta aburrido para Juliette, quien ansía conocer País, “la ciudad luz”. Finalmente, Jean cumple el deseo de su joven esposa y la lleva a París. Allí la invita a un cabaret, en donde un vendedor ambulante coquetea con la joven. Celoso, Jean abandona a Juliette y zarpa dejándola sin un centavo.

Sin embargo, la tristeza provocada por la separación será insoportable para los enamorados. Por un golpe de fortuna, Père Jules la consigue localizar. la muchacha vuelve a reunirse con un enamorado Jean y ambos reanudan el viaje.

L’Atalante es uno de esos filmes mágicos, cuya historia alrededor es tan apasionante y llena de contradicciones como la trama misma de la película. Filmada bajo condiciones climatológicas extremas, la cinta literalmente llevó a la tumba a su joven realizador, Jean Vigo, quien sucumbió víctima de una larga dolencia pulmonar tres semanas después de su estreno.
Vigo no pudo conocer el resultado final de su trabajo pues la compañía productora reeditó el material mientras el cineasta agonizaba. La fría recepción que tuvo el filme en su estreno provocó que la Gaumont eliminara más escenas del filme, incluyera una canción popular en la banda sonora y le cambiara el título a “Le Chaland qui Passe”. Estos cambios hicieron que L’Atalante desapareciera casi para siempre.
En los años 50, la revaloración de la breve pero importante obra cinematográfica de Vigo puso a L’Atalante de nueva cuenta en circulación. Sin embargo, las copias que supervivientes carecían de las escenas que dan al filme un tono casi surrealista. No fue sino hasta 1985 cuando se localizó en Londres una versión sin editar del negativo original. La reconstrucción se terminó en 1991 y así fue como, 57 años después, L’Atalante volvió a navegar, ésta vez siguiendo el rumbo marcado por su realizador.
Se ha afirmado, con bastante justicia, que L’Atalante es la cinta que más se acerca a un sueño romántico. La extraña combinación de realismo y surrealismo de sus imágenes impregna al filme con un tono onírico que permanece en la mente del espectador tiempo después de terminada la proyección. El estilo de Vigo, que bien puede calificarse como naturalismo poético, influyó decisivamente en directores de la talla de Jean Renoir y, más recientemente, Krzysztof Kieslowski. La fuerza expresiva y la naturalidad de sus imágenes hacen de L’Atalante uno de los más bellos e inolvidables filmes sobre los misterios del corazón humano, un desmesurado y excepcional himno al amor.

