Dirección: Michael Curtiz. 1945. EE.UU. B/N
Intérpretes: Joan Crawford (Mildred Pierce Beragon), Jack Carson (Wally Fay), Zachary Scott (Monte Beragon), Eve Arden (Ida Corwin), Ann Blyth (Veda Pierce Forrester), Bruce Bennett (Albert “Bert” Pierce, Jo Ann Marlowe (Kay Pierce)

Todo lo que Veda desea, su madre (Mildred Pierce) se lo da. Incluso si debe poner fin a su matrimonio de clase media, intentar ascender en un mundo empresarial dominado por los hombres, y casarse con un hombre rico a quien no ama. Haré cualquier cosa, afirma Mildred cuando explica el amor que siente por su hija. ¿Pero cualquier cosa incluye el asesinato? Basada en una novela de James M. Cain (“El cartero siempre llama dos veces”, “Perdición”), Alma en suplicio es un misterio de asesinato clásico, una elegante película de cine negro narrado desde el punto de vista de una mujer. La interpretación que hizo Joan Crawford del personaje de Mildred puso fin a una crisis de dos años en su carrera, ganó el premio de la Academia a la mejor actriz, y revitalizó su carrera. Justo cuando empieza a entenderse esta historia, que fue nominada a cinco Oscars más, entre ellos el de mejor película, surge un final con un giro inesperado.










Basado en la novela homónima de James M. Cain, escrita en 1941, está localizada en Los Angeles de los años 30. Mildred Pierce (Joan Crawford) es una madre de clase media que intenta a cualquier precio subir en el escalafón social con su familia durante la Gran Depresión económica. Desesperada, con su marido desempleado y perezoso y preocupada por sus descendientes ganancias, se separa de él y sale con sus dos hijas, Veda y Kay a buscarse la vida. Tras mucho buscar en la lista del paro, por fin encuentra un trabajo como camarera, aunque sienta que no es acorde con su posición social (por lo menos la que ella desea), por lo que se lo esconde a su orgullosa hija Veda. Entre tanto su ex-marido le confiesa que la engañaba y su hija Ray muere de neumonía. Ésta está encantada con su nueva posición económica, lo que no le impide humillar a su madre cuando descubre que es camarera. Sin embargo, sigue demandando cada vez más dinero para llevar su tren de vida, así que Mildred se ve obligada a comprar (con un acuerdo flexible de plazos) un local cuyo propietario es Monte, un empobrecido noble de origen español que se enamora de Mildred (o eso parece). Con ayuda de un inmobiliario amigo (Wally Fay) y de una amiga camarera de Midred, el negocio es un éxito y su nivel de vida sube extraordinariamente. Con el tiempo se casa con Monty y su vida parece ir viento en popa. Pero poco después, su hija le confiesa que desprecia su trabajo, y que Monty realmente la quiere a ella. Su madre la echa de su casa. Mildred se decide a dar un viaje de varios meses, y cuando vuelve descubre que su hija está trabajando como bailarina y cantante en un vodevil. Su amor por ella hace que la rescate aun sacrificando su propia felicidad. Y es en este punto cuando comienza el lío de la trama, que contaré de modo lineal para ayor entendimiento: Veda le pide a Monte que abandone a su madre y que se vaya con ella, pero él la dice que ella era sólo un entretenimiento y en un ataque de furia lo mata. Veda pide ayuda a su madre, que de nuevo interpone la felicidad de su hija a la suya propia, y engaña al bueno de Wally para que sea acusado del asesinato. Cuando la llaman a declarar, cuenta su historia en forma de “flashback” y tras un buen rato consiguen que confiese. Ya liberado de su hija, su primer marido, Bert, a pesar de haberse casado con otra (con la que engañaba a Mildred y que fue la que se ocupó de Kay cuando murió de neumonía.) viene a buscarla.

Todo lo que Veda desea, su madre se lo da. Incluso si debe poner fin a su matrimonio de clase media, e intentar ascender en un mundo empresarial dominado por los hombres, casándose con un hombre rico a quien no ama.
Alma en suplicio es un característico film norteamericano de mediados de los cuarenta, en cuanto asienta sus bases sobre una sobria historia melodramática con una cierta influencia negra. La trama narrada a modo de un largo flashback nos introduce en la vida de Mieldred, una mujer capaz de cualquier cosa con tal de satisfacer los caprichos de su hija Veda, una joven malcriada, extremadamente caprichosa que engloba en cierto modo el papel de mujer fatal. En este sentido, la película acopia la mayoría de los rasgos propios del cine negro: ambiente denso, dualidad, personajes conducidos hacia un final trágico, retrato de una sociedad corrupta y afectada por la todavía reciente guerra mundial Como apunte cabe decir que la historia crítica el esteriotipo de vida que siguen los jóvenes de las clases altas y deja a los personajes masculinos no muy bien parados por lo general.
La estética ofrecida por Alma en suplicio en las secuencias iniciales y finales obedece a los cánones del cine negro más clásico, con fuerte contraste de luces y sombras en la fotografía (Ernest Haller), y espacios nocturnos que crean la atmósfera acertada. Por el contrario durante el resto de la historia hay un tratamiento mucho más realista, adecuado para el tono semidocumental de la biografía de Mildred Pierce. El reparto encabezado por la mítica Joan Crawford, lleva a cabo un excelente trabajo, en especial Ann Blyth que se mete de lleno en su papel de joven caprichosa y malcriada. La banda sonora de MaxSteiner suena con fuerza, incrementado a las mil maravillas el carácter dramático del argumento.
Interesante largometraje negro; con una profunda reflexión de cómo la mala educación familiar puede afectar verdaderamente a la formación de una persona, en este caso una mujer.
Adaptación de la novela “Mildred Pierce” (1941), de James M. Cain, inspirada en el mito de Medea. Dirigida por Michael Curtiz, se rodó en exteriores de Hollywood y en los estudios Warner. Dispuso de un presupuesto estimado en un millón de dólares. Ganó un Oscar (actriz principal).
La acción tiene lugar en Santa Mónica (California) entre 1940 y 1944. Narra la historia de Mildred (Joan Crawford), felizmente casada con Albert “Bert” Pierce (Bruce Bennett). Son padres de dos hijas, Veda (Ann Blyth) y Kay (Jo Ann Marlowe). Veda, la mayor, es presumida, vanidosa y caprichosa. Su madre está dispuesta a cualquier sacrificio para complacerla, sobre todo a partir de la muerte por viriasis de la pequeña Kay.
La película muestra la conducta obsesiva de Mildred, encaminada a dar satisfacción a todos los caprichos de Veda. A tal fin toma decisiones no meditadas, se pone a trabajar y levanta una cadena de restaurantes. Una tensión interior compulsiva mueve el comportamiento de Mildred, que se desarrolla en un clima creciente de riesgo, descontrol, estrés, presiones y gastos insoportables. La irresponsabilidad del segundo marido y su debilidad ante él, la sumergen en una situación angustiosa llena de graves peligros. La narración dramática, bien construída y conducida por Curtiz con maestría, crea un crescendo largo y sobrecogedor, de gran fuerza cinematográfica. La obra muestra la capacidad de la mujer para triunfar en el mundo de los negocios, pero establece, en un giro inesperado, que no debe dedicarse a ellos y que las madres han de trabajar en el hogar. Es una lástima que al único personaje de color (Butterfly McQueen) le corresponda un papel de chica tonta, supuestamente cómico.
La música, de Max Steiner, acompaña con brío y generosidad gran parte de la obra. Con una orquesta en la que predomina el metal, amplía y engrandece el dramatismo de la acción. La fotografía enriquece las imágenes con un uso brillante del claroscuro, proyecta sombras muy efectistas, sitúa personajes en la penumbra y a contraluz e ilumina los escenarios con sombras que crean dibujos de gran belleza plástica. El guión comprime la obra original, suprime elementos superfluos y cambia su ubicación y su referencia temporal. Da al metraje la extensión adecuada (107′) para que la acción sea intensa y absorbente sin desfallecimientos. La interpretación de Joan Crawford es soberbia y deslumbrante. Llena la pantalla de magnetismo y seducción. El director construye una de sus mejores obras.
Primera película de Joan Crawford al servicio de la Warner, tras la finalización del contrato con la Metro. Uno de los mejores melodramas de los años 40, pese a algunos anacronismos.