PERDICIÓN (Double Indemnity)

Película estrenada entre 1943-1944

Director: Billy Wilder. 1944. EE.UU. B/N
Intérpretes: Fred MacMurray, Barbara Stanwyck, Edward G. Robinson, Porter Hall


Walter Neff, vendedor de seguros, entra herido en las oficinas de su empresa y comienza a dictar una confesión. Tras una visita a la seductora Phyllis Dietrichson, su deseo por esa mujer le llevó, primero, a redactar una póliza falsa de indemnización doble por muerte accidental a nombre de su marido y, luego, a actuar en connivencia con ella para asesinarlo. Sin embargo, Keyes, detective de la compañí­a, sospechó que se trataba de un fraude y, finalmente, creyó haber descubierto que los culpables eran Phyllis y su amante. Neff, cada vez más asqueado, decidió hacer callar para siempre a la ponzoñosa Phyllis -culpable también de la muerte de la primera esposa de Dietrichson-, pero antes de que él la matara, tuvo tiempo de dispararle. La última parte de su confesión la escucha el propio Keyes que, tras llamar a la policí­a, trata de consolar a su amigo antes de que muera.





La incursión de Billy Wilder en el género del “cine negro” trae como resultado una gran obra maestra. En ella introduce algo radicalmente nuevo: los delincuentes no son criminales profesionales, son personas normales, de clase media, arrastrada por la ambición y la pasión sexual. Igualmente radical es que sea el mejor amigo quien descubra el delito, más bien con tristeza y contra su voluntad, y nunca como un triunfo de la justicia. Estos planteamientos fueron revolucionarios y originó que el coguionista habitual de Wilder, Ch. Brackett se negara a intervenir en el guión. “Yo estaba entusiasmado con la historia. Le dí­ a Brackett el texto, quien me lo devolvió poco después, sujetándolo sólo con la punta de los dedos. Me dijo que era basura. No querí­a participar en una porquerí­a semejante, en la que todo sucede a causa de los más bajos motivos. Creo que no querí­a que su buen nombre apareciera en los créditos de una pelí­cula tan sospechosa”. Por todo ello, Wilder escribió el guión con el escritor Raymond Chandler, quien a sus 56 años nunca habí­a visto unos estudios por dentro y era un hombre maltratado por la vida y el alcohol, y un solitario amargado.

Los problemas entre ellos fueron enormes. Chandler llegó a decir: “El trabajo con Billy Wilder en Perdición fue una experiencia asesina y probablemente ha acortado mi vida, pero aprendí­ tanto de cómo se escribe un guión, tanto como soy capaz de aprender…. lo que no es mucho. Como cualquier escritor que llega a Hollywood, al principio estaba convencido de que tení­a que haber algún método que permitiera trabajar en una pelí­cula sin acabar de perder el poco talento creativo que pudiera poseerse. Como otros antes que yo, descubrí­ que perseguí­a un sueño…”. Wilder recuerda las cosas que los distanciaban y cómo de sus peleas surgió uno de los mejores guiones de la historia del cine: “Chandler no me podí­a ver…, primero estaba mi acento alemán. Segundo, yo conocí­a mejor las herramientas que tení­amos que utilizar. Y, además, yo tení­a algo: era joven y salí­a con chicas guapas. Todo esto lo hací­a volverse loco. Me miraba fijamente. Yo encarnaba todo aquello que él odiaba de Hollywood. Además, no podí­a sobreponerse al hecho de que, en lo que se referí­a al guión, yo tuviera la última palabra”.

Los problemas que Wilder tuvo que superar con Chandler se repitieron al asignar los papeles para Perdición. Barbara Stanwyck, tras algunas dudas, aceptó interpretar a una mujer tan frí­a y egoí­sta; el papel de Walter Neff fue rechazado por actores como Alan Ladd, Spercer Tracy o Gregory Peck. La elección de Fred MacMurray fue todo un acierto, según Wilder, porque “permitió al espectador la identificación con el protagonista, ya que demostraba que, a causa de su pasión por la mujer, se convierte en su instrumento”.

Cuando Hitchcock vio la pelí­cula en un preestreno telegrafió a Wilder: “Desde Perdición, las dos palabras más importantes en el mundo del cine son Billy Wilder”.











Basada en una novela de James M. Cain, la historia nos presenta a un vendedor de seguros que conoce a la esposa de un posible cliente. Esta pretende liquidar a su marido para lo que cuenta con la ayuda del vendedor, cegado por la pasión que la mujer despierta en él.

El tí­tulo tiene el merito de lo que Raymond Chandler, coguionista del filme junto a Wilder, llamó la cacerí­a, novedad consistente en que el espectador conoce a los culpables desde el comienzo y espera ansioso ver cuando se les atrapa.

Durante el rodaje hubo diferencias entre Wilder y Chandler que hicieron a éste último elevar una protesta por escrito a los estudios. Wilder reconocí­a las diferencias que habí­a entre él y Chandler: “primero estaba mi acento alemán. Segundo, yo conocí­a mejor las herramientas que tení­amos que utilizar. Y, además, yo tení­a algo: era joven y salí­a con chicas guapas. Todo esto lo hací­a volverse loco. Me miraba fijamente. Yo encarnaba todo aquello que él odiaba de Hollywood. Además, no podí­a sobreponerse al hecho de que, en lo que se referí­a al guión, yo tuviera la última palabra.”

El éxito del filme fue clamoroso y el mismí­simo Alfred Hitchcock mandó un telegrama a Wilder en el que escribí­a: “Desde Perdición, las dos palabras más importantes en el mundo del cine son Billy Wilder”.


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