Director: Tay Garnett, 1946. EE.UU. B/N
Intérpretes: Lana Turner, John Garfield, Cecil Kellaway, Hume Cronyn, Leon Ames

La acción se sitúa en Estados Unidos, durante la gran depresión económica, una época de conflictos, problemas y miseria. A un restaurante de una carretera secundaria llega un autoestopista. El dueño le atiende y le ofrece un trabajo, pero él lo rechaza. Sin embargo, cuando aparece la mujer del propietario del local, el autoestopista decide quedarse.





La adaptación definitiva de “The Postman Always Rings Twice”, novela homónima de James M. Cain y una recomendable película de cine negro, superior a la protagonizada en los años ochenta por Jessica Lange y Jack Nicholson bajo dirección de Bob Rafelson, por otra parte, versión tampoco nada desdeñable con guión de David Mamet.
En esta ocasión, con producción de Carey Wilson para la Metro y texto cinematográfico de Harry Ruskin y Niven Busch, es la ingente química de una pareja mítica, la hermosa Lana Turner, inolvidable presentación en su virginal vestimenta blanca cuando efectúa su primera aparición como Cora, y John Garfield, esa gran presencia que vio malograda su carrera a causa de la nefasta Caza de Brujas, los encargados de encarnar a la pareja de amantes bajo las órdenes del siempre interesante Tay Garnett, cuya efectiva puesta en escena consigue traspasar, a pesar de la censura que sufrió esta magnética cinta, la atmósfera turbia de la novela de Cain, con su temática de ambiciones vitales y pasiones extremas envueltas en unas situaciones rebosantes de sutil erotismo y atractiva perversidad de fatal destino.
Junto a la pareja principal destaca el espléndido trabajo interpretativo de Cecil Kellaway en el papel de marido ultrajado.

Adaptación cinematográfica de la famosa novela epónima de 1934 del periodista y novelista norteamericano de origen irlandés pionero del estilo de ficción azabache o literatura negra, James M. Cain, entremedias cronológicamente de los dos grandes del género, Dashiell Hammet y Raymond Chandler, a cargo del escritor y cineasta norteamericano Tay Garnett…
Fueron varias las versiones que se hicieran de esta novela, entre ellas la versión sui generis del italiano Luchino Visconti Ossessione cuatro años antes de ésta, ó el más reciente y fetichista remake de 1981 a cargo de Bob Rafelson y con guión del reputado David Mamet, por aquello de la escena en la mesa de la cocina y con harina, entre Jack Nicholson y Jessica Lange y con un final diferente al de la novela y al de la fiel versión cinematográfica de 1946 de Garnett… e incluso se hizo también una ópera del tema con música Stephen Paulus en 1982…
Con una fotografía expresionista en blanco y negro, resaltando el sempiterno blanco de las vestimentas de Cora Smith, la femme fatale de turno (una guapísima Lana Turner enfundada también con un ceñido sombrero de tela blanco) salvo en las escenas de su su supuesto intento de suicidio cuando tenía un cuchillo entre manos…y en aquella otra ocasión cuando fue al funeral de su madre y su galán Frank Chambers (John Garfield) aprovechara para echar una canita al aire… Música correcta sin más a cargo de George Bassman y un ágil ritmo narrativo nos introduce en este clásico del film noir, imprescindible para los amantes del género sin demasiadas pretensiones…
La cara de póker que se le quedó al bueno de Frank al final de la película cuando se supo su sentencia…, y empezara a meditar con las palabras que dan título a la obra…El cartero siempre llama dos veces… no importa que llame una primera vez y no respondas… es igual… él seguirá insistiendo al menos una segunda vez… y en esa ocasión sí que ambos le abrieron la puerta…, pero además de par en par…
Arranca la película cuando Frank Chambers (John Garfield) de camino de Los Angeles a San Diego, hacía 20 minutos que había sido recogido como autoestopista por el fiscal del distrito Kyle Sackett (Leon Ames)… De repente Frank se apea junto a un negocio de gasolinera-hamburguesería llamado “Twin oaks” donde un cartel anuncia que se necesita personal…
Mientras se baja, Sackett le pregunta por su futuro…Frank mirando el cartel le responde que de momento su futuro estaba en ese negocio…
El propietario del mismo Nick Smith (Cecil Kellaway) le recibe…Frank le advierte que padece de una deficiencia a pesar de su sano aspecto…y es que sus piernas no pueden estar quietas en el mismo sitio durante mucho tiempo…Frank es un trotamundos..
Dentro conocerá a la enigmática y enfundada de blanco resplandenciente mujer de Nick, Cora Smith (Lana Turner), al principio un tanto antipática con Frank, hasta que entre ambos empieza a surgir la llama de la pasión…
Cora que se casó con Nick por compadecimiento y porque le aseguraba un futuro seguro, lo cierto es que hacía ya tiempo que estaba más que harta de la situación…, de un tipo bonachón y súmamente amable que no hacía más que entonar canciones improvisadas con su guitarra sobre sus ocurrencias del momento…
Poco a poco planean su asesinato…La primera tentativa; intentar simular un accidente en la bañera del viejo Nick, resulta fallida por culpa de un policía, un gato y una escalera…
Tras esta primera tentativa fallida el fiscal Sackett con la mosca detrás de la oreja les pisará los talones… Así, en una segunda tentativa de asesinato, esta vez efectiva y donde ambos arrojan a un borracho Nick acantilado abajo y simulando un accidente, Sackett intentará demostrar su culpabilidad poniendo a ambos frente al dilema del prisionero… Frank, más débil psicológicamente acaba por “cantar”…
Pero el ambicioso abogado de Cora, Arthur Keats (Hume Cronyn), encubrirá a ambos sólo por ganar enteros frente a Sackett…
Cuando parecía que ambos saldrían bien parados… el socio de Sackett intentará chantajear a ambos… un accidente de tráfico donde Cora resulta muerta es la tumba para Frank, quien paradójicamente será inculpado con la pena de muerte justo cuando menos culpa tenía… paradojas del destino.
En 1981 se realizó una nueva versión -notable- dirigida por Bob Rafelson e interpretada por Jack Nicholson, Jessica Lange y John Colicos.