Director: Roberto Rossellini. 1947. Italia. B/N.
Intérpretes: Edmund Moeschke Edmund Koeler), Franz Kruger (su padre), Barbara Hintz (Eva), Erich G√ºhne (el profesor de escuela)

Ganadora del Festival de Locarno en 1948, Alemania año cero
fue dedicada por Rossellini a su hijo Romano, fallecido en agosto de 1946. Una vez más, Rossellini pone la mira en el sufrimiento humano y en los perdedores, derrotados por una vida que los obliga a pagar culpas ajenas. Con un final desesperado y una visión de la vida trágica y sin esperanzas, el director cierra la trilogía comenzada con Roma ciudad abierta y continuada con Pais√≠. Ambientada en Berlín, ciudad fantasma, inmediatamente después de la caída del Tercer Reich, la película cuenta la historia de Edmund Koeler, un chico de sólo trece años que vive en la mayor penuria. Como muchos otros habitantes de ese silencioso cúmulo de escombros en que se ha convertido la ciudad, Edmund recorre los edificios destruidos en busca de alimentos para su familia, que vive apiñada en una única habitación de alquiler. El padre de Edmund está postrado con una grave invalidez, el hermano ha desertado durante la guerra y ahora lo buscan como ex nazi, no tiene cartilla de racionamiento y depende totalmente de Edmund. La hermana, mientras tanto, se prostituye con los soldados de las tropas aliadas a cambio de favores y regalos. A Edmund la vida le parece cada vez más inútil y más triste, hasta que se encuentra con un antiguo maestro suyo: un hombre enigmático y cínico, que le inculca una insana teoría según la cual los débiles deben sucumbir para dejar lugar a los fuertes. Inspirado en las palabras del hombre, Edmund envenena a su padre. Tras este gesto desesperado, el maestro se niega a aliviar su pena con palabras de consuelo. Destruido por el sentimiento de culpa, Edmund vaga por Berlín, entra en una iglesia, sube al campanario y -tras ver pasar la carroza fúnebre con el cuerpo de su padre- se arroja al vacío.



En retrospectiva, Alemania año cero significó una expansión o ampliación de la temática del nerorrealismo, que se hizo mucho más clara en Stromboli (1950), Europa’51 (1952)
y Te querré siempre (1954).


En una desolada ciudad de Berlín, Edmund (Edmund Meschke) es un niño de doce años que vive en la miseria, tiene un padre inválido, un hermano desertor buscado como ex nazi, y una hermana que se prostituye con los soldados aliados.
En este contexto, Edmund se encuentra a un antiguo profesor (Erich Guhne), quien comienza a influirle ideológicamente con teorías hitlerianas.
Rossellini cierra la trilogía sobre la inminente posguerra con Alemania, año cero, en la que se traslada a una totalmente devastada ciudad de Berlín, para captar, como ya lo hiciera en su país, los desastres de la contienda.
Aquí, se repiten los lugares comunes a todas las ciudades que sufrieron el paso de los ejércitos, unos y otros: destrucción, hambre y muerte. Adoptando el punto de vista alemán, Rossellini, dentro de su habitual estilo sobrio y directo, trata de justificar al pueblo llano, que poco o nada tuvo que ver con la masacre europea de sus dirigentes.
No obstante, y en contraste con su primera Roma ciudad abierta”, el trato a los personajes germanos, evidentemente no es el mismo. Mientras en Italia se ensalzaba el patriotismo de los partisanos, aquí se hace hincapié en la miseria de un pueblo que no ha sabido enfrentarse a la dictadura.
El resultado acabará en tragedia. Un final exagerado, contra un país y, sobretodo, contra un futuro, -representado en los jóvenes y los niños-, en el que el director italiano deja entrever una clara animadversión hacia los vencidos y su escasa confianza en su recuperación. Postura que el tiempo se encargará de desmentir contundentemente.
“Alemania año cero”, quizás represente el neorrealismo más criticado, con un guión cargado de excesos dramáticos, de situaciones deliberadamente extremadas, acabando por producir una sensación de exageración, a veces, poco verosímil.
Al margen de las historias contadas, las anécdotas tendenciosas o los personajes fanáticos, la habitual realización realista hasta el extremo, seguirá trasmitiendo una escalofriante parte de la historia de forma contundente y difícil de olvidar.