NOCHE EN LA CIUDAD (Night in the City)

Película estrenada entre 1949-1951

Director: Jules Dassin. 1950. EE.UU. B/N

Intérpretes: Richard Widmark, Gene Tierney, Googie Withers, Francis L. Sullivan, Herbert Lom, Hugh Marlowe


Harry Fabián trabaja a comisión como gancho de un club. Pero es ambicioso y sueña con su independencia financiera y para conseguirla no dudará en embaucar al campeón del mundo de lucha Greco-Romana para que se enfrente a su hijo Cristo, que controla la lucha en Londres.

Jules Dassin fue uno de esos directores que se tuvieron que marchar de los Estados Unidos debido a la famosa Caza de Brujas del senador McCarthy. Denunciado, como otros muchos, por sus propios compañeros, se refugió en Europa, donde curiosamente rodó sus mejores pelí­culas (si es que no hay mal que por bien no venga). La primera de ellas fue Noche en la Ciudad, rodada en Londres, y producida por la Fox, con Richard Widmark, y Gene Tierney. En 1992 se realizó un remake del mismo.

Harry Fabian e un “vividor” londinense relacionado con la peor calaña que exista. Sus aires de grandeza le llevan a estar todo el dí­a soñando sobre el negocio perfecto con el cual ganar montones de dinero, y ser alguien en la vida. Endeudado con todo el mundo, hay muy pocos que confí­en en él, salvo su novia, que lo ama a toda costa. Un dí­a, Fabian ve la oportunidad de su vida al conocer a un importante luchador de lucha greco-romana. Intentará convertirse en promotor de lucha libre, y tratará de organizar combates únicos. Pero esta vida es muy perra, y se mueve con un capricho difí­cil de controlar.

Habí­a visto esta pelí­cula muchos hace años, y sólo recordaba que me habí­a gustado, más algunas escenas en concreto, pero nada más. Ahora, que he podido disfrutarla por segunda vez gracias al maravilloso mundo del dvd, ha sido un verdadero placer comprobar que estamos ante una de las grandes del cine negro, ante una de las grandes de Dassi. Un filme, que además te deja un sabor de boca realmente amargo, por su dureza.


Dassin, ayudado por un guión ejemplar, una fotografí­a única, y una interpretaciones de primer nivel, narra una historia de un perdedor, que lo único que puede hacer en la vida para llegar a ser alguien es soñar. Las ilusiones que tiene es lo más cerca que estará del éxito. El filme avanza con una inquietante atmósfera donde se respira todo ese aire de falsas esperanzas, de traiciones, y en la que la noche juega un papel importante. La noche es oscura, como el futuro del protagonista, mientras que el dí­a, sólo presente en el final de la pelí­cula, es algo que parece no llegar nunca, algo anhelado, su luz, su claridad, su limpieza. Junto a la noche, la ciudad, que alcanza otra dimensión en medio de las sombras nocturnas, abre sus más profundos recovecos y escondites, para que cierto tipo de personas se muevan, escondidas, como si nunca existieran. Una ciudad que Dassin retrata maravillosamente, sobre todo sus barrios bajos. El film fue rodado en escenarios naturales, por lo que el realismo en ese aspecto, es extraordinario.

Los actores que desfilan por todo este universo de oscuridad y maldad, son sencillamente magní­ficos. Para empezar, la estrella de la función, y sobre la que Dassin basa su pelí­cula,

Richard Widmark. Sólo él es capaz de interpretar este papel, un perdedor si un sólo rasgo de honestidad, engañando a todo el mundo, y capaz de las bajezas más rastreras a las que puede llegar el ser humano. Sus expresiones son antológicas, su cí­nica e hipócrita risa, inolvidable y única. El espectador es capaz de amarlo y odiarlo al mismo tiempo, de querer que lo maten, y de compadecerse de él.

A su la do, toda una galerí­a de personajes maravillosamente dibujados, salvo quizá el de Gene Tierney, para mi profunda decepción. Serí­a el único punto flojo del filme. Su personaje, aunque importante en la pelí­cula, sale muy poco, está minimamente dibujado, poco desarrollado, y da la sensación de que sólo es el tí­pico personaje femenino, comparsa del masculino, sin otra función más.

Pero para compensarlo con creces, ahí­ están un Herbert Lom casi irreconocible, en el papel de un manager de la lucha libre, con negocios sucios y capaz de todo. Francis L. Sullivan, en el papel más interesante de los secundarios, y el que probablemente tiene las mejores frases, el dueño de un club locamente enamorado de una mujer que lo usa para fines propios. Papel a cargo de Googie Whiters, espléndida como pérfida mujer especialista en engañar a los hombres.

Personajes, todos ellos, al servicio de Dassin y su cámara más una historia de las que no se olvidan. Decir que la pelí­cula tiene una escena de lucha libre en un ring, de una dureza pocas veces vista en un pantalla, y eso que habalmos de 1950, año en el que se rodó el film. La escena es impresionante, no sólo por lo que se ve, si no por lo que representa, tanto para los que la protagonizan, como para los que la presencian.

Una pelí­cula magistral que os recomiendo fervientemente. Dassin tardarí­a cinco años en rodar su siguiente filme, y serí­a el impresionante Rififí­.


En 1992 se realizó un remake titulado La noche y la ciudad con Robert De Niro y Jessica Lange, dirigidos por Irwin Winkler, con una categorí­a considerablemente inferior.


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