Director: Billy Wilder. 1945. EE.UU. B/N
Intérpretes: Ray Milland, Jane Wyman, Phillip Terry, Howard Da Silva

En Nueva York, el escritor Don Brinam está sumido en la más profunda de la desesperanza debido a su nulo éxito profesional y ha convertido su vida en un infierno debido a su adicción al alcohol, convirtiéndose incluso en ladrón para poder beber, todo ello a pesar de los esfuerzos de su hermano y de su novia, una bella joven que aparece en su vida tras un intercambio involuntario de abrigos en un guardarropa. La película termina con un punto de esperanza: Brinam empieza a escribir de nuevo. Pero en realidad el final es incierto… ¿Conseguirá la chica apartarlo del alcohol para siempre?









Esta película es una inolvidable y cruda mirada de los efectos devastadores del alcoholismo. Irónicamente, esta brillante película de Billy Wilder casi no se estrenó gracias a la pobre reacción de los pases previos, con un público no acostumbrado a tanto realismo por parte de Hollywood, pero el tiempo la ha convertido en uno de los más grandes dramas de toda la historia del cine. El retrato que hace Ray Milland de la insatisfacción de un escritor frustrado con su vida, que le conduce a la autodestrucción, es portentoso. Una inolvidable mirada al lado más tormentoso de la vida.
Hasta Días sin huella los borrachos en la pantalla eran siempre figuras cómicas: veían doble, no podían mantener el equilibrio, eran esperados por sus mujeres en casa con el rodillo de amasar en la mano… Pero Wilder quiso mostrar el alcoholismo como enfermedad. Esto supuso una revolución en Hollywood y creó dificultades para que los productores aceptaran hacer la película. En el preestreno el fracaso fué estrepitoso. Los espectadores se rieron desde el principio, se rieron cuando el hermano de Brinam descubre el alcohol colgando de la ventana… Wilder vió como la gente abandonaba el cine y tuvo que leer las tarjetas del preestreno, en la que los espectadores formularon así su opinión: “una buena película, sólo habría que eliminar lo referente a la bebida” o “después de ver la película no he renunciado a beber, he renunciado a ir al cine”. La Paramount decidió archivar la película. Se dijo que la industria de las bebidas alcohólicas intentó comprar los derechos del filme para retirarlo de la circulación.
Ante este panorama, Wilder entra en el ejército y “huye” a la Alemania ocupada.
Sin embargo, meses más tarde la opinión sobre la película cambió: los responsables del estudio la volvieron a ver y les pareció buena y el público parecía preparado para aceptarla. Como resultado, Días sin huella se convirtió en un éxito de público y ganó 4 Oscars.
Wilder tuvo mucho interés en rodar la película en las calles de Nueva York y no en estudio, como era la costumbre. Esto origina que la obra tenga un gran realismo: la escena en la que Ray Milland llega a la planta de alcohólicos del hospital, las escenas en el bar o la secuencia en la que Brinam intenta vender la máquina de escribir y va de una casa de empeño a otra. Destacaría la escena magistral en la que Brinam entra en el bar y pide una copa. El vaso deja en la barra un círculo mojado. Después de la tercera copa, el camarero quiere limpiar los círculos: “No los limpies, Nat” -dice Ray Milland-. “Déjame mis pequeños círculos viciosos”. Y empieza a filosofar sobre el círculo, una figura que no tiene final ni principio, como el día de un bebedor, que también se encuentra en un círculo vicioso que no tiene principio ni fin.
Frases y diálogos
“No te fío y lo sabes”. “Vale, que sea por caridad. Te suplico que me sirvas una”. “Sí, una. Una es demasiado y cien no son suficientes”. Conversación entre Don Brinam (Ray Milland) y Nat (Howard da Silva).
“Estoy intentando no beber”. “Sí, estás intentando no beber, como yo estoy intentando no quererte”. Conversación entre Don Brinam (Ray Milland) y Helen St. James (Jane Wyman).






