EXTRAÑOS EN UN TREN (Strangers on a Train)

Película estrenada entre 1949-1951

Director: Alfred Hitchcock. 1951. EE.UU. B/N

Intérpretes: Farley Granger (Guy), Ruth Roman (Ann Morton), Robert Walker (Bruno), Patricia Hitchcock (Barbara Morton), Leo G. Carroll (Senador Morton), Laura Elliot (Mariam Haines), Marion Lorne (Sra. Anthony), Jonahtan Hale (Sr. Anthony), Howard St. John, John Brown, Norman Warden, Robert Gist

Guy Haines, famoso jugador de tenis se topa en un viaje en tren con Bruno Anthony, que se confiesa su gran admirador. √âste le propone un peculiar pacto: Si Guy mata al padre de Bruno -que, según él le hace la vida imposible-, él matará a la esposa de Guy -de la que éste se quiere divorciar-. Guy se lo toma a broma. Cuando habla con su esposa para divorciarse (se quiere volver a casar, con la hija de un senador), ella se niega en redondo. A partir del momento en el que parece haberse cumplido una parte del pacto, Bruno perseguirá de forma implacable a Guy para que, de inmediato, cumpla su parte en ese contrato oral que los dos firmaron…

Un joven y guapo tenista de éxito, Guy Haines, es abordado por un admirador, Bruno Anthony, en el trascurso de un viaje en tren. √âste conoce al detalle la vida privada de Guy y le propone cometer un crimen perfecto: un intercambio de asesinatos que lograría despistar por completo a la policía (pues los dos tendrían una coartada en el momento mismo de los asesinatos) por el cual Bruno eliminaría a la insufrible esposa del tenista, que se niega a concederle el divorcio y le impide casarse con la mujer que realmente quiere y Guy, a cambio, haría lo mismo con el posesivo padre de Bruno. A pesar de la negativa del primero, que piensa que todo se trata de una simple broma, Bruno lleva a cabo su maquiavélico plan y asesina sin piedad a la esposa de Guy. Así, sin apenas darse cuenta el joven tenista se verá envuelto en una serie de crímenes sin resolver que lo convertirán en el principal sospechoso para la policía.

Después de los fracasos de sus dos películas anteriores, Hitchcock se encontraba en un delicado momento de su carrera en el que no encontraba ninguna historia que fuera de su agrado. Un buen día llegó a sus manos una novela de Patricia Highsmith que parecía estar escrita para él: una historia de intercambio de asesinato que abordaba dos de sus temas favoritos: el estudio de la parte maligna del ciudadano modelo y la figura del falso culpable. De este modo Hitchcock resurgio de sus cenizas y convirtió Extraños en un tren en una de sus obras más personales. Un tenso, elaborado y estremecedor thriller a través del cual logró penetrar en el lado oscuro del ser humano para descubrirnos una dramática escisión en su interior, un doble demoníaco que siempre viaja con nosotros y que creemos controlado y por lo tanto voluntariamente olvidado pero que fortuitamente puede hacerse patente, introduciendo el caos y la oscuridad en un mundo aparentemente ordenado y luminoso. El personaje de Farley Granger desearía en verdad librarse de su esposa, pero su “alter ego” tenebroso es quien le resuelve la papeleta. Se puede decir que Guy y Bruno interpretan un mismo personaje dividido en dos.

La película cuenta además con varios momentos famosos y memorables, como el asesinato reflejado en las gafas de la víctima, la angustiosa escena del encendedor en la alcantarilla…pero quizá la más espectacular y emocionante sea la del tiovivo asesino, que revela la extrema habilidad matemática, óptica y técnica de Hitchcock. √âl mismo le contaba a Truffaut los detalles de su rodaje: “Era una escena más bien complicada. El tiovivo era de juguete. Como fondo instalamos una pantalla y detrás de ella un enorme proyector arrojando una imagen sobre la pantalla. En el suelo había una delgada línea blanca. La cámara no filmaba la pantalla y lo que había en ella, estaba filmando la luz en algunos colores. En consecuencia la lente de la cámara debía estar nivelada y alineada con la lente del proyector. Muchas de las tomas del tiovivo debían ser planos filmados desde abajo, por lo tanto ya pueden imaginar el problema. El proyector tuvo que ser colocado sobre una plataforma elevada, apuntando hacia abajo, y la pantalla tuvo que ser situada en los ángulos exactos de modo que quedara alineada con la lente. Todas las tomas requirieron casi medio día para alinear cada plano y teníamos que cambiar el proyector cada vez que cambiaba el ángulo (…) además, el hombre que se mete debajo del tiovivo con la intención de pararlo arriesgó realmente su vida. Si hubiera levantado un poco la cabeza…nunca me lo hubiera perdonado”.

El cliché moral

Coleccionista de virtudes en lo principal, Hitchcock no pudo evitar un pequeño defecto en lo secundario. Y ni aún así se le puede echar en cara, en tanto que provenía del exterior. Concretamente, del sistema de Hollywood.

Este defecto no es otro que el cliché moral.

El maestro ya lo había padecido en dos películas anteriores a ésta. Los efectos de este incómodo invitado suelen convertir al filme en previsible, pero aquéllos son más graves cuando afectan al valor dramático y la profundidad semántica de la película. Extraños en un tren, con su potente imaginación visual y un primer tercio brillante, no pudo evitar su molesta incidencia.

Guy, en la novela original, es efectivamente culpable: sucumbe a la presión y comete
el asesinato. Toda la carga semántica y tensional del libro se basaba en este hecho: cualquier hombre es un asesino potencial, el dilema moral del egoísmo contra los principios, la circustancia arrebatadora de la máscara. Lo que el prota se encuentra en el tren son sus monstruos llamando a la puerta.

Guy, en la película, no sólo no es un asesino, sino que es un héroe: acude en ayuda del padre de Bruno. El tormento interior se cambia por simple sufrimiento debido a la presión externa, al no permitir que Granger fuese un criminal. En el filme, Guy es un bendito y esto reduce ligeramente el interés.

Es curioso comprobar cómo incluso la calidad de las escenas es mayor en la parte fiel a la novela: no hay más que comparar la escena inicial o la memorable persecución por el parque con la escena final o la del partido de tenis.

Una interesante apuesta a indagar el lado oscuro del ser humano y lo patológico de la mente, a través de una perspicaz historia de suspenso que combina originalidad y emoción. Extraños en un tren nos narra en forma simple, pero no por ello menos elaborada y efectiva, una inquietante situación que proviene de la pluma de Patricia Highsmith. Para ello Hitchcock organizó un tenso guión que parte de conceptos poco ortodoxos como es el intercambio de asesinatos, mostrando indirectamente la figura del falso culpable y del ciudadano modelo que oculta tras una falsa apariencia externa, la anomalía propia de quien no está en sus cabales.

La película es vivida en forma tensa, con suficiente cúmulo de variantes que dan por resultado una entretenida aventura llena de elucubraciones, estratagemas cuidadosamente concebidas para determinar una auténtica narración escalofriante e inquietante que mantiene al espectador en estado de atención permanente, en la ávida espera de un desenlace que se ajuste al tenor del desarrollo de la película y que todos los elementos narrativos cierren a la perfección dentro del filme.

Claro que puedo concluir que la forma en que está contada la película es más meritoria que el concepto de fondo que transmite. Sabemos muy bien los elementos conceptuales que este director maneja en sus cintas a la perfección, pero los abundantes recursos que posee para narrar es el auténtico valor agregado de una obra que para 1951 debería haber resultado sobresaliente.

Hay escenas memorables y que aún hoy son recordadas, las cuales delatan la habilidad y precisión técnica y óptica de Hitchcock para manejar un lenguaje específico dentro de su película.

Las interpretaciones son correctas, destaco según mi criterio personal a un Robert Walker espléndido en un personaje lleno de cinismo, el cual transmite al espectador todo un cuadro de inquietante anormalidad psíquica. Un personaje que da miedo, con el cual Hitchcock logra mostrar el lado oscuro y maligno del ser humano, el cual se contrasta a la perfección con el de Farley Granger, un individuo agradable e inocuo, adaptado y reconocido socialmente por la fama. Es este el planteo con el que el director juega, mostrar las personalidades tan disímiles que están en tensión y quieren prevalecer una por sobre la otra.

Una buena obra de suspense que va creciendo en tensión hasta el momento crucial de consumación, en que quedan expuestas todas las habilidades de un interesante director que jalonó la historia del cine.

Curiosidades

- Hitchcock compró los derechos de la película anónimamente (para que no le salieran demasiado caros) por 7.500 dólares.

- La escena donde un hombre se mete debajo del carrusel no fue hecha mediante trucos fotográficos, sino que, según confesó el propio Hitchcock, ese hombre arriesgó realmente su vida. “Si le hubiera pasado algo nunca me lo hubiese perdonado”, declaró el director”.

- La versión del guión de Raymond Chandler terminaba con Bruno Anthony siendo detenido por la policia y puesto a disposición de una institución psiquiátrica, con la imagen final del villano envuelto en una camisa de fuerza.

- En la famosa escena en la que Bruno busca el mechero en la alcantarilla, Hitchcock decidió personalmente el tipo de basura que debía aparecer en el suelo.

- La versión americana de la película termina con Guy y Anne Morton en el tren que les lleva a Washington, siendo interrumpidos por un hombre que le pregunta a Guy si es un famoso tenista. La versión Británica de la película omite esta escena.

- Esta fue la última película de Robert Walker que murió ocho meses después de acabado el rodaje, debido a una reacción alérgica a una droga.

- El personaje de Bruno fue llamado también Bruno Richard Hauptmann, nombre del famoso asesino/secuestrador de “El niño de Lindbergh”.

- Cuando la película se estrenó en Alemania en 1952, alrededor de 5 minutos fueron censurados por considerarse demasiado brutales y sádicos. Más tarde estas escenas fueron añadidas para TV, pero subtituladas mientras el resto de la cinta era doblada.


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