EL SUEÑO ETERNO (The Big Sleep)

Película estrenada entre 1945-1946

Director: Howard Hawks. 1946. EE.UU. B/N

Intérpretes: Humphrey Bogart (Philip Marlowe), Lauren Bacall (Vivian Rutledge), John Ridgley (Eddie Mars), Martha Vickers (Carmen Sternwood), Dorothy Malone (Dueña de la librerí­a), Beggy Knudsen (Sra. de Eddie Mars)


Philip Marlowe es contratado por el General Sternwood para que le libre de una chantajista que posee unas fotografí­as en las que Carmen, una de sus hijas, aparece desnuda. El hombre en cuestión es asesinado, pero la atención de Marlowe se dirige ahora hacia el jefe del difunto, el jugador Eddie Mars, y hacia Vivian, la seductora hermana de Carmen. La pista de la desaparecida Sra. Mars le conduce hasta un garaje, donde reconstruye el caso en presencia de Eddie Mars, al que acusa de haber montado la farsa de la desaparición de su esposa para hacer recaer las sospechas sobre Sean Regan -el marido de Vivian- que, en realidad, habí­a sido asesinado por Carmen. Vivian se habí­a visto forzada a pagar un chantaje para proteger a su hermana. Mars, que sabe que sus hombres tienen rodeado el lugar, se siente lo bastante seguro como para reconocer la verdad del relato del detective. Sin embargo, Marlowe le obliga a salir del lugar delante de él y Mars muere acribillado a balazos por sus propios hombres.



A quien le guste el “cine negro”, esta es una pelí­cula que no puede dejar de ver, incluso aunque a veces la trama le resulte tan confusa que necesite pararse a pensar en quién le está haciendo qué a quién y por qué.


Bogart es el protagonista, encarnando a Philip Marlowe, un duro detective privado que vivie por y para su trabajo, sin importarle quienes sean sus clientes mientras le paguen. Esta vez el cliente es el General Sternwood, interpretado por Charles Waldrom, quien sospecha que una de sus dos hijas está siendo ví­ctima de un chantaje. Carmen Sternwood, interpretada por Martha Vickers, es una joven que se pasa la vida bebiendo de fiesta en fiesta y que no duda en mostrar su descaro en el primer encuentro que tiene con Philip Marlowe. Vivian, la hermana mayor interpretada por Lauren Bacall es mucho más seca, cortante y distante pero también frecuenta ambientes relajados. El trabajo de Marlowe es descubrir quién hace el chantaje y mientras desenrolla la madeja va descubriendo que Carmen está envuelta en algún problema bastante serio y turbio. En su esfuerzo por proteger a la familia, el detective pronto se verá él mismo envuelto en la trama y enamorado hasta el tuétano de Vivian, lo que le lleva a enfrentarse a un grupo de indeseables armados. Los problemas parecen bastante serios.



En esta pelí­cula podemos ver a la pareja Bogart-Bacall brillando con su máximo esplendor; se puede destacar la escena del restaurante en la que ambos mantienen una conversación figurativa sobre carreras de caballos pero cargada de sexualidad soterrada. Ambos contrajeron matrimonio justo antes de que esta pelí­cula viera la luz y en la cinta se nota la explosiva quí­mica que fluye entre ellos y que ya de por sí­, serí­a suficiente para sostener la pelí­cula.

Pero además de la pareja protagonista, el ambiente, los diálogos inteligentes y un espléndido casting, llevan esta pelí­cula a la categorí­a de memorable aunque la trama pueda ser tan compleja como para llevar en cierto momento al director a gritar que ni él mismo la entendí­a. Buena parte de esta complejidad del argumento se debe a la necesidad comercial de destacar, más que en la novela de William Faulkner en que está basada, el papel de Lauren Bacall para explotar el juego que da en pantalla con su por entonces reciente esposo. Porque en esta pelí­cula Bacall resalta entre el resto del excelente reparto femenino que, inevitablemente, intenta seducir a Malone que es frio y cí­nico pero secretamente apasionado y fiel.

La pelí­cula tiene unos diálogos brillantes, cortantes, secos, dotados de una fuerte carga erótica en las conversaciones entre Marlowe y Vivian, un ejercicio de la violencia que se salda con media docena de asesinatos y un escenario que, por su presencia constante a lo largo de los cuatro dí­as, aparece convertido en el espacio de la muerte: la casa de Geiger. Por ese y otros lugares vaga, envuelto en la atmósfera turbia que crea la iluminación de las imágenes, un personaje que apenas sí­ puede hacer algo por cambiar los acontecimientos a los que asiste y que, al final, parece convertido simplemente

 


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