SER O NO SER (To be or not to be)

Película estrenada entre 1940-1942

Director: Ernst Lubitsch. 1942. EE.UU. B/N

Intérpretes: Carole Lombard, Jack Benny, Robert Stack, Felix Bressart, Lionel Atwill


II Guerra Mundial. Varsovia, durante la ocupación alemana. El profesor Siletsky, un espí­a al servicio de la Gestapo, está a punto de entregar una lista con el nombre de los colaboradores de la resistencia. Joseph Tura, actor polaco intérprete de Hamlet y esposo de Marí­a Tura, también conocida actriz, intentará solucionar esta peligrosa situación y, con la ayuda de los actores de su compañí­a, se hará pasar sucesivas veces por el cruel coronel Erhardt y por Siletsky para entrar en el cuartel general de las SS.







Se admite mayoritariamente que Ser o no ser (1942) es, junto a El gran dictador (1940, Charles Chaplin), la parodia más divertida e inspirada que ha hecho el cine acerca de Hitler y el nazismo. Sí­, porque la magní­fica La vida es bella (1997, Roberto Benigni) va por otros derroteros.

Es duro hacer humor -aunque sea sarcástico- acerca de una de las más grandes afrentas de la historia, que tanto dolor provocaron; pero el talento tanto de Chaplin como el de Lubitsch hacen de ellas pelí­culas maravillosas en las que -por el humor-, no se pierde la denuncia. Es una de las mejores muestras de humor corrosivo y chispeante que ha dado la comedia americana -y el propio Lubitsch en el conjunto de su importante carrera-.

Ernst Lubitsch trata de quitar hierro a la tremenda situación que se estaba viviendo en Europa y crear una divertida sátira sobre la polí­tica imperialista de la Alemania nazi. Lubistch la dirige con esa elegancia que en sus manos coge la farsa para darle un toque único -el famoso “toque Lubitsch- que hace que el que la vea hoy, no se sienta defraudado con la “frescura” que se transmite en el desarrollo de la pelí­cula -parece increí­ble que se haya rodado hace más de 60 años-. La pelí­cula fue exhibida en su tiempo como propaganda antinazi, atacando con sutileza todo tipo de totalitarismo ideológico y polí­tico. La crí­tica de la época no supo descubrir el significado del filme y la tacharon de banal e insensible, cuando la pelí­cula es, en esencia, una comedia de humor negro y sarcasmo que ataca con indudable violencia y firmeza a todo lo que supuso la Alemania nazi.

Jack Benny -que borda su papel de Joseph Tura, actor de teatro- y Carole Lombard -Maria Tura, también actriz de teatro y esposa de Joseph- a la cabeza, están a la altura de esta gran pelí­cula, con unos secundarios magní­ficos, que aportan el sostén a este dueto que sólo tiene una ambición: representar a Shakespeare. Además, existe una subtrama romántica en la que el actor Robert Stack -que interpreta al piloto polaco Stanislav Sobinsky que, durante el monólogo de “Hamlet” “Ser o no ser ” que representan esos actores, es presentado a la actriz Marí­a Tura, esposa del primer actor, y se enamora de ella-, es el tercer vértice del triángulo amoroso, provocando que la temática también se desví­e hacia el tema de los celos, la desconfianza y la infidelidad.

El comienzo de la pelí­cula es magistral: nos encontramos en Varsovia, capital de Polonia en Agosto de 1939, cuando Europa está en pacto todaví­a (preinicio de la II Guerra Mundial). Una compañí­a teatral promociona una obra sobre el nazismo llamada “Gestapo” y uno de sus actores (Joseph Tura) se pasea disfrazado de Hitler por las calles de Varsovia, sembrando el desconcierto en la población. Pero las presiones polí­ticas obligarán a que finalmente tengan que cambiar de obra y deciden llevar a escena un clásico: el “Hamlet” de Shakespeare. El estallido de la guerra obliga a suspender todas las funciones teatrales, mientras el grupo de actores queda bajo control alemán.

El profesor Alexander Siletsky (Stanley Ridges) es un espí­a nazi que viene de Inglaterra y que, después de conocer a Marí­a Tura, trata de convencerla para que se convierta en una espí­a nazi. El profesor consigue, mediante los coqueteos con la guapa actriz, una lista de los colaboradores de la resistencia. De esta forma, se encarga de transmitir a la Gestapo el “Fin de Resistencia”, plan decisivo para la guerra. Pero se confunde, y son los actores de la compañí­a de teatro los que le detienen e incluso lo llegan a matar.

A partir de aquí­, la genialidad de Lubitsch se muestra en el alcance que da a las secuencias. Cuando uno cree que la comicidad de la situación ya está más que agotada, un nuevo y sorprendente giro da nuevos brí­os a la historia. Joseph Tura se hace pasar por el profesor delante del Coronel de la Gestapo -no entregándole los planes de Guerra, por supuesto-. Se produce una gran confusión ya que la verdadera Gestapo descubre a Joseph Tura como responsable de la muerte del profesor y lo encierra junto a su cadáver. Tras engañar a la Gestapo haciéndose pasar por el profesor (le corta la barba al cadáver del profesor y le coloca una barba postiza, para hacerles creer que él es el verdadero y que el otro es un impostor) y ayudado por sus compañeros de la compañí­a, Joseph Tura logra no ser descubierto.

Al final, todos escapan y se van a Inglaterra a representar Hamlet, el sueño de todo actor; pero el mismo Joseph Tura no puede ni creerse que, después de todo lo que han pasado para no salir muertos de aquel lí­o, en su monólogo de “Ser o no Ser” el piloto polaco acude en busca de su queridí­sima mujer Marí­a.

En España, Ser o no ser estuvo prohibida durante 25 años (¡qué decir ya sobre el franquismo!). Su reposición en Parí­s constituyó un éxito multitudinario y se mantuvo durante dos años en cartel.

Esta magní­fica obra está considerada como una de las mejores comedias de la historia del cine. En ella se hace un gran y merecido homenaje al mundo del teatro y sus actores, no sólo en la propia trama de la pelí­cula, sino comenzando incluso con el “shakespeariano” tí­tulo.

 


 


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