Director: Robert Siodmak. 1946. EE.UU. B/N
Intérpretes: Olivia de Havilland, Lew Ayres, Thomas Mitchell, Richard Long, Charles Evans, Garry Owen, Lela Bliss, Lester Allen

Un médico ha sido asesinado en su domicilio, y las culpas recaen sobre dos hermanas gemelas, Terry y Ruth Collins (Olivia De Havilland en un doble papel), que parecían estar relacionadas sentimentalmente con la víctima. Pero ¿cuál de ellas lo hizo? Un psicoanalista atraído por las gemelas (Lew Ayres) y un inspector de policía (Thomas Mitchell) se encargarán de resolver el difícil caso.



Excelente muestra de cine negro perteneciente a la llamada “corriente psicoanalítica” de los años 40 -que aportó al género títulos tan interesantes como Recuerda (1945), Cartas a mi amada (1944), o El extraño amor de Martha Ivers (1946), entre otros- en el que la típica intriga policíaca se complica aún más al ofrecer al espectador dos presuntas homicidas en lugar de una.
Siodmak nos regala 90 minutos del mejor suspense, enriqueciendo la intrincada historia con moderadas dosis de romanticismo y asequibles gotas de psicoanálisis.
Entre tests de Roschard y asociaciones de palabras, las imágenes en canónico blanco y negro (alejadas del barroquismo de La escalera de caracol (1946), también de Siodmak) fotografiadas por Milton Krasner dejan entrever su elaborado entramado, en el que la insigne Olivia de Havilland despliega sus notables recursos dramáticos para crear dos personajes idénticos físicamente pero anímicamente y mentalmente opuestos, y en el que tanto Ayres como Mitchell bordan sus respectivos papeles de afable psiquiatra y policía filosófico.
El suspense está perfectamente logrado, gracias a las continuas trampas que Siodmak y su guionista Nunnally Johnson nos tienden sobre la identidad de las protagonistas, y al claustrofóbico decorado del apartamento de las hermanas, principal escenario del film, donde las luces y sombras de la psique son diseccionadas por un auténtico especialista en el género.
Absorbente intriga en tono a dos gemelas univitelinas
Se basa en un argumento del periodista Vladimir Pozner. Ganó el Oscar al mejor argumento original.
La acción tiene lugar en Hollywood, en 1946, a lo largo de unos 2 meses. Narra la historia de dos hermanas gemelas univitelinas, Ruth y Terry Collins (Olivia de Havilland), sobre una de las cuales recaen sospechas de ser la autora del asesinato de un médico. El teniente de la policía Stevenson (Thomas Mitchell) se ve incapaz de determinar sobre cuál de las dos hermanas recaen las sospechas, dado su alto nivel de semejanza física. Por ello reclama la ayuda de Scott Elliot (Lew Ayres), psicoanalista. Durante su trabajo se enamora de Ruth, dulce y equilibrada, y descubre que Terry padece un trastorno psicótico.
La película se enmarca en la corriente del cine de psicoanálisis, que floreció en EE.UU. en la década de los 40 del siglo pasado. En él destaca Recuerda (1945), de Hitchcock. La película es una obra que aúna suspense, crímenes y “thriller”, que se apoya en los misterios de las relaciones de apoyo mutuo de dos gemelas prácticamente idénticas, las dificultades que impiden su identificación por los rasgos físicos (cuando no hay huellas dactilares disponibles), la imprevisibilidad de controlar la conducta paranoica de una de ellas y el juego de simulaciones y mentiras en el que se recrean las dos interesadas. El piscoanalista ha de trabajar contrarreloj porque, al haberse enamorado de una de ellas, corre peligro de ser asesinado. Las referencias psicoanalíticas son correctas y comprensibles, incluyen el análisis mediante el test de las manchas de tinta de Rochard, actualmente aún en uso. Es una de las películas más recordadas y emblemáticas de gemelas idénticas, entre las que cabría citar Tú a Boston y yo a California (1961), Gemelas (2002) y otras.
La música, de Dmitri Tiomkin, orquestal, ampulosa y solemne, subraya los momentos de intriga y tensión, con bajos profundos y variaciones inquietantes. La fotografía, de Milton Krasner se ajusta a una estética de influencia expresionista, usa encuadres oblicuos, sombras siniestras e imágenes reflejadas en espejos (que explican el título del filme en español). El guión es uno de los primeros en tratar con rigor el tema del psicoanálisis. Contiene algunos puntos de inverosimilitud y de dureza narrativa, como la caracterización de Ruth como la buena y Terry como la mala. La doble interpretación de Olivia de Havilland, en uno de sus pocos papeles estelares de gran relieve dramático, es excelente. La dirección crea una historia intensa, de buen nivel, aunque algo inferior a otras de las que firmó, como Forajidos (1946) y El abrazo de la muerte (1948).
Película de suspense absorbente, excelente música, gran fotografía y sobresaliente interpretación.