LA DILIGENCIA (Stagecoach)

Película estrenada entre 1938-1939

Director: John Ford. 1939. EE.UU. B/N

Intérpretes: Claire Trevor, John Wayne, Andy Devine, John Carradine, Thomas Mitchell, George Bancroft, Tim Holt


La diligencia fue un punto y aparte en el cine del oeste porque tuvo una complejidad diferente. John Ford no sólo hace una pelí­cula del oeste, sino que retrata a unas personas encerradas de diferentes estratos sociales y hace una crí­tica de la sociedad del momento, el cowboy vengativo, el borracho, la puta, el banquero ladrón, el jugador y la mujer del militar.

Esta pelí­cula revolucionó el género del “western”, encumbró a John Wayne al estrellato y generó la asociación “Wayne-Ford” que tantas y tan buenas pelí­culas reportarí­a al cine hollywoodiense y al universal.

Con una rica caracterización de los personajes, un ritmo bien acompasado, y la primera aparición del increí­ble “set de Monument Valley”, probablemente pueda decirse que La diligencia es el primer “western” moderno.

Narra el viaje de la diligencia entre Tonto y Lordsburg, dos pequeñas ciudades cercanas a la frontera con Méjico y asediadas por la presencia de los apaches, con el temible Gerónimo a la cabeza. La historia tiene lugar a finales del siglo XIX en pleno desierto de Arizona. La diligencia tiene seis ocupantes a los que se deben sumar el conductor de la diligencia, un escolta y un joven prófugo de la justicia que se une a mitad de camino. En total nueve personajes, muy bien caracterizados, y que vienen a representar una muestra, reflejo de la sociedad. El sheriff y el prófugo; el jugador de cartas y el banquero; el médico borrachí­n y el tí­mido viajante de whisky; la dama y la chica de mala reputación; y finalmente, el conductor de la diligencia, un gordiflón de buen corazón








La diligencia no es tan sólo una gran pelí­cula de acción, sino que es una clara crí­tica a las diferencias sociales. Ford -gracias a la colaboración inestimable de Dudley Nichols, Oscar al mejor guión por El delator, también de John Ford-, consigue acompasar la aventura con el mensaje; la forma con el contenido. En muchas ocasiones pone en boca del simpático personaje Doc Boone palabras que atentan contra lo “polí­ticamente correcto”. Y acaba consiguiendo al fin, que las personas socialmente marginadas demuestren un valor y un coraje superior al de las supuestas personas de bien, descubriendo que tienen tantos derechos como éstas…

Ciertamente, John Ford -al igual que muchos directores de entoces, como Frank Capra- era un maestro en humanidad. En sus pelí­culas realmente lo que destacan son las personas y es en ellas donde se centra siempre la cuestión. La diligencia hizo subir muchos puntos la reputación de Ford, y le valió una nominación al Oscar.

Thomas Mitchell ganó el Oscar a mejor actor secundario, por su inolvidable doctor Josiah Boone, un médico borrachí­n, pero con gran corazón y buen conocedor del ser humano.

Además del Oscar de Mitchell, La diligencia fue premiada con un segundo Oscar al acompañamiento musical, debido a la interesante recopilación de canciones clásicas del folklore americano.

Técnicamente también novedades: dos travellings en el desierto de Nuevo México desde la diligencia hasta Jerónimo que se ve encima de las montañas, también lo lleva a escenas de interior de la diligencia desde la cara de la mujer del militar hasta el jugador con la pistola. Tambien carrera de los caballos y escenas en contrapicado. Utilización de las sombras por influencia del cine vanguardista alemán, muchos primerí­simos primer plano de John Wayne.

Finalmente, es justo hablar de la aparición en escena de el que serí­a llamado “El Duque”, el número uno. Aunque la estrella en los tí­tulos de crédito era Claire Trevor, en el filme es John Wayne el que más brilla. Experto cowboy y estrella de numerosas pelí­culas de serie B, el director John Ford le descubrió para La diligencia. Supo sacar de él todas sus cualidades y convertirle en el mí­tico “Ringo Kid”,
ese
joven pistolero que busca la venganza por las muertes de su padre y de su hermano. Hay que mencionar también a Yakima Canutt, doble de John Wayne, que vení­a acompañándole en un sinfí­n de pelí­culas.

Ni la nueva versión realizada en 1966 por Gordon Douglas, ni la adaptación televisiva de Ted Post en 1986 consiguieron hacer la más mí­nima sombra al original de 1939 de John Ford.


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