ROMA, CIUDAD ABIERTA (Roma, cittÍ  aperta)

Película estrenada entre 1945-1946

Director: Roberto Rossellini. 1945. Italia. B/N

Intérpretes: Anna Magnani (Pina), Aldo Fabrizi (Don Pietro), Marcello Pagliero (Manfredi), Marai Michi (Marina), Francesco Grandjacquet (Francesco)


Roma. El poder de Mussolini ha tocado a su fin, pero los aliados todaví­a no han llegado a la ciudad, donde la resistencia se manifiesta cada vez con más encono. El dí­a antes de su boda con la viuda Pina, Manfredi, uno de los jefes de la resistencia comunista, consigue evitar que las autoridades le capturen y refugiarse junto a su compañero Francesco. Aunqye Manfredi consigue escapar del cerco de la policí­a, Francesco cae en sus manos y Pina es prácticamente fusilada. Más adelante, Francesco conseguirá escaparse y se refugiará junto a Manfredi en casa de Marina, una antigua amante de éste. Tras una disputa sentimental, Marina denuncia a Manfredi a la Gestapo. Arrestado cuando iba a visitar a Don Pietro, un cura de su total confianza, Manfredi morirá a causa de las torturas a las que se le somete, mientras que Don Pietro



La pelí­cula se sitúa en Roma, en los últimos años de la ocupación nazi del año 1944. Rosellini comenzó a trabajar en el guión en agosto de 1944, a sólo dos meses de terminar la ocupación alemana, con la colaboración de Federico Fellini y de Sergio Amadei. Según sus propias palabras, estaba movido por una fuerte necesidad de narrar los acontecimientos recientes, y literalmente salió a la calle a buscar historias (el argumento está basado en parte en sucesos reales). Comenzó a rodarse en enero de 1945, tanto en estudios como en locaciones de la ciudad devastada, siendo esto último algo que se caracterizarí­a en el neorrealismo. También lo serí­a el empleo de actores no profesionales, a excepsión de Anna Magnani y Aldo Fabrizi. En su lanzamiento, la pelí­cula fue ví­ctima de la censura. En Estados Unidos se la recortó, reduciendo su duración en un cuarto de hora. En Argentina fue inexplicablemente quitada de exhibición por una orden anónima del gobierno en 1947. En la Alemania Occidental fue prohibida desde 1951 hasta 1960.




La más representativa de la corriente neorrealista italiana. La más intensa de Europa en los años 40. Es un cine que trata de mostrar la realidad italiana. Con pocos medios económicos sin ayuda estatal. Raya la censura. Da al traste el estado italiano en 1955 con la ley Andreotti, donde se prohibí­a mostrar una Italia de penuria económica y propicia un tipo de pelí­cula donde se prodiga en grandes ciudades, las bellezas italianas (Sofia Loren, Gina Lolobrigida) y el latin lover. Se llama neorrealista porque es más crí­tica que el realismo francés.

Primer episodio de la trilogí­a neorrealista de Rossellini, Roma, ciudad abierta ha sido reconocida universalmente como una obra maestra, una suerte de sí­mbolo del neorrealismo. Tras una frí­a acogida en Italia, la pelí­cula obtuvo un éxito inmediato en el extranjero, venciendo en el Festival de Cannes de 1946. Aún hoy, la escena de la muerte de Pina-Anna Magnani forma parte del imaginario colectivo. La pelí­cula se inspira en la historia verí­dica del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la resistencia. En la Roma de los años 1943-44, se entretejen las historias de varias personas relacionadas con la resistencia antinazi.

Al final de la II Guerra Mundial, con la ciudad de Roma aún ocupada por los nazis, el idealista lí­der de la resistencia, el comunista Giorgio Manfredi -Marcello Pagliero-, perseguido por la Gestapo, se reúne con su grupo en un apartamento prestado por un simpatizante, el tipógrafo Francesco -Francesco Grandjacquet-, al que piden ayuda para llevar dinero, provisiones y otros enseres al campo de batalla. Francesco mantiene relaciones con su vecina, Pina -Anna Magnani-, una viuda que lleva adelante a su pobre familia y que además espera un hijo de Francesco. El sacerdote católico Pietro Pellegrini -Aldo Fabrizi-, amigo de todos ellos, quiere casar a Francesco con Pira. La temible Gestapo sólo piensa en arrestar a Manfredi, miembro del Comité Nacional de Liberación. Annie Marie ofrece refugio en su casa a Manfredi y a alguno de sus compañeros pero, tras una denuncia de Marina -Maria Michi-, una vecina que tiempo atrás fue una antigua amante de Giorgio, son descubiertos y los alemanes rodean la casa en la que se esconde el lí­der de la resistencia y sus camaradas. Algunos consiguen escapar por los tejados, pero Manfredi es apresado

Durante la ocupación, el padre Pietro protege a los partisanos y, entre otros, da asilo a un ingeniero comunista: Manfredi. Pina, una mujer de pueblo, está de novia con un tipógrafo que lucha en la resistencia. Cuando la policí­a lo arresta, Pina corre desesperadamente tras el camión que se lo lleva, pero cae asesinada por una ráfaga de ametralladora ante los ojos de su hijito.

