SENDA TENEBROSA (Dark Passage)

Película estrenada entre 1947-1948

Director: Delmer Daves. 1947. EE.UU. B/N

Intérpretes: Humphrey Bogart (Vincent Parry), Lauren Bacall (Irene Jansen), Bruce Bennett (Bob), Agnes Moorehead (Magde Rapf), Tom D’Andrea (Cabby – Sam), Clifton Young (Jalopy driver/Blackmailer)


Vincent Parry (Humphrey Bogart) se fuga de la prisión de San Quintí­n donde cumple condena por la muerte de su esposa. En su huida se encuentra con Irene Jansen (Lauren Bacall), que cree en su inocencia y tratará de ayudarle. Pero la gente que rodea a Parry tiene una extraña tendencia a morirse repentinamente… Dirigida por Delmer Daves y estrenada en 1947, la pelí­cula fue un relativo fracaso de crí­tica y taquilla a pesar de reunir de nuevo a la popular pareja Bogey-Bacall. Vista en retrospectiva hoy en dí­a, sigue siendo un digno exponente del género de cine negro e incluye algunos recursos cinematográficos que en su dí­a fueron muy novedosos. Destacamos el rodaje de casi toda la pelí­cula en exteriores en San Francisco y el uso de la cámara subjetiva, desde el punto de vista del fugado Parry durante toda la primera mitad del filme.





Basada en las novela homónima de David Goodis (que colaboró asimismo en el guión), delmer Daves utiliza para su transposición a la pantalla el mismo artificio narrativo empleado por Robert Montgomery en La dama del lago (1946): la cámara subjetiva. en Senda tenebrosa, sin embargo, este procedimiento, que allí­ ocupaba casi el metraje total de la pelí­cula, no sólo tiene una extensión mucho menor -algo más de media hora-, sino que resulta también más integrado y funcional dentro de la narración, ya que por medio de él (y conjugando cámara subjetiva y objetiva con el artificio de sumergir en penumbras el rostro del protagonista) se evita mostrar a éste hasta que cambiade fisonomí­a, tras sufrir una operación de cirugí­a estética. Una labor de ocultamiento que, por otra parte, parecí­a necesaria, pues resultaba difí­cil encontrarun sustituto para un rostro tan conocido para los espectadores del la época como el surgido después de loscortes del bisturí­: el de Humphrey Bogart.








Esta es la tercera pelí­cula que ruedan juntos los dos protagonistas, tras Tener y no
tener (1944) y El sueño eterno (1946). Escrita y dirigida por Delmer Daves, se basa en una novela del gran David Goodis.

La acción se localiza en San Francisco y sus alrededores. Un hombre inocente, condenado erroneamente por el asesinato de su esposa, Vincent Parry (Humphrey Bogart), se fuga de la prisión de San Quintí­n con el doble propósito de averiguar quién fue el autor del crimen por el que fue condenado y rehacer su vida. La pelí­cula no muestra el rostro del protagonista hasta transcurridos los primeros 61 minutos de metraje. Entretanto se hace uso de la “cámara subjetiva”, consistente en que ésta se sitúa en el interior del personaje y muestra sólo lo que él ve, piensa, dice y oye.

El encuentro con Irene Jansen (Lauren Bacall) y el romance que se establece entre Vincent y ella destilan un clima de sinceridad, veracidad y credibilidad pocas veces superado en el cine. Secuencias culminantes del film son la que muestra a Vincent e Irene, situados uno junto al otro, mirando en el espejo, que ocupa casi toda la pantalla, el resultado de la operación; la pelea entre Vincent/Alan y el chantajista junto al mar y bajo la imagen inmensa del Golden Gate; y la huí­da de Bogart por la escalera de incendios del edificio que entonces era el más alto de San Francisco. La fotografí­a corre a cargo del notable Sidney Hickox (Tener y no tener, Al rojo vivo), que hace un uso excelente de la cámara, con secuencias largas y estáticas, junto a otras en las que mueve el objetivo suavemente para mantener la imagen centrada con precisión. Superpone imágenes y las multiplica para explicar los delirios del sueño de Vincent. El director de la música es Franz Waxman, especializado en composiciones cinematográficas (El crepúsculo de los dioses, Rebeca, Un lugar en el sol). Se sirve de trompetas, instrumentos de viento acompañados de cuerdas, y percusión suave, en melodí­as que crean sensaciones de intimidad, temor, alegrí­a. El guión es el elemento más débil de la obra: la poca verosimilitud de algunas situaciones y saltos en la explicación de algunos hechos, abonan esta valoración. Los diálogos están muy bien construIIos. El punto más fuerte de la pelí­cula viene dado por las interpretaciones sobresalientes de Bogart y Bacall, llenas de magnetismo y seducción. Destaca la intervención de Agnes Moorehead en el papel de la villana Magde Rapf.

Obra emblemática del cine negro americano de Postguerra, que resulta interesante, abosorbente y entretenida. Incorpora elementos de thriller y de romance. Imprescindible para los amantes del cine de Bogart y Bacall.


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