EL BAZAR DE LAS SORPRESAS (The Shop Around The Corner)

Película estrenada entre 1940-1942

Director: Ernst Lubitsch. EE.UU. 1940. B/N
Intérpretes: Margaret Sullavan, James Stewart, Frank Morgan, Joseph Schildkraut, Sara Haden, Felix Bressart, William Tracy, Inez Courtney, Sarah Edwards

Alfred Kralik es el tímido jefe de vendedores de Matuschek y Compañía, una tienda de Budapest. Todas las mañanas, los empleados esperan juntos la llegada de su jefe, Hugo Matuschek. Alfred respondió a un anuncio del periódico y tiene un romance por carta. Matuschek contrata a Klara Novak contra los deseos de Alfred. En el trabajo, Alfred y Klara discuten constantemente, sin sospechar que Klara es la corresponsal secreta de Alfred.


La película nos presenta la historia de una muchacha, Klara, que trabaja como dependienta en un bazar de Budapest, y mantiene en secreto un romance por correspondencia con un hombre al que no conoce. Este desconocido resulta ser el jefe de personal de la tienda, Alfred, con quien sostiene una relación bastante mala. Una gran cantidad de malentendidos dará como resultado una solución para ambos en la noche de Navidad. James Stewart y Margaret Sullavan son los dos empleados del bazar del señor Matuscheck en Budapest. El filme contiene también una serie de historias secundarias, de entre las que conviene destacar la infidelidad de la señora Matuscheck. Ernst Lubitsch aborda el tema del adulterio con gran trascendencia, distanciándose de anteriores trabajos en que lo trataba de un modo más humorístico y banal.


El bazar de las sorpresas se basa en una obra teatral de Nicolaus Laszlo y fue adaptada a la gran pantalla por Samson Raphaelson. Ernst Lubitsch, maestro en el arte de la comedia, siempre introdujo como distintivo de sus obras la ironía de sus diálogos y la profunda crítica a las convenciones sociales. Fue lo que se dio en llamar el sello Lubitsch. No en vano, es considerado el auténtico maestro de Billy Wilder, quien llegó a afirmar de él que “Lubitsch dice más cosas con una puerta cerrada que la mayoría de los directores actuales con una bragueta abierta”.
Lubitsch centra esta vez su historia en la gente cotidiana, la de la calle, abandonado lo sofisticado de personajes de anteriores obras. La película es tremendamente divertida, con un ágil desarrollo de la acción, y magníficamente interpretada, no sólo por la pareja principal, sino también por unos secundarios que no le van a la zaga. James Stewart comenzaba a consagrarse en la época como uno de los más grandes actores americanos. Margaret Sullavan, es recordada por su matrimonio con Henry Fonda y por este trabajo, su papel más valorado. La actriz tuvo un trágico final, puesto que se suicidó en 1960 por temor a que una sordera le obligase a renunciar a su arte.
Ernst Lubitsch era el padre de toda una generación de directores judíos que fueron llegando desde diferentes partes de Europa como William Wyler, Otto Preminger, Billy Wilder… a los que fue sistemáticamente dando oportunidades y consiguiendo que el cine norteamericano se desarrollara de forma envidiable gracias a él. Por supuesto en su funeral acudieron casi todos los directores más famosos de Hollywood de los que muchos debían casi todo a Lubitsch.
Y uno de los ejemplos más evidentes es El bazar de las sorpresas, una de sus películas más aplaudidas, y donde nos encontramos con una obra adelantada a su tiempo y una buena comedia romántica pero nada más. Ser muy sofisticado no significa ser extraordinario. No me cabe duda que si Lubitsch viviese hoy haría cine Dogma 95.
Hay que agradecer que respetase que la acción transcurriese en Budapest, tal y como ocurría en el texto original de 1937 del húngaro Miklós László, pero en realidad en una película de estudio como esta poco importa y lo que nos enseña del país magiar es nulo. Nunca me ha gustado que se trasladen los hechos a una ciudad lejana simplemente por esnobismo (quizá fue por los derechos, no lo sé), si se hace debe de intentar ofrecerse algo más que simples rótulos en húngaro y nombres magiares, porque el resto es puramente americano.
Es verdad que ese famoso “toque Lubitsch” está presente en la cinta, aunque como no es un director que me apasione tampoco es que me vuelva loco por ello. Quería destaca eso sí la vigencia de esta película, al fin y al cabo hoy con Internet esta historia pasa todos los días. La gente se enamora de letras que alguien escribe al otro lado del monitor y resulta que no se fijan a quien tenemos a nuestro alrededor.
Pero lo esencial es que no puede considerarse ni de lejos una de las grandes comedias románticas de ese tiempo entre otras cosas porque hace falta dos protagonistas de primera fila, y si James Stewart, cumple a la perfección, no así Margaret Sullavan que no da la réplica en ningún momento y que demuestra por qué no fue una grande del cine y su vigencia fue tan corta.
Película agradable aunque como muchas de la época sobrestimada y que demuestra que Ernst Lubitsch fue un hombre con estrella; no tuvo que contar que se fue de Alemania por los nazis como otros, porque este se fue mucho antes -en 1923- por dinero y de la mano de la actriz y fundadora de la United Artist Mary Pickford, vamos que antes de que pusiera un pie en EE.UU ya tenía firmado un contrato millonario…igual que otros.


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