UNA NOCHE EN CASABLANCA (A Night in Casablanca)

Película estrenada entre 1945-1946

Director: Archie Mayo. 1946. B/N

Intérpretes: Hermanos Marx, Charles Drake, Lois Collier


En la pelí­cula aparecen los tres hermanos: Groucho Marx, Chico Marx y Harpo Marx. La pelí­cula fue dirigida por Archie Mayo y escrita por Joseph Fields y Roland Kibbee. La historia se desarrolla en Casablanca durante la II Guerra Mundial. Ronald Kornblow (Groucho Marx), es contratado para dirigir un hotel de Casablanca cuyos gerentes anteriores fueron asesinados. Hay una conspiración para encontrar un tesoro oculto por los nazis.


Un popular mito que rodea a esta pelí­cula (alentado en parte por el propio Groucho) es el de que con motivo de esta pelí­cula, la Warner se habí­a dirigido a la productora de esta pelí­cula, indicándole que no podí­a utilizar el nombre de
Casablanca
, ya que era propiedad intelectual de la Warner. En realidad lo que sucedió fue que en un principio la pelí­cula iba a ser una parodia de Casablanca de 1942, siguiendo la misma lí­nea argumental hasta el punto de usar nombres de personajes tales como “Humphrey Bogus”. Warner Brothers no demandó realmente a los Marx ni trató de hacerlo, pero pidió formalmente a los hermanos el argumento y el guión de la pelí­cula. Groucho Marx explotó la situación con fines publicitarios respondiendo a esa carta en términos bastante graciosos, diciendo entre otras cosas que ignoraba que el nombre Casablanca fuera propiedad de nadie, y que, incluso aunque se repusiera la pelí­cula de la Warner, la gente serí­a capaz de distinguir a Ingrid Bergman de Harpo. Esta carta se ha convertido en un clásico. (Leer carta en Wikiquote) Finalmente no hubo acciones legales, ya que los Marx convirtieron el argumento en una parodia de las pelí­culas al estilo de Casablanca, más que en casablanca especí­ficamente. Curiosamente, hoy dí­a Warner Brothers es la propietaria de los derechos de la pelí­cula.

La pelí­cula, en cualquier caso, es una parodia de la pelí­cula Casablanca de Michael Curtiz, y es una de las últimas en las que participaron los tres más famosos Hermanos Marx.


Groucho contra la Warner

Cuando los hermanos Marx se disponí­an a rodar una pelí­cula titulada A Night in Casablanca (1946), recibieron la amenaza de una acción legal por parte de los Warner Brothers, que cinco años antes habí­an hecho la pelí­cula titulada simplemente Casablanca. Ante ello Groucho, en nombre propio y en el de sus hermanos, les dirigió inmediatamente las siguientes cartas:

Queridos Warner Brothers:

Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y de mantenerla bajo el dominio propio. Por ejemplo, hasta el momento en que pensamos en hacer esta pelí­cula, no tení­a la menor idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a los Warner Brothers. Sin embargo, pocos dí­as después de anunciar nuestra pelí­cula recibimos su largo y ominoso documento legal en el que se nos conminaba a no utilizar el nombre de Casablanca.

Parece ser que en 1471, Ferdinand Balboa Warner, su tatarabuelo, al buscar una tajo hasta la ciudad de Burbank, se tropezó con las costas de Africa y, levantando su bastón (que más tarde cambió por un centenar de acciones en la bolsa), las denominó Casablanca.

Sencillamente, no comprendo su actitud. Aun cuando pensaran en la reposición de su pelí­cula, estoy seguro de que el aficionado medio al cine aprenderí­a oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. No sé si yo podrí­a, pero desde luego me gustarí­a intentarlo.

Ustedes reivindican su Casablanca y pretenden que nadie más pueda utilizar ese conmbre sin permiso. ¿Qué me dicen de Warner Brothers? ¿Es de su propiedad, también? Probablemente tengan ustedes el derecho de utilizar el nombre de Warner, pero, ¿y el de Brothers? Profesionalmente, nosotros éramos Brothers mucho antes que ustedes. Hací­amos ya la ronda de las candilejas como The Marx Brothers cuando la Vitaphone era todaví­a un simple destello en el ojo del inventor, e incluso antes de nosotros ha habido otros hermanos: los Smith Brothers [fabricantes de pastillas para la tos], los Karamazov Brothers; Dan Brothers, un centrocampista del Detroit; y Brother, can you spare me a dime? (que originalmente se llamaba BrotherS, can you spare me a dime? pero esto era reducir demasiado la moneda, así­ que despacharon a un hermano, dieron todo el dinero al otro y lo dejaron en Brother, can you spare me a dime?).

Y ahora, Jack, hablemos de usted. ¿Dirí­a Usted que es el suyo un nombre original? Pues no lo es. Se utilizaba mucho antes de nacer usted. Sobre la marcha, recuerdo dos Jacks: habí­a el Jack de Jack and the Beantalk [cuento infantil] y el Jack el Destripador, que se hizo un bonito renombre en su dí­a.

En cuanto a usted, Harry, seguramente firmará sus cheques con la firme convicción de que es usted el primer Harry de todos los tiempos y de que todos los demás Harrys son impostores. Recuerdo a dos Harrys que le precedieron. Existió Lighthouse Harry de fama revolucionaria [se refiere a Light HORSE Harry, apodo de Lee Henry, héroe de la revolución de EE.UU.], y también un Harry Appelbaum que viví­a en la esquina de la calle 93 con Lexington Avenue. Desgraciadamente, Appelbaum no era demasiado conocido. La última vez que supe de él, vendí­a corbatas en Weber y Heilbroner.

Hablemos ahora del estudio de Burbank. Creo que es esto lo que ustedes, hermanos, llaman su cuartel general. El viejo Burbank ha desaparecido. Quizá se acuerden de él. Era un hombre muy hábil en la huerta. Su mujer decí­a a menudo que Luther tení­a diez pulgares verdes. ¡Qué mujer debe de haber sido! Burbank era el mago que entrecruzaba todos esos frutos y legumbres hasta dejarlos en tal estado de confusión e incertidumbre que nunca llegaba a decidir si debí­an ir al comedor en el plato de la carne o en el de los postres.

Esto es una simple conjetura, desde luego, preo, ¿quién sabe?, quizá los supervivientes de Burbank no sean demasiado felices ante el hecho de que una fábrica de pelí­culas a destajo se haya instalado en su ciudad, se haya apropiado del nombre de Burbank y lo utilice como presentación de sus filmes. [...]

Esta carta sigue tres o cuatro párrafos más, en estos términos confusos y contundentes (?). La historia, sin embargo, sigue; Por alguna curiosa razón, esta carta pareció confundir al departamento legal de la Warner Brothers. Les respondieron con toda seriedad preguntando si los Marx podrí­an darles alguna idea sobre el argumento de la pelí­cula. Estos pensaron que podrí­a llegarse a un acuerdo. Así­ que Groucho respondió:

Queridos Warner:

No puedo contarles gran cosa sobre el argumento de la pelí­cula. En ella interpreto a un doctor en Teologí­a que asiste a los nativos y, como pasatiempo, vende como charlatán de abrelatas y chaquetones de marinero a los salvajes de la Costa de Oro africana.

Cuando encuentro por primera vez a Chico, éste trabaja en una taberna y vende esponjas a los clientes habituales, incapaces de soportar su dosis de alcohol. Harpo es un cadí­ árabe que vive en una pequeña urna griega en los arrabales de la ciudad. [Cultí­sima alusión al poema de Keats Ode to a small Grecian urn]

Cuando empieza la pelí­cula, Potaje, una tí­mida nativa, está afilando flechas para una cacerí­a. Paul Resaca, nuestro héroe, enciende continuamente dos cigarrillos a la vez. Evidentemente, ignora los racionamientos de tabaco.

Podrí­a contarles mucho más, pero no quiero estropearles el placer. Todo ello ha recibido el visto bueno de la Oficina Hays,
Good Housekeeping [Revista femenina americana] y los supervivientes de los Tumultos del Haymarket; y si la ocasión es propicia, esta pelí­cula puede ser el cañonazo inicial de un nuevo desastre universal.

Cordialmente, Groucho Marx.

En lugar de apaciguarles, esta nota pareció confundir más aún a los abogados, quienes replicaron diciendo que todaví­a no comprendí­an la historia y que agradecerí­an que el señor Marx les explicara la trama con más detalle. Groucho correspondió con la siguiente carta:

Queridos Brothers. Siento comunicarles que, desde la última vez que les escribí­, ha habido algunos cambios en la trama de nuestra nueva pelí­cula Una noche en Casablanca. En la nueva versión hago el papel de Burdel, la novia de Humphrey Bogart. Harpo y Chico son vendedores ambulantes de alfombras que están hartos de desenrollar alfombras y entran en un monasterio en busca de picos pardos. Pero se llevan un buen chasco, puesto que no ha habido picos pardos en el lugar durante los últimos quince años.

Enfrente de ese monasterio, junto al muelle, hay un hotel que mira al mar, atestado de damiselas de fresca tez, la mayorí­a de las cuales han sido vetadas por la Oficina Hays por busconas. En el quinto rollo, Gladstone hace un discurso que conmociona la Cámara de los Comunes e inmediatamente el Rey pide su dimisión. Harpo se casa con un detective de hotel; Chico dirige una granja de avestruces. La amiga de Humphrey
Bogart, Burdel, se convierte en una Bacall-girl.

Como pueden ver, se trata de un argumento muy chapucero. Lo único que puede salvarnos de la extinción es que siga el racionamiento de pelí­culas.

Afectuosamente, Groucho.

Tras esto, los Marx no volvieron a saber del departamento jurí­dico de la Warner Brothers.

Estas cartas de Groucho Marx están actualmente en la Biblioteca del Congreso, en Washington.


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