Director: David Lean. 1945. G.B. B/N
Intérpretes: Celia Johnson (Laura Jesson), Trevor Howard (Dr. Alec Harvey), Stanley Holloway (Albert Godby), Joyce Carey (Myrtle Bagot), Cyril Raymond (Fred Jesson)

Breve encuento
es una joya cinematográfica del cine inglés. Una película romántica que nos cuenta una historia doméstica, sencilla, corriente.
Laura y Alec son dos personas casadas que, sin pretenderlo, se enamoran perdidamente. Sus vidas han perdido quizás la chispa del primer amor, y transcurren de forma ordinaria, sin sobresaltos, sin novedades; y tal vez por esa misma razón sin grandes emociones. Un día cualquiera se encuentran casualmente en la estación de “Milford Junction”. Desde entonces comienzan a encontrarse cada semana y va surgiendo entre los dos una mutua simpatía, y poco después algo más, amor. Pronto se descubren perdidamente enamorados el uno del otro. Sin embargo, su integridad y la rectitud de su conciencia moral, les llevan a buscar la única solución posible…

David Lean sabe presentarnos la historia con gran perfección y sobre todo con un toque de intimidad. Ya en los primeros compases escuchamos la voz de Laura (Celia Johnson) que con un deje de melancolía nos relata la historia, de forma que la película se convierte en un “flashback”. Este recurso estaba a la orden del día en las películas de entonces: Qué verde era mi valle (1941), Casablanca
(1942),
Qué bello es vivir (1946)… El efecto es desde luego sorprendente, ya que vemos con otros ojos lo que sucede en la pantalla.
Por otra parte, la música de Rachmaninoff dota a la película de una fuerza emotiva incomparable. Y es que el famoso Piano Concerto nº 2 del maestro ruso logra trasmitir al espectador toda la carga afectiva que destila la historia de amor.
La grandeza de esta película es probablemente su autenticidad. De hecho, podría decirse que una película dramática gusta si es auténtica, es decir, si resulta creíble lo que sucede. El espectador se ve implicado en la historia por que se identifica con los sentimientos de tal o cual personaje. Te sientes retratado, vibras con lo que le sucede al protagonista…
















Estación de ferrocarril de Milford Junction. Laura Jesson, una mujer casada de clase media, es abandonada por el Dr. Alec harvey en la cafetería de la estación. De vuelta a su casa, reflexiona sobre los acontecimientos que han desembocado en tan abrupto final. Una mota de polvo que se le metió en el ojo fue la causante de su primer encuentro con aquel amable desconocido. Luego, tras un nuevo encuentro fortuito, quedarían para ir juntos al cine -donde se ve un trailer de Llamas de pasión- y, más adelante, al parque, al campo y a un restaurante, donde Laura pasó por una situación muy incómoda, al encontrarse con unos viejos amigos.

Una visita al piso del desconocido también acabó en una situación embarazosa. Como era de prever, Alec le declaró su amor y le comunicó cúal era la única opción honorable: que él se marchara a algún país lejano. Consternada, contempla la posibilidad de suicidarse, pero finalmente decide regresar a la rutinaria comodidad que le ofrece su agradecido marido.
Vista de nuevo recientemente, Breve encuentro de David Lean, me deja una amarga sensación mas allá de la disposición narrativa y las decisiones frente al no-conflicto externo, gracias a su montaje de tiempo “raccontado de episodios conexos por zonas sin inicio lineal, las repeticiones cíclicas con variación de punto de vista hacia el final nos dan la razón necesaria para emitir el juicio de la situación mental que vive Laura. Un gran recuerdo, ella sentada frente a su bonachón esposo, ahí frente a un buen hombre, ella recuerda lo que pudo haber sido perfecto, u onírico en su riesgo juvenil. La más terrible contradicción pro-familia abandonada por un sueño repentino. Una visión de ilusión ideal y sórdida a la vez. Ahora comprendo nuevamente al elemento del tedio, este personaje enigmático de Myrtle Bagot (Joyce Carey) no es más que la conciencia atosigante de Laura, que repite a cada momento sin parar, recapitulando cada detalle, cada sensación que la incomodaba, y por ella jamás podía acallarla, jamás podría silenciar a su conciencia, fisgoneando y fiscalizando directamente el actuar nunca demasiado inmoral.
En una época de finales felices con ápices de adulterio cínico -junto con Casablanca para citar un titulo analógicamente similar-, este Breve encuentro, nos sitúa en un ambiente claustrofóbico, de industrialización ferroviaria, estos trenes que van y vienen con sur ruidoso partir marcando los momentos de reunión, marcando los tiempos de unión escondida, la cafetería como lugar de cobijamiento nunca totalmente consumado de nuestra pareja, repito, nunca demasiado desconsiderados ambos dos para con sus respectivas vidas. Este espacio claroscuro, bañado por la bruma humeante sumada a la sensación de clandestinidad, el de una espacialidad pocas veces diferente, solo cuando nos encontrábamos en el lago y en el puente, se quebraba este submundo lúgubre y tristemente regido por el ruido y el tiempo limitado.
Auque no es menor mi primera sensación acerca de la homosexualidad del doctor, que no la comenté con la personas que vieron la escena conmigo, ni aun he oído comentario relacionado, sí me fue interesante pensar en la motivación del doctor sumada a esta “nueva” condición sexual oculta, y así lo hizo, ahora bisexual sin culpa. Quizá recuerdo mal la escena, pero como impresión fue todo menos heterosexual al revelarse el personaje del departamento del doctor. Por ello sigue siendo interesante y abre interrogantes de una eventual relación anterior del doctor, ¿presagiaba entonces un fin aún más terrible para nuestra heroína trágica?, no sólo hubiese abandonado su familia perfecta sino que estaría condenada al fracaso por ser enamorada circunstancialmente por un despechado bisexual con tacto. Posiblemente exagero y la lectura fue apresurada, pero le quita condenación pública a la actitud ahora emancipada de Laura. Por lo menos por contraste.
Breve Encuentro me cautivó en un punto que consideré escencial en realación a las actitudes inesperadas y progresivas frente a los momentos de “paz” en la vida; el sin sentido de actuar y no tener excusas para no actuar a la vez en este instante al cual estamos posibilitados, mas aun, solos con nuestra conciencia peligrosamente estable y sobretodo “abierta”. Definitivamente Breve encuentro rescata eso tan simple y potente que finalmente atormenta tantas almas que se tratan de autojustificarse y a la vez se atormentan en su propia y solitaria reflexión incomunicable. Esta relación de Laura y su conciencia humana expuesta en varios personajes; de a momentos culposa, jovial y a regañadientes cohibida por su pecado marital. Me es imposible no alejarme de esta conclusión: nuestro único mundo, enemigo y conflicto es realmente lo que tenemos en convicción y esta es nuestro mayor amigo y enemigo si no sabemos manejarlo, esta convicción cambiante y circunstancial pasa de ser profanadora de la familia ha ser móvil del sacrifico personal-egoísta de un amor casual.
En 1974, la versión televisiva, protagonizada por una insólita pareja formada por Richard Burton y Sophia Loren, no anduvo muy lejos de constituir un auténtico desastre.