Director: Robert Siodmak. 1946. EE.UU. B/N
Intérpretes: Burt Lancaster, Ava Gardner, Edmon O’Brien, Albert Dekker, Sam Levene, Virginia Christine, William Conrad


Dos asesinos a sueldo llegan a una pequeña población y matan al empleado de una gasolinera, Ole Andersen “el sueco” (Burt Lancaster), que les estaba esperando. El detective Reardon (Edmond O’Brien) investiga el caso para la compañía de seguros de la que es empleado, a pesar de que su jefe le dice que no lo haga, por tratarse de un asunto de poca importancia económica. Riordan comienza a atar cabos y descubre que la vida de “el sueco” estuvo llena de engaños y de crímenes, y que en todo ello tenía algo que ver la misteriosa Kitty Collins (Ava Gardner).

Desplazados de las pantallas por el protagonismo sucesivo de policías, detectives y vulgares criminales, los gángsteres quedan arrinconados, desde comienzos de los años 40, en los márgenes del relato, cuando no transformados en personajes caricaturescos como el Moose Malloy de Historia de un detective (1944). Tras el paréntesis de la II Guerra Mundial, sin embargo, los hampones vuelven a la pantalla, pero ahora despojados de su antigua aura mítica y convertidos en seres corrientes, con preocupaciones más o menos parecidas a las del resto de ciudadanos y, como los arquetipos dominantes en esta época, moviéndose en la frontera difusa entre el bien y el mal.
Éste es al menos, el caso de Ole “Swede” Lun (Burt Lancaster), el protagonista de Forajidos, un brevísimo relato de Ernest Hemingway que el productor Mark Hellinger, contando primero con la colaboración de John Huston y, más tarde, con la de Richard Brooks para la elaboración del guión (firmado finalmente por Anthony Veiller), consigue llegar a la pantalla encomendando su realización a Robert Siodmark, a pesar de las presiones de John Huston deshacerse con la dirección del proyecto.
Dos individuos entran en una cafetería en un lugar perdido del medio oeste americano. Son asesinos profesionales y buscan a un sueco llamado Ole Anderson (Burt Lancaster), un boxeador retirado del cuadrilátero debido a una grave lesión en la mano derecha y a quien el destino, en forma de una bella mujer -Kitty Collins (Ava Gardner)-, le conduce primero a la cárcel durante tres años, después a la participación en un atraco y, por último, a la traición y a la muerte.
Uno de los presentes corre a buscar al sueco para alertarle, pero éste en lugar de huir, decide resignarse y aceptar su destino. la narración se abre precisamente con la brillante secuencia de la ejecución de “El sueco”, a cargo de dos pistoleros profesionales, en un oscuro bar llamado Brentwood donde -al igual que sucederá más tarde con el protagonista de Retorno al pasado (1947)- aquel se oculta trabajando en la gasolinera del pueblo. La entrada en escenaa a continuación de Reardon (Edmond O’Brien), que se ocupa de encontrar a los beneficiarios de la póliza de “El sueco” va componiendo las piezas de un complejo puzzle que revela que Ole Anderson tomó parte en un robo de 250.000 dólares y después estafó a la banda y huyó con el botín y con la chica del jefe, Kitty Collins (Ava Gardner)
Robert Siodmak llevó a la gran pantalla la primera versión del relato de Hemingway “The killers” con una estructura narrativa muy ambiciosa y alambicada. El argumento se nos presenta entretejiendo una secuencia temporal con otra; superponiendo dos secuencias dramatizadas: el pasado de Ole y la investigación de Riordan. El resultado es un argumento dividido que contiene hasta once “flashbacks”.
En su época, buena parte del público no llegó a entender la complejidad de la trama, aunque en la actualidad Forajidos está considerada una pieza clave dentro del llamado “filme noir”.
El efecto que consigue esta potente división estructural es el de crear un ritmo rápido, en una película que cuenta con planos de larga duración; incluso la recreación del momento del robo por parte de la banda -el único de los flashbacks objetivos, todos los demás son subjetivos ya que están introducidos a partir de los recuerdos de distintos personajes- se resuelve con un solo plano secuencia de dos minutos de duración, en un alarde de virtuosismo de la puesta en escena poco habitual en aquella época.
El hecho de componer el argumento en “flashbacks” se identifica con el cine que se hacía en los años 40; y no hay duda de que el complejo rompecabezas que un joven Orson Welles compuso para Ciudadano Kane tiene mucho que ver con esto.
¿Por qué mataron al sueco? ¿Quién huyó con el dinero? ¿Quién ordenó la muerte de Ole? Forajidos no deja hipótesis vacías en su narración. Los “flashbacks” están dispuestos de tal forma que conducen al espectador a reconstruir todas las causas del detonante de la trama: la muerte de Ole Anderson.
Los “flashbacks” se presentan con una precisión absoluta y se ajustan por completo a lo que el personaje-testigo presenció en su momento, no muestra más que lo que ese individuo vivió en un pasado. La narración se restringe, inusualmente, a la visión del narrador-testigo.
Este fue el primer largometraje de Ava Gardner como protagonista. El animal cinematográfico más bello del mundo hace uso de sus encantos para seducir a Burt Lancaster, que no sabe que está siendo objeto de un engaño muy elaborado en el que el sueco se convertirá en la cabeza de turco de toda la trama. Pero ¿cómo no
rendirse ante la belleza carnal de una inmensa Ava Gardner? Son muchos los que apuntaron que lo que uno ve en otras mujeres en sueños, lo contempla en Ava con los ojos abiertos.





En definitiva, Forajidos es una obra maestra del cine negro; gracias al aspecto tenebroso de sus personajes, a una fotografía forzada, al convulso orden de su trama, a una narración que practica la supresión como medio de manejar a la perfección la sorpresa y el suspense, y también al excelente trabajo de un reparto irrepetible.
Fue una película que consiguió batir todos los records de taquilla en su estreno y que dio lugar, en 1964, a un notable “remake” -Código del hampa- que llevaba la firma de quien había escrito el primer tratamiento del guión de Forajidos: Donald Siegel.

