Director: King Vidor. 1949. EE.UU. B/N
Intérpretes: Gary Cooper, Patricia Neal. Raymond Massey, Kent Smith, Robert Douglas, Henry Hull

Howard Roark (Gary Cooper es un arquitecto que presenta proyectos novedosos, tanto que todos le recomendarán que deje esos proyectos y dé al público lo que quiere. Roark se mantiene firme en su postura, ya que defiende la personalidad frente a la masa y cree en el arte por el arte. En todo esto, entrará en juego una crítica de arquitectura (Patricia Neal) que desprecia lo que está al uso, y que comenzará a admirar a Roark, al que más tarde amará. El director de un periódico importante (Raymond Massey) intentará manipular a la masa para que odie a este nuevo talento. Entre los tres se establecerá una relación un tanto curiosa.

Valoración: el individuo y la masa
Howard Roark es un artista, pero no sólo eso, también un hombre íntegro, de una sola pieza. ¿Egoísta? ¿Orgulloso? Tiene claro lo que quiere, y eso le lleva a no abandonar su camino a pesar de las dificultades, a veces enormes. Exalta de esta manera el individuo frente a la masa, aunque tal vez haya que matizar este aspecto.
La visión que se nos da en la película del individualismo puede llegar casi al absurdo ante la desmedida exageración en el orgullo de los personajes. Lo que realmente acabamos pensando es que se lleva a los personajes a circunstancias extremas, que verdaderamente no existen. Pero independientemente de esto, creo que es interesante la reflexión ante la manipulación mediática y la capacidad de un hombre para aguantar esas tormentas con entereza.
En nuestra sociedad es realmente curioso cómo el individualismo que nos invade es brutal; pero sin embargo, al observar a nuestro alrededor, vemos que esos hombres, esas mujeres, que creen ser el culmen del individualismo, seres sinceramente libres, no lo son. Más bien al contrario: la gran mayoría de la gente piensa igual, hace lo mismo. Es cruelmente irónico cómo el individualismo de nuestra época se ha convertido en un “individualismo igualitario y uniforme”, donde una nota discordante, un hombre o una mujer realmente valiosos, diferentes al resto, son despreciados como un “elemento no apto”.
La vida está llena de ironías…

A vueltas con el individualismo
Gary Cooper fue uno de los actores-mito por excelencia, al que sólo se le pueden equiparar un Clark Gable, un Humphrey Bogart o un James Dean. El gran Cooper es, por sí mismo, una página de oro del cine mundial. Creó con su especial carisma un tipo de personaje entre bondadoso y pícaro que crearía escuela, aunque nadie llegara a su altura (y mira que lo han intentado…). En los últimos años de su carrera, ya herido de muerte por la enfermedad que se lo llevaría, también ofreció la parte más dramática, más oscura de su personalidad, como en El árbol del ahorcado.
En El manantial fue dirigido por King Vidor, uno de los grandes del cine americano clásico y uno de los cineastas que dieron forma en el cinematógrafo al “New Deal” rooseveltiano, autor de filmes tan conocidos y reconocidos como El campeón, El pan nuestro de cada día, Guerra y paz y, quizá el más reputado, Duelo al sol. Estamos ante un sólido melodrama sobre el individualismo (será, pues, muy moderno…) basado en una novela de la escritora rusa, exiliada en Estados Unidos, Ayn Rand, en el que brilla con luz propia la acusada personalidad del extraordinario Cooper. A su lado, una mujer de rara belleza, Patricia Neal, quien, pasada su juventud, sólo apareció en muy esporádicas ocasiones en la gran pantalla.