Director: William A. Wellman. 1943. EE.UU. B/N
Intérpretes: Henry Fonda, Dana Andrews, Mary Beth Hughes, Anthony Quinn

Basada en hechos
reales. Un ranchero es asesinado. En respuesta la gente del pueblo detiene y, sin esperar al juicio, cuelga a un sospechoso. El único que intentó detener la ira de la gente prueba que han ejecutado a un hombre inocente…
Un espléndido alegato contra el linchamiento, a través de la historia de unos vaqueros que perecerán de esta manera sin tener relación alguna con el crimen que se les imputaba, un robo de ganado. Los motivos que impulsarán a los ciudadanos de Ox-Bow a cometer el crimen son de lo más diverso, abarcando desde el odio racista (uno de los acusados es mejicano) hasta el temor de ser inculpado en su lugar, pasando por el mero sadismo.



El poder persuasivo de las imágenes cinematográficas ha sido discutido a lo largo de este siglo en inumerables ocasiones. Ya sea como reflejo de la sociedad en la que vivimos, o como medio formador de conductas, el cine es considerado un poderoso instrumento de comunicación que mueve a la reflexión.
Uno de los temas más controversiales alrededor del cine y otros medios audiovisuales es su capacidad para materializar la violencia en imágenes. Desde la primera arma de fuego disparada frenta a una cámara hasta los más recientes despliegues de violencia televisiva, el poder de las imágenes para mostrar el lado más obscuro de nuestra conducta es innegable.
Sin embargo, no hay que olvidar que el cine es ante todo un medio que cuenta historias. Como en la vida misma, en estas historias la violencia puede hacerse presente, aún en los momentos, lugares y personas más insospechados.
Más que un filme violento, Incidente en Ox-Bow es una crónica sobre la irracionalidad de la violencia bajo circunstancias extraordinarias. Una pequeña y tranquila comunidad decide tomar justicia por sus propias manos, sin detenerse a reflexionar en las consecuencias y la legitimidad de este acto. Esta simple anécdota es suficiente para desarrollar uno de los filmes más poderosos y vigentes del western, cuyo argumento trasciende los límites de su género para insertarse en un nivel más amplio y universal.
Considerada demasiado sombría y pesimista, la novela de Tillburg Clark tardó varios años en ser llevada a la pantalla. La tenacidad del director William A. Wellman -reconocido por su capacidad para combinar drama con mensaje social- tuvo éxito cuando la productora Fox aceptó el proyecto a cambio de que Wellman dirigiera otros dos filmes. Con la ayuda del guionista Lamar Ttrotti y del estupendo fotógrafo Arthur C. Miller, Wellman logró capturar la atmósfera opresiva y trágica del relato de Tillburg Clark en tan solo 75 minutos, lo cual convierte a este filme en uno de los clásicos más breves de la historia.
Al ser estrenada, Conciencias muertas fue alabada por la crítica aunque muchos la consideraron un filme menor. La respuesta en taquilla fue menos positiva, lo que eventualmente provocó su fracaso económico. A pesar de ello, Incidente en Ox-Bow se convirtió en el filme favorito de Wellman y en uno de los orgullos de su estrella principal, Henry Fonda.
Con el paso del tiempo y la revaloración del western como un género fundamental del cine, el filme adquirió el estatus de “clásico de culto”. Aún así, sigue siendo poco conocida por el gran público. Continuará siendo una agradable sorpresa para sus nuevos espectadores, que encontrarán en ella una historia profunda, bien contada y -sobre todo-, vigente en estos tiempos nuestros en que la violencia es, por desgracia, un asunto de todos los días.
Western y Sociedad
Aunque el western ha sido caracterizado con frecuencia como un género predecible y escapista, también ha probado ser capaz de reflejar los cambios en las actitudes contemporáneas.
El vaquero de las praderas fue uno de los primeros personajes del cine en mostrar un lado obscuro y ambivalente, alejado de la perfección total típica de los héroes del celuloide. En los años 40, la imparcialidad de la justicia se verá cuestionada en filmes como La diligencia (1939, John Ford), Incidente en Ox-Bow (1943, William A. Wellman) y Río Rojo (1948, Howard Hawks). Una década después, la integridad y valentía del vaquero serán puestas en tela de juicio en filmes como Solo ante el peligro (1952, Fred Zinnemann) y El último hurra (1958, John Ford).
Los años 60, al mismo tiempo que anunciaron el agotamiento del género, impulsaron la aparición de westerns revisionistas como Pequeño gran hombre (1970, Arthur Penn) -que denunciaba el ancestral maltrato hacia los indios- y Grupo salvaje (1969, Sam Peckinpah, cuya violencia extrema reflejaba en cierto grado el clima generalizado de violencia que comenzaba a manifestarse en las calles de las ciudades estadounidenses.