Poco después, también el padre Pietro y el ingeniero -éste traicionado por su examante drogadicta- son arrestados. Manfredi muere por las atroces torturas que le infligen los alemanes para que revele el nombre de sus compañeros de resistencia. El padre Pietro corre la misma suerte: lo fusilan en presencia de los niños de la parroquia, entre los cuales se encuentra el hijo huérfano de Pina.

Al valor intrí­nseco de las pelí­culas de Rossellini hay que añadir su valor histórico y su trascendencia en la evolución del cine. Se comenzó a rodar cuando la guerra todaví­a no habí­a terminado, con lo que hubo que hacer de la necesidad virtud: el desmantelamiento de la industria y la precariedad de la producción obligó a rodar en escenarios naturales y se recurrió a muchos no profesionales como actores.


Roma, ciudad abierta es la primera obra maestra de la postguerra: un hito cinematográfico que marcó la aurora del neorrealismo italiano e influyó en gran parte del cine que vendrí­a después, desde la nueva ola francesa al cinéma vérité y del cine directo al tercer cine. Al igual que ocurrió con El gabinete del Dr. Caligari (1919), Roma, ciudad abierta es una obra maestra surgida de la privación.

Los nazis habí­an salido de la ciudad sólo dos meses antes de que el director Roberto Rossellini comenzara el rodaje, sólo disponí­a de pelí­cula de mala calidad y la mayorí­a de los estudios habí­an sido destruidos por las bombas. En otro caso, cualquiera de estos factores podrí­a haber suspendido la producción, pero el genio de Rosselini consigue aprovechar estos obstáculos aparentes para redefinir con valentí­a el realismo cinematográfico.

Sacó su pelí­cula a las calles y contrató a actores novatos para sus papeles protagonistas, lo que da a la pelí­cula su aire de proximidad y autenticidad. Rosselini rodó Roma, ciudad abierta sin sonido, una táctica que permitió a los cámaras una gran movilidad y que serí­a imitada por gran parte del cine italiano de la época. Lo que es más, imbuyó la pelí­cula de un humanismo que se convertirí­a en una caracterí­stica de toda su carrera y que marcarí­a gran parte de las pelí­culas de la postguerra, desde Ladrón de bicicletas de Vittorio De Sica a Ikiru de Akira Kurosawa.

La pelí­cula rompió todos los moldes del acartonado cine que se estilaba en la Italia de Mussolini. Fue rodada en escenarios naturales -las mismas ruinas de la ciudad después de la guerra, sin iluminación añadida- y, además, con actores no profesionales, salvo la Magnani, que era una artista de variedades relativamente conocida.

El nacimiento de un estilo







¿Es realmente el cine el séptimo arte? ¿No será más bien una buena recopilación de los otros seis?

¿Qué es lo que realmente ha inventado el cine? Cualquier forma de narrar, por muy extravagante que sea, ya se ha usado en alguna rama de la literatura. La iluminación desde luego que no; no hay más que oí­r a cualquier director decirle a su operador: necesito una luz Rembrant, o frases similares. Los espacios cinematográficos están sacados de la arquitectura y la decoración, y las composiciones, de grupos escultóricos o pictóricos. La música, diegética o no, ha ido evolucionando con la música convencional, y los músicos que han innovado para el cine lo habí­an hecho ya para su trabajo habitual. Desde luego que a lo largo de este siglo y pico de cine la influencia también a sido mutua, y la aceptación del cine ha provocado que muchos modelos propuestos por él se hayan difundido entre los artistas o artesanos de los diferentes ramos: música, moda, modelos de interpretación, decoración, estilos de vida… Y sobre todo, pensamiento. Algunas ideas y actitudes ante la vida nos han sido inspiradas por el cine, y ningún otro medio de expresión las habrí­a proporcionado tanta difusión ni tanta aceptación.

Desde luego, parece difí­cil que en un paí­s devastado por la guerra como era Italia en 1945 pudiera surgir un arte tan necesitado de grandes recursos como el cine. Pero allí­, en esas circunstancias, surgió el que quizá sea el movimiento cinematográfico más importante e influyente de la historia del cine, el Neorrealismo. Y quizá el que mejor ha sobrevivido como movimiento general, independientemente de la calidad de sus piezas, en el sentido de que las obras hechas en ese movimiento y en esos años siguen aun vigentes, y muchos directores en la actualidad se inspiran en dichas pelí­culas (lo cual no se puede decir de la Nouvelle Vage o del Free Cinema, que dando algunas pelí­culas gloriosas en conjunto han envejecido peor). No cuento aquí­ el cine clásico americano, ya que su única cohesión la da un modelo de producción en masa con una sintaxis definida que sólo unos pocos se atreví­an a variar, en el que temática e ideas varí­an en función de los gustos y recursos de los productores. ¡Ojo!, que no lo critico, y de hecho soy un incondicional del cine clásico americano, pero creo que nadie me discutirá que tiene poco de “movimiento cinematográfico”.

Y sin duda la pelí­cula que proporcionó las bases y dio el impulso al neorrealismo fue sin duda Roma, ciudad abierta, y me atreverí­a a decir que en concreto un personaje: Pina, interpretada por Anna Magnani. Es cierto que ya se habí­an hecho algunas pelí­culas en este contexto por parte de A. Blassetti (1928, Sole) o L. Visconti (1943, Obssessione) en Italia, o J. Ford (1940, Las uvas de la ira)
con Tom Joad-Henry Fonda) en los EE.UU., pero en este personaje podemos ver reflejado el espí­ritu de todos los que vinieron después, desde Ladrón de bicicletas (1948) o el pescador de La tierra tiembla (1948) hasta el Joe de Ken Loach. Es la actitud ante la vida de esta mujer, su lucha, su casa, sus ambiciones y su solidaridad lo que ha pervivido como ejemplo y modelo en el cine, con una profundidad y humanidad que desde entonces ha inspirado a muchos otros personajes (a sus creadores, deberí­a decir) y, desde luego, a nosotros como espectadores.

La pelí­cula describe la situación de Roma en los últimos años de la ocupación alemana. Fue rodada nada más terminar la guerra en los decorados naturales de la devastada ciudad, con mayorí­a de actores no profesionales (otra constante de Neorrealismo) excepto Anna Magnani y Aldo Fabrizi. Los medios técnicos son escasí­simos, lo que se ve en una fotografí­a que no puede hacer otra cosa que sacar el mejor partido a la luz natural, y poco más, aunque los decorados y las interpretaciones son soberbios por ser tan naturales. Escrita por el propio Rosellini, además de Fellini y Sergio Amidei sobre un argumento de este último, va dando saltos entre el documental y la ficción, aunque varios de los sucesos (la resistencia de los niños romanos o el fusilamiento del cura) están basados en sucesos reales, y el ambiente de las calles está recogido sin planificación (en general).

Un jefe de la resistencia italiana, el ingeniero Manfredi, debe huir de su casa cuando los alemanes van a buscarle. Capturarle es el mayor deseo de mayor Alemán encargado de acabar con los grupos rebeldes, sean del bando que sean (existe una colaboración tácita entre comunistas y monárquicos-cristianos para acabar con el enemigo común). Manfredi se refugia en casa de Francesco, que trabaja como tipógrafo en un periódico de la resistencia. Al llegar a la casa Manfredi se encuentra con Pina. Ella le recibe muy mal, pensando que es de la gestapo o algo así­, pero cuando se aclara la situación le deja entrar en casa de Francesco. Pina y Francesco están prometidos, y se van a casar al dí­a siguiente. Ella viene de liderar el asalto a una panaderí­a en la que se negaban a proporcionar alimento a los necesitados (ella se lleva un buen montón de panecillos). Es viuda y tiene un hijo de unos ocho años, al cual Francesco está encantado de adoptar, y está embarazada. Vive también con su hermana en una casa atestada de gente en la puerta de enfrente a la del novio, en el mismo edificio.

Manfredi sale con Marina, que sobrevive como bailarina de revista. Es morfinómana, y la droga se la proporciona una alemana a la que une algo más que la amistad. Esta trabaja a las órdenes del mayor. Conocen su relación con Manfredi y por eso la tienen controlada, aunque esta relación no va bien. Ella está despechada, lo cual junto a su adicción por la morfina y sus deseos de salir del hoyo la llevarán a traicionar al ingeniero.

El personaje más influyente del barrio es Don Pietro, el cura. Este se dedica a colaborar con la resistencia ocultando a los perseguidos y a los desertores alemanes, proporcionándoles documentación falsa, y hace de correo para la ellos. El hijo de Pina tampoco está ocioso, y junto a los demás niños del vecindario se dedica a poner bombas a los trenes alemanes.

Mientras tanto, el Mayor ya sabe que Manfredi está por esa zona de la ciudad, y a la mañana siguiente un regimiento asalta el edificio donde viven. Los hombres consiguen huir en un principio, pero luego les capturan, y cuando se los llevan se produce la secuencia más famosa de la pelí­cula, la muerte de Pina. Cuando oye que Francesco ha sido detenido y se lo llevan en un camión, sale corriendo tras él y un soldado le dispara. El niño se tira sobre su madre y es Don Pietro el que tiene que apartarle y recoger el cadáver de Pina. No ha habido vez que haya visto la pelí­cula que no me haya echado a llorar con esta escena, que además es un prodigio de montaje y aprovechamiento de un poco de celuloide. La primera parte de la secuencia, la carrera, está rodada con dos cámaras, una en el camión que se lleva a los hombres (ligero picado, plano general corto, travelling retro) y otra enfrente del portal de la casa (sin angulación, plano medio, panorámica a izquierda). Ambos contienen la misma porción de carrera, unos tres segundos, pero el montador monta primero la primera parte del plano desde el camión, en el que Pina sale corriendo del portal y da cuatro o cinco pasos. Corte y la misma porción de carrera desde la cámara lateral en plano medio. Es lo mismo, pero nosotros interpolamos y suponemos que es el siguiente tramo de carrera. Corte e inserto del cura sujetando al niño. Inserto de Francesco intentando saltar del camión (no le dejan). Ya nos hemos olvidado de cómo estaba la carrera de Pina, así­ que vuelve al primero de los planos de la carrera (desde el camión) exactamente en el mismo punto en que habí­a cortado, suena una ráfaga de metralleta y Pina cae al suelo. La misma cámara de enfrente del portal muestra al niño que se escapa de Don Pietro y corre hacia su madre. Plano fijo con la cámara a ras del suelo que muestra al niño arrojándose sobre el cadáver (uno de los planos más hermosos de la historia del cine). Una cámara a medio camino entre el camión y la que mostraba el portal muestra al cura llegando al cuerpo y apartando al niño. La cámara a ras del suelo muestra a Don Pietro recogiendo el cadáver de la mujer. En total, 25 segundos, y una prueba de que la mitad del cine es el montaje.

Los alemanes caen en una emboscada y los presos son liberados. En su huida van a parar a casa de Marina. Francesco está destrozado, y Manfredi discute con Marina la cual, despechada, les escucha que van a ir a ver al cura para desaparecer y les denuncia a la mujer alemana. Al dí­a siguiente, cuando están a punto de irse con el cura, Francesco se queda despidiéndose del muchacho y en ese momento Manfredi, Don Pietro y un desertor austriaco son detenidos. En los calabozos, el mayor intenta convencer a Manfredi de que hable, pero por supuesto se niega, y luego a Don Pietro para que a su vez convenza a Manfredi. Le dice que es un comunista, un sin dios, y que pronto se tendrá que enfrentar con él, pero don Pietro se niega, y ante las amenazas del Mayor de torturarles a ambos el cura le dice «no hablará, yo rezaré por él». Al ingeniero, reconociendo implí­citamente que se acerca la derrota, le asegura que esos reaccionarios a los que protege con su silencio, monárquicos y liberales, pronto intentarán ilegalizarles y echarles del paí­s, pero Manfredi está ya tan destrozado que no podrí­a reaccionar aunque quisiera. Manfredi morirá en la sala de tortura, ante la mirada misericordiosa del cura, y el horror de Marina, que será despojada de lo que ha ganado con la traición. Don Pietro será fusilado a la mañana siguiente, en presencia de los niños de su barrio, que se marchan cabizbajos.

A pesar de este final, la pelí­cula es un canto a la vida y a la libertad, rebosante de optimismo y esperanza en la gente y el futuro. Lejos de ser tan solo unos malvados asesinos, los alemanes están dotados de humanidad, se intenta comprender su comportamiento, las razones que les han llevado a esa perversión de creerse superiores. En un momento casi al final de la cinta un alto mando de los alemanes, en estado de embriaguez, increpa al Mayor que está diciendo que un italiano no podrí­a resistir la tortura y que si así­ fuera se equipararí­a con un alemán. Este le dice que ellos no son superiores, que los oprimidos son fuertes y luchan con justicia por su libertad, y se lamenta de que están sembrando Europa de cadáveres y de odio. El mayor se va enfadado, pero luego reconocerá ante Manfredi que se acerca la derrota, indicio claro de que no son tan superiores.

Una pelí­cula emocionante, que sorteando maniqueí­smos y patrioterismo, sin manipular (Spielberg podrí­a aprender un poquito…), nos acerca la imagen de la lucha y la esperanza. Si el arte debe emocionar, si no es esclavo del dinero, estamos ante arte con mayúsculas.


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina