Director: Stuart Heisler. 1942. EE.UU. B/N
Intérpretes: Brian Donlevy, Alan Ladd, Veronica Lake, Bonita Granville, Richard Denning, Joseph Calleia, William Bendix, Frances Gifford

Si bien es lo normal en el cine negro que la casi totalidad de las películas del género sean películas rudas y bastante rígidas, lo que sucede con La llave de cristal es todo lo contrario, sin dejar de ser una película del género sí que incluye muchos elementos que hacen de la película algo único dentro del cine negro, algo diferente, una película fresca y distendida, una película que no se olvida fácilmente.
Una cosa que se os vendrá a la cabeza a medida que vaya transcurriendo la película es: caramba, cómo me suena esto, esta película o una muy parecida me suena mucho, y era bastante más moderna. Pues sí, porque los parecidos entre La llave de cristal y la película de los hermanos Coen Muerte entre las flores son sorprendentes.
Evidentemente han cambiado algunas cosas referentes a lo que es cada personaje en la película, pero sin embargo la estructura general de la misma es clavadita. Supongo que los hermanos Coen se basarían en el mismo libro que en el caso de La llave de cristal y a partir de ahí como idea, ir realizando sus propias modificaciones (por cierto, el trabajo de los Coen bien merece la pena también, menuda maravilla de película).


“Un líder de la mafia decide apoyar a un candidato reformista en las elecciones. Su hombre de confianza piensa que esta decisión la ha tomado porque se siente atraído por la hija del político. Todo se complica cuando el hijo del candidato es asesinado y todas las sospechas van dirigidas al gángster…”.
El director de la película Stuart Heisler no es demasiado conocido hoy en día, a pesar de ello tiene en su filmografía alguna que otra película bastante aceptable, como por ejemplo Tulsa, la estrella o la película que nos ocupa ahora mismo. El final de su carrera lo dedicó a ese nuevo invento que tanto influyó en el mundo del cine, la televisión.

Uno de los protagonistas principales de la película es Alan Ladd, un caso curioso dentro del cine de Hollywood, un actor que gozó en su momento de una fama bastante considerable, no como una gran estrella pero sí muy conocido y con buenos salarios en sus películas, pero es un actor que hubiera pasado casi sin pena ni gloria de no haber participado en una de las grandes obras maestras de George Stevens, Raíces profundas (1953), básicamente es el papel por el que todo el mundo lo recuerda y gracias al que se consagró como un actor inmortal en su papel de pistolero solitario en busca de un sitio donde establecerse, pero que pese a todo y a pesar de su voluntad, no puede dejar de ser un pistolero. Quizás uno de los personajes del western más míticos de todos los tiempos sin la influencia de estar basado un personaje muy conocido en la realidad.
Respecto a Alan Ladd, uno de los aspectos que marcó su carrera y que influía mucho en él, era el gran complejo que tenía con su altura. Escasamente llegaba al metro y 65 centímetros, lo que para un mundo como el del cine en que los actores suelen ser bastante altos era un gran problema. De esta manera se valía de alzas en los zapatos o de recursos gracias a la cámara, para aparentar mayor altura, así como escoger un reparto de compañeras más pequeñas que él. Todo esto viene debido porque si os fijáis un poco en su interpretación, siempre parece muy rígido y estirado, especialmente cuando camina por la calle con alguien al lado, no parece nunca relajado, siempre está estirado para parecer un poco más alto, lo que le resta evidentemente naturalidad a su interpretación. La compañera de Alan Ladd en la película es la actriz Verónica Lake, una actriz que funcionó muy bien en la película, con un aspecto arrebatador y que hace muy creíble su personaje de inocente y a la vez perversa hija del candidato progresista. En cuanto a la mejor interpretación en la película para mí es la que realiza Brian Donlevy (Paul Madvig), el sospechoso del asesinato del hijo del candidato. Una interpretación muy natural y relajada, se nota que disfrutó en el rodaje.
La música de Victor Young también es un valor importante en la película, ayudando a crear perfectamente ese ambiente especial que caracteriza a la película.

En la película hay algunos detalles que marcan la diferencia entre una película modesta y una película mucho más ambiciosa, y no me refiero a temas referidos a la economía de la película sino más bien a detalles que más tienen que ver con tener un poco más de cuidado a la hora de filmar, detalles que para el director no parecen demasiado importantes pero que descolocan un poco al espectador, por ejemplo ese plano en el que le entregan a Alan Ladd la confesión de una persona para que la lea y casi sin mirar el papel ya sabe lo que dice la carta y es capaz de autentificar al que la escribió, cosas pequeñas como ésta, el no dedicar tres o cuatro segundos más a algo que los requiere hacen que la película no llegue a la altura de las grandes del género. Se podría pensar que mantener un plano de 5 o 6 segundos extras con alguien leyendo una carta sin hacer nada más, podría ser excesivo, pero basta con que el actor haga una mueca, una risa sarcástica o cualquier recurso que se le ocurra para llenar ese plano durante esos segundos y ya está.
Tras todo lo dicho es evidente que la película no es una de las grandes del cine negro, pero tiene muchos puntos favorables, sobretodo como mencionaba antes en la frescura y dinamismo con el que se narra la historia. Una película digna de verse, merece una oportunidad.