ALEXANDER NEVSKY (Alexandr Nevsky)

Película estrenada entre 1938-1939

Director: Sergei M. Eisenstein-Dmitri Vasilyev. 1938. Unión Soviética. Banda musical compuesta por Sergei Prokofiev. Silente. B/N
Intérpretes: Nikolai Cherkasov

La gran epopeya popular, la ópera cinematográfica
Alexander Nevsky se filma en el verano de 1938. Con la II Guerra Mundial a las puertas, Stalin ultima un pacto de no agresión con Hitler. En realidad, lo que hace es nadar y guardar su ropa. Paralelamente a estas acciones políticas, Stalin prepara psicológicamente al pueblo soviético para la guerra que se avecinaba.
Mientras tanto, otras consignas se propagan por las tierras rusas. Por un lado, el líder procura su deificación, busca convertirse en el hombre fuerte, en el referente a seguir por el pueblo. Y por otro, se precisan y robustecen las directrices estéticas del llamado “realismo socialista”.
Con estas premisas, es imposible disociar lo exclusivamente cinematográfico del proyecto con el encargo político. Sergei M. Eisentein, formado en las filas de la vanguardia soviética, tuvo que doblegarse -al menos en apariencia- a los mandatos de la cúpula del poder soviético. Desde su regreso de México, Eisenstein no había tenido la oportunidad de filmar un largometraje en la Unión Soviética y, por lo tanto, debía andarse con pies de plomo.
Sin embargo, en esos casi ocho años de parón creativo, el cineasta trabajó en la formulación de sus teorías del montaje cinematográfico, influenciado por sus contactos con directores extranjeros y enardecido por los nuevos horizontes que abría la llegada del cine sonoro. Eisenstein tenía que enfocar el proyecto de Alexander Nevski con enorme cuidado ya que había pasado a ser una persona non grata para el aparato político. Tras ser obligado a realizar un ejercicio de cierta autocrítica ante el partido, el autor de El acorazado Potemkin concibió el proyecto encomendado como una película de exaltación patriótica del pueblo soviético, sin entrar en ningún tipo de crítica interna. Así, Eisenstein proponía una epopeya popular destinada a despertar en las masas soviéticas un sentimiento patriótico contra la amenaza de la Alemania de Hitler. Planteó Alexander Nevsky como un gran película épica, como un gran espectáculo dirigido al mayor número de espectadores posible. En el sustrato de la narración era fácil adivinar el intento de concienciar a las masas sobre la necesidad de defender el país ante la posibilidad de una invasión por parte de huestes extranjeras. De este modo, satisfacía por igual la necesidades políticas y las creativas.
Oportunamente estrenada en 1938, Alexander Nevsky ejerció una gran influencia durante la guerra, llegándose a instaurar, incluso, la “Orden de Alexander Nevsky” para los héroes combatientes.
Vayamos con la anécdota de la película. En la segunda mitad del siglo XIII, los caballeros teutones invaden Rusia. Algunos traidores, como el alcalde Pskow, les ayudan. No obstante, el pueblo de Novgorod se convierte en el centro de la resistencia al que, poco a poco, se van uniendo gente y otras poblaciones. El príncipe Nevski será el jefe y el héroe al que seguir, por quien luchar y por quien morir.




La película fortaleció su carácter propagandístico. Eisenstein convirtió a los teutones en la auténtica encarnación de lo depravado, adornando a los guerreros con cascos de cuernos y símbolos de maldad. En contrapartida, los soldados rusos combatían a cara descubierta, mostrando sus rasgos candorosos y positivos. Lo que en manos de cualquier otro, no daría más pie que a la creación de un burdo relato maniqueísta y panfletario, en Eisenstein se acabó por convertir en una auténtica elección estética.
En Alexander Nevsky, la adaptación didáctica a las consignas del poder fue demolida por la originalidad y fuerte empaque de las imágenes, por el ritmo del montaje y por el planteamiento del suceso narrado. Si el proyecto buscaba equiparar las personalidades del príncipe Nevsky y Stalin, de cara a obtener las más altas cotas de gloria para el líder soviético, la película desmentía de manera sutil el portentoso concepto del líder. La película recoge, fundamentalmente, el episodio de la batalla del helado lago Chund. En las geniales secuencias de la batalla, la figura del caudillo se desdibuja para dejar paso a la exaltación de los valores más puros y enaltecidos del pueblo resistente.
Es por ello, que la cinta no gustó a los burócratas. Cuando Alexander Nevsky era proyectada en las plazas, en las fábricas, en los cuarteles o en el frente, las ovaciones acostumbraban a aparecer en las escenas en las que el príncipe Nevsky quedaba en un segundo plano para regalarle todo el protagonismo al personaje-colectivo. Los rasgos psicológicos y de carácter del príncipe ruso están generalizados a lo largo de todo el filme, con lo que la noción de conjunto es lo que predomina en el espectador. Subrayo el modo refinado y sutil en el que Eisenstein lleva a cabo esta operación, ya que la renuncia a lo colectivo y la aceptación de un guión previo que obviase cualquier tipo de experimentación formal, a favor de una representación de la realidad que denotase su carácter dialéctico y revolucionario, eran concesiones que el cineasta soviético tuvo que acatar para encajar en los postulados del realismo socialista. De este modo, una vez vista la película con el suficiente distanciamiento temporal, queda expuesto con total claridad que el Eisenstein marxista y políticamente revolucionario se daba la mano con el Eisenstein formalista, creador e innovador, desde el punto de vista estético y del lenguaje cinematográfico.
Alexander Nevsky fue la primera película sonora de Eisenstein. El director quiso experimentar las teorías que había formulado sobre la relación entre la música y la imagen. Buscaba la unidad perfecta entre el fondo y la forma. Para él, el montaje debía conseguir unir orgánicamente sonido e imagen a través de la sincronización interna entre ambos factores. Así, Eisenstein concibió sus postulados realizando Alexander Nevsky como una ópera cinematográfica fundamentada entre el contrapunto entre la banda sonora y las imágenes, adecuadamente montadas. Así, la banda sonora de Prokofiev era compuesta a medida que éste veía las escenas -generalmente sin montar- rodadas por Eisenstein. Esta concepción simultánea de la música y las imágenes logró que cada escena tuviera un ritmo. Eisenstein cortaba y unía los planos según el ritmo de la música propuesta por Prokofiev.
Hoy en día, no cabe ninguna duda, hay que considerar Alexander Nevsky como una lección de cine. Su visionado sigue ofreciendo las más altas gratificaciones estéticas. En base a planos generales y medios, la sencillez de la anécdota queda sobrepasada por el excelente tratamiento cinematográfico de Eisenstein. En la retina del espectador queda impreso el barroquismo de las imágenes captadas por Tisse, el habitual cámara del director, el matrimonio de las notas creadas por Prokofiev y los bellos planos del filme, dejando el poso que tan sólo puede depositar una de las obras cumbres de la Historia del Cine.


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina