LA LEGIÓN INVENCIBLE (She Wore a Yellow Ribbon

Película estrenada entre 1949-1951

Director: John Ford. 1949. EE.UU. B/N
Intérpretes: John Wayne, Joanne Dru, John Agar, Ben Johnson, Harry Carey Jr.

Las tribus indias planean unirse para una guerra total contra los blancos. El veterano capitán de la caballería Brittles recibe la orden de evitar las concentraciones de indios, al tiempo que debe escoltar a la esposa y sobrina de su comandante en jefe. Además, ha de impedir que un traficante venda una partida de armas a los indios. Esta triple misión será la última del capitán antes de su jubilación.

Un veterano oficial de la caballería estadounidense a punto de retirarse de la carrera militar tendrá que enfrentarse a su última misión.
De nuevo el dúo Ford/Wayne ofertando un estimable western, que sobresale por sus aspectos técnicos, en especial una colorista fotografía de reminiscencias iconográficas, y la profunda roturación psicológica de sus personajes, al margen de unas escenas de acción magistralmente rodadas.
Aunque la subtrama amorosa importe bastante poco, el miramiento sensible al microcosmos de la caballería, con un John Wayne sensacional (una de sus mejores interpretaciones) eleva a esta película de sus posibles flaquezas de guión.
El contraste entre experiencia y juventud en un ambiente de camaradería contiene todas las contanstes éticas del universo fordiano, inherente a un talante nostálgico en su emocional contemplación, personificado en el personaje focal del filme, referente claro de Ethan Edwards, protagonista de su futuro y esencial Centauros del desierto.

La película nos cuenta la historia del capitán Natahn Brittles en su última semana antes de la jubilación. La historia en sí no es demasiado complicada, un grupo de indios está presto para alzarse en armas contra el ejército y la patrulla del capitán deberá frenar su ímpetu. Como vemos, la historia a simple vista no tiene una gran profundidad, además la resolución de la misma es simple y casi irrisoria, pero la verdad es que toda la fuerza de la película no está en el argumento de western, sino en las relaciones humanas que se pueden encontrar en cualquier sitio, la jubilación de alguien que no sabe hacer otra cosa y la pérdida de lo que más aprecia un militar, la amistad de sus compañeros. Bajo este argumento sencillo pero tremendo en el fondo, John Ford filma una película de una belleza enorme en donde todo lo que pasa, o casi todo, está regido por el corazón. La utilización de la fotografía es magnífica, ofreciendo un technicolor espléndido que ayuda a conseguir ese efecto melancólico que la película desprende.
En las tres películas de la caballería dirigidas por Ford nos encontramos con dos generaciones muy bien retratadas y sobre las que cae todo el esfuerzo narrativo. En esta ocasión son dos generaciones bien separadas en el tiempo. Los jóvenes que empiezan en el ejército y los que ya se jubilan. Esto le da a Ford la posibilidad de retratarlas más fácilmente porque las diferencias son tantas que no hay posibles puntos de unión entre ambas. Entre las tres obras de Ford relativas a la caballería hay una gran diferencia entre los planteamientos de ellas. Si en Fort Apache la juventud y el ímpetu dirigen a los protagonistas al único final posible, en Río Grande tenemos a unos actores maduros en donde las relaciones padre-hijo fundamentan la parte emocional de la película conjuntamente con los reencuentros entre Wayne y O’Hara. En La legión invencible todo sucede mucho más alejado en el tiempo, y aunque la juventud siempre está presente en esas luchas generacionales de Ford, el peso total de la trilogía recae sobre el personaje que Wayne interpreta, que en el caso de La legión invencible es ya un hombre que se jubila y que ha perdido ya a su familia.
Las interpretaciones, como en casi todas las películas de Ford, son impecables, con unos actores que saben lo que tienen que hacer en unos papeles que dominan a la perfección de tantas veces que los han interpretado. En el caso particular de Victor McLaglen es casi como su personaje tipo. La verdad es que una vez que Ford encuentra lo que quiere para un personaje ya no lo cambia, y MacLaglen le da justo lo que quiere e interpreta personajes en muchas películas de Ford, quizás su ascendencia irlandesa le gustaba especialmente a Ford para los personajes de sus películas en las que muchas veces hay algún irlandés, Ford aunque americano de nacimiento era de ascendencia irlandesa. Algo similar al caso de McLaglen es el de Wayne. Ford utilizó a Wayne en La diligencia por primera vez en un papel protagonista de tanta importancia y no le pareció un gran actor, yo tampoco creo que en aquella época interpretara muy bien, pero como todo se aprende, años más tarde en las películas del oeste en las que le dirigió Hawks, Ford quedó sorprendido porque el grandullón (como le llamó) ya sabía actuar (recordemos Río Rojo en 1948). La verdad es que la actuación de esa película queda hasta empequeñecida comparada con la realizada el año siguiente en La legión invencible. En el momento en el que Wayne le dio a Ford lo que quería, sería un actor indispensable para el director. La actuación de Wayne en esta película es una de las tres mejores interpretaciones del actor, sin ninguna duda, quizá acompañando a su interpretación en El hombre tranquilo ésta sea su mejor actuación, aunque ganó un Oscar por otra película, Valor de ley, casi más como una recompensa, porque para nada está al mismo nivel que en las películas antes comentadas. Algo que siempre me llama la atención al ver una película de Wayne (y ésta no es la excepción) es la manera que tiene de pronunciar los nombres de otras personas en la película, les da una importancia tremenda con unas paradas magistrales, la verdad es que es impresionante.

Las interpretaciones de los personajes secundarios, Joanne Dru, John Agar y Harry Crey Jr. están bastante bien y nodesentonan en absoluto, en especial Joanne Dru, que domina su personaje perfectamente. El triángulo amoroso que se establece entre ellos es también muy interesante y está perfectamente plasmado.
Lo mejor de la película es difícil de determinar porque es excelente, pero yo me quedaría tanto con los planos de Wayne en el cementerio en donde está enterrada su mujer, ayudado de la magnífica fotografía de Winton Hoch, dando esa sensación de melancolía tan patente en la película y que ponen de manifiesto cuando recuerdan a los hombres perdidos en la batalla de Little Big Horn al mando del general Custer, o simplemente cuando Quincannon y Brittles recuerdan sus andaduras en el pasado. Por cierto, y hablando de Winton Hoch, es realmente interesante el hecho de que sus mejores trabajos fueron las películas que realizó con John Ford, como Centauros del desierto, El hombre tranquilo, o ésta misma. Una prueba más del talento de Ford, que extraía siempre lo mejor de todos los actores y técnicos con los que trabajaba.
El otro punto fuerte de la película es la amistad entre Brittle y Quincannon, Wayne y McLaglen, una amistad sin fisuras, con respeto y sobre todo con afecto. En este sentido, todo lo que Brittles hace por Quincannon asegurándose de que llegue a cobrar toda su pensión al retirarse, es un magnífico hallazgo. Toda la secuencia, desde que Quincannon se pone la ropa de paisano hasta que sale de la cantina después de la pelea es sencillamente magistral, y cómica además, porque ninguno de los cuatro soldados que entran a arrestarlo puede hacerlo y es la mujer del coronel la que tiene que reprenderlo, acompañado de la ironía final cuando ella les recrimina a los cuatro por ir cuatro contra uno cuando habían sido apaleados por Quincannon. Todo muy entrañable.
Otra cosa interesante es el uso que Ford hace de los decorados, siempre en un segundo plano, sin importarle mucho, ya que lo que realmente quiere retratar es el drama humano y no le interesan los decorados en absoluto, recrear la realidad de las cosas ya no le importa. Qué diferencia entre los decorados de éste fuerte y los que pudimos ver por ejemplo en Fort Apache.
La parte de homenaje a la caballería queda muy patente en el desfile mientras que salen todos en línea del fuerte en unos planos filmados de una manera magistral.
El trato que se hace de los indios no es muy justo, ya que a pesar de haber sido echados de sus hogares, de haberles quitado la caza al exterminar a los búfalos, todavía son ellos los que son retratados como los invasores injustos y carniceros cuando lo que hacían era defender su modo de vida y su territorio. Por fortuna Ford puso remedio a tanta injusticia, en parte propiciada también por él en un alegato final en favor de los indios en la película El Gran Combate
(Cheyenne Autumn).

Otro aspecto clave de la película que tiene mucho que ver con el cine de Ford es el momento en el que Joanne Dru, tras ser reprendida por John Agar se pone a llorar discretamente cuando éste se va y limpia sus lágrimas sobre su falda. Pues éste plano por un director normal se habría filmado con ella haciendo lo mismo que hace para que el espectador lo vea. John Ford lo que hace es retrasar a Wayne de su posición en la fila del grupo para que en un momento magnífico pueda verla e ella llorar. Así nos hace más cómplices de la situación.
Otro punto a destacar es la magnífica aportación al cine que encontró Ford en Monument Valley, lugar en el que rodaría casi todas las películas del oeste que filmó. En esta película aparece aún con más belleza gracias a la fotografía de Hoch.
Con La legión invencible, John Ford filma la segunda película englobada en la magnífica trilogía que dedicó a la caballería de los Estados Unidos, una trilogía que empezó con Fort Apache (1948), y concluyó con Río Grande (1950). El título original está tomado de la segunda estrofa del himno que acompaña los créditos iniciales. Obtuvo el Oscar a la mejor fotografía en color.
La acción se sitúa en 1876, unos meses después de la derrota de Custer, en territorio castigado por los indios. Narra la historia de los seis últimos días de vida militar del capitán Nathan Brittles (John Wayne), que realiza su último servicio: conducir a Soudros Weels a la esposa y sobrina Olivia (Joanne Dru) del mayor Mac Allshard (George O’Brien). En el viaje será testigo de la muerte del vendedor de rifles a los indios. Además, tratará de alcanzar el tercer objetivo de su misión.
La obra constituye un homenaje a la caballería, a la importancia de su misión en la creación del país, a los enormes sacrificios asumidos por sus hombres. El protagonista encarna las virtudes del cuerpo: lucha sin tregua, planea las acciones con inteligencia, las ejecuta con precisión, vela por la seguridad de los hombres y practica la constancia hasta sumar 40 años de servicio. Pese a su fuerza, es un ser humano que lleva en el alma el desgarro de la pérdida de su mujer e hijos, cuya sepultura visita con frecuencia. La próxima jubilación será su último calvario: fuera del batallón no tiene nada. La obra combina momentos épicos (salida del batallón del fuerte, dispersión de los indios, galopadas de Ben Johnson), humorísticos (roces de Flint y Pennell, lo que dice y hace el sargento Quincannon, borrachín y pendenciero) y líricos (visitas del capitán al camposanto). El homenaje a la caballería incluye una apuesta clara por la paz. “Somos viejos para hacer la guerra, pero podemos impedirla”, dice Brittles a Caballo Loco.
La fotografía, en la que Ford puso especial interés, aporta una narración visual deliciosa, ambientada en “Monument Walley”. Ofrece unos celajes magníficos, escenas de acción muy bien construidas y un dibujo bellísimo. Cada fotograma parece un cuadro extraído del museo de Frederic Remington, afamado pintor americano del XIX, inspirador de la estética del filme. La dirección de la fotografía corrió a cargo de Winton Hoch (Centauros del desierto). La música exalta la acción con solemnidad, aporta himnos militares interpretados a coro, melodías suaves (soledad) y festivas (bailes). El guión se basa en el relato “War Party” de James Warner Bellah. La soberbia interpretación de John Wayne, envejecido y encanecido por exigencias del personaje, es una de las mejores de su filmografía. La dirección demuestra sabiduría en el movimiento de actores y en la fluidez de una narración que traspira humanismo.
La película es un antológico western clásico: el que mejor aprovecha las imágenes de las reservas de Utah.


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina