KID GALAHAD

Película estrenada entre 1935-1937

Director: Michael Curtiz. 1937. EE.UU. B/N

Intérpretes: Edward G. Robinson (Nick “NIcky” Donati), Bette Davis (Louise “Fluff” Phillips”), Humphrey Bogart (Turkey Morgan), Wayne Morris (Kid Galahad), Jane Bryan (Marie Donati), Harry Carey (Silver Jackson)


Cuando un botones deja K.O. al luchador C. McGraw, el promotor Nick Dorati piensa que podrí­a llegar a ser alguien importante en el mundo del boxeo. “El niño Galahad” que es así­ como le apodan para su nuevo trabajo, no duda de la confianza de Nick, pero la novia de este se enamora de él. Mientras tanto el Niño se siente atraí­do por la hermana de su promotor, cuando Nick se entera, nada era como planeó en un principio.




La carrera de Nick Donati (Edward G. Robinson) como entrenador de boxeadores, no termina de cuajar por culpa de la disidencia de sus pupilos.

Punta de lanza de uno los subgéneros más fructí­feros en la historia del cine como es el boxeo, Kid Galahad (con sus reminiscencias artúricas) es una de las fuentes de las que bebieron después Robert Rossen, para crear Cuerpo y alma (1947), y Mark Robson para hacer lo propio con El í­dolo de barro (1949), o Más dura será la caí­da (1956).

Cuando todaví­a Bogart no era la estrella en la que un futuro se iba a convertir, e iba por detrás de los grandes nombres de entonces como Bette Davis y Edward G. Robinson; y cuando se intentaba lanzar la carrera de un desconocido como era Wayne Morris, Michael Curtiz, antes de adentrarse en una de sus creaciones más populares, Robí­n de los bosques (1938), rueda un estupendo drama cargado de un ritmo muy vivo.

La situación cambiará, sin embargo, cuando acepta la sugerencia de su novia Fluff (Bette Davis) de contratar a un inexperto y atractivo camarero (Wayne Morris) para que suba al cuadrilátero.

Curtiz, siguiendo el guión escrito por Seton I. Miller, quien adaptó a su vez un relato publicado en el tantas veces inspirador cinematográfico “Saturday Evening Post”, diseñó de manera muy eficiente unas magní­ficas escenas de los combates y llamativas secuencias, como la de la fiesta de Robinson, en la que metiendo a muchos personajes en el estudio decide hacer barridos de travelling de una lado a otro de la supuesta estancia con estudiados movimientos de los actores.

Independientemente de las ya conocidas pullas de la Davis a sus partenaires (“A las chicas de la Warner nos repugnaba besar sus gordos labios granate”, a propósito de Robinson) o del amor propio de Bogart por crecer en la profesión; Kid Galahad, como se ha comentado, ha sido uno de los precedentes ilustres en la recreación de vidas surgidas de la pobreza y encumbradas a los altares pugilí­sticos y, sobre todo, de situaciones de las que muchos se beneficiaron honrada o deshonradamente.


 


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