Director: Edgar Neville. 1945. España. B/N
Intérpretes: Conchita Montes, Rafael Durán, Guillermo Marín, Alicia Romay

Después de enterrar con todos los honores a su difunto esposo, una joven viuda abandona la vida provinciana que había llevado hasta entonces y se dirige a la capital. Fue una etapa muy dura en su vida, que debió soportar con resignación, pero ahora se muestra dispuesta a recuperar el tiempo perdido. En el tren en el que viaja hacia la ciudad coincide con una adivina.

A nadie se nos puede escapar la época en la que fue rodada, la situación gubernamental en España y quien la dirigió está claro, pero no por ello, vamos a poner notas brutales a esta conservadora película. Es muy simpática, tiene un lenguaje poco clásico (aunque el final es muy feliz) y tiene algunos “gags” bastante decentes. Pero también para mi gusto es muy inocente, poco agresiva y bastante conservadora en la figura de la mujer como ya advertí anteriormente.
En definitiva, una interesante película, bastante mal conservada por cierto, que resume cómo andaba el género por la época, que era de lo más decente que se hacía en España tras la Guerra Civil (no es que antes se hiciesen maravillas, ojo). Recomendable.
Debo advertir también que Edgar Neville hizo muy buenas películas en una situación un tanto precaria del cine español de la época. Y eso merece un digno aplauso.
El final es muy bonito y está lleno de esperanzas. Pero no olvidemos que ella, la protagonista que interpreta Conchita Montes (flojo papel), se conforma con vivir de su marido y afirma no tener y no querer profesión alguna más que la ama de casa de su familia. Lo más positivo del trato a la mujer, lo encontramos en la búsqueda de reiniciar su vida pese a morir su marido y ser viuda.