UN TRANVÍA LLAMADO DESEO (A Streetcar Named Desire)

Película estrenada entre 1949-1951

Director: Elia Kazan. EE.UU. 1951. B/N,

Intérpretes: Vivien Leigh, Marlon Brando, Kim Hunter, Karl Malden, Randy Bond


Nueva Orleans. Blanche du Bois llega para visitar a su hermana Stella, que vive con Stanley, un hombre rudo y tosco, que le reclama la parte que les corresponde por la venta de la casa familiar. Blanche se verá forzada a reconocer que ya no le queda nada de aquel dinero. Molesto por la elegancia y por los aires que se da Blanche -de neurótica y frágil personalidad-, Stanley se dedica a desenterrar los secretos de su escandaloso pasado, entre ellos el suicidio de su marido y su fama de ser una mujer de la vida. Stanley se regodea especialmente contándