Director: Ludwig Berger-Michael Power. 1940. G.B. Color
Intérpretes: Conraid Veidt, Sabu, June Duprez, John Justin, Rex Ingram

El maléfico y ambicioso visir (Veidt) usurpa el trono de Bagdad al rey (Malleson) y ciegae al príncipe (Justin) y transforma en perro a Abu (Sabu) pretendiendo casarse con la princesa (Duprez). Pero con la ayuda de un colosal genio (Ingram) y de una alfombra mágica los héroes podrán coartar el dominio vil del visir. Bello ejemplo de buen gusto para narrar una historia de aventuras exóticas.

Ahmed, trepa hasta el palacio del califa con la intención de hacerse con un gran botín, pero allí descubre a la princesa y se enamora de ella. Poco después, un augurio anuncia que el primer pretendiente que toque el rosal del patio del palacio será el esposo de la princesa.
El principe Ahmed es el verdadero rey de Bagdad pero ha sido expulsado como un vagabundo. Ahora es prisionero del malvado Jaffar y está encerrado en una mazmorra con Abu, el mejor ladrón de Bagdad juntos escapan y embarcan en una gran aventura con un genio en una laámpara, un caballo mecánico volador, una joya mágica, una alfombra voladora y una bella princesa…
En fin, fantasías árabes con el eterno relato del joven nativo que escapa del gran Sultán de Bagdad y entra de lleno en un mundo de leyendas, princesas y magias.

La exótica arquitectura oriental, y los imaginativos mundos de fantasía, sirven como fondo para ésta aventura del inmortal Douglas Fairbanks (actor de especialidad: espadachín y aventurero), aquí es un ladrón que corteja a una princesa. Con buenisimos trucos o tempranos efectos especiales de los años veinte, como por ejemplo: una multitud surgiendo de una bocanada de humo, o de puro ilusionismo cinematográfico (la alfombra voladora), convierten a ésta en un generoso deleite visual. Existen varias versiones posteriores, siempre tomadas de “Las mil y Una Noches”.
En El ladrón de Bagdad, se aplica por primera vez el procedimiento “Travelling-mate”, descubierto por Frank D. Williams en 1918.

El ladrón de Bagdad es uno de esos títulos que ha dado una gran variedad de películas a lo largo del tiempo, evidentemente todas ellas tienen un argumento base común, pero sin embargo son muy distintas entre sí. De entre todas ellas sobresalen por méritos propios dos títulos, por un lado la película muda de 1924 dirigida por Raoul Walsh e interpretada por Douglas Fairbanks, y por otro lado la versión que comentamos en esta ocasión, dirigida por por múltiples realizadores entre los que se encuentra el gran Michael Powell e interpretada por Conrad Veidt, Sabu, June Duprez y John Justin.
Entre esas dos grandes versiones de la película es difícil decantarse por una ya que ambas son bastante diferentes, y no me refiero a que una sea muda y la otra sonora, sino que en ambas películas tanto el ritmo como el estilo narrativo son bastante diferentes, de modo que tener las dos versiones no sólo es comprensible sino también recomendable. Para aquellos que no la hayan visto les diré que la película de 1940 tiene un ritmo mucho más intenso que la película muda, pero sin por ello perder un ápice en lo que a momentos íntimos se refiere, sobre todo en los momentos más románticos, es una película que se parece mucho más en su estructura a Simbad y la Princesa (1958, Nathan Juran), pero sin embargo es mucho más poderosa en intensa que la película de Juran. En cuanto a la película de Raoul Walsh que dura nada menos que dos horas y media, unos 50 minutos más que la de 1940, es probablemente una película más técnica (en lo que a la dirección se refiere) y que cuenta con la inestimable participación de Douglas Fairbanks, el gran actor del cine mudo de aventuras por excelencia. En fin que yo no me atrevería a destacar a una sobre la otra porque son muy diferentes por lo que sí recomiendo darle una oportunidad a las dos, y si os gustaron Simbad y la Princesa o Jason y los Argonautas, la versión de 1940 será obligada para todos vosotros, ya que siendo estilos similares las supera ampliamente tanto en intensidad como en equilibrio. El ladrón de Bagdad es una película que ha sabido dedicar el tiempo necesario a los momentos más tranquilos para que haya un contraste adecuado con los momentos más trepidantes, sin embargo las que comentaba antes son mucho más aceleradas y se pierden un poco en un ritmo excesivamente vertiginoso sin incluir los necesarios momentos para relajar un poco la tensión. Este punto sin embargo lo manejan muchísimo mejor en El ladrón de Bagdad porque ante todo es una película con efectos especiales y no tanto un conjunto de efectos especiales que conforman una película.

En una película en la que intervienen tantos directores es difícil hablar de la dirección de la película, pero lo que si podemos decir es que tiene una gran coherencia, es como si hubiese un hilo conductor y que uno de los directores se hubiese encargado de supervisar la cohesión entre las distintas escenas, dando un mismo rumbo a la película, una única dirección, de modo que la película no sufre momentos de altos y bajos en ningún pasaje de la misma. Como comenté anteriormente la película se ha filmado con una gran coherencia, incluyendo los suficientes momentos intimistas que ayuden a equilibrar un poco el ritmo tan intenso y veloz que una película tan espectacular (con tantos efectos especiales y visuales) debe tener, de hecho creo que es el gran secreto de la misma y el por qué ha salido tan redonda, ya que ha sabido aunar y cohesionar todos los elementos, teniendo como último fin el realizar una gran película y no un gran espectáculo.
Las interpretaciones son otro de los puntos clave de la película, y en este punto me permito destacar las que para mí son las mejores, por un lado la de John Justin que encarna perfectamente su papel de Ahmad, un rey destronado, condenado a vivir huyendo, pero a la vez enamorado de una bellísima princesa que interpreta también a una gran altura June Duprez, y también destacaría a un tercer actor, Conrad Veidt muy convincente en su papel de Jaffar, un poderoso y despiadado mago que usurpa el trono del verdadero rey. De hecho alguno de los mejores planos de la película tienen a Jaffar como protagonista, como por ejemplo aquellos en los que la labor fotográfica de George Perinal utilizando técnicas expresionistas con el empleo de las sombras, ayudan a ensalzar los poderes sugestivos de Jaffar sobre la mente de los demás mortales.

La música de Miklós Rózsa es otro de los factores importantes de la película porque ayuda a ambientar y situar geográficamente la película con esa música oriental que emplea. Si hay algo que caracteriza a Rózsa es precisamente eso, la capacidad que tiene para con su música transportarnos a una época, no se limita a hacer una música que suene bien (que también suena muy bien, de hecho el tema principal es sensacional) sino que su música tiene un propósito en cada una de sus películas, uno de los grandes sin lugar a dudas.
Como consideración final os diré básicamente lo que ya os dije antes, tanto si tenéis la versión silente de 1924 como si no, la película es un clásico imprescindible del cine de aventuras, es una película que no os cansaréis de ver porque es además muy entretenida, una película que puede ir bien para cualquier momento del día. Cine de un género, el fantástico, en el que hoy en día, lastimosamente, ya no se hacen películas como El ladrón de Bagdad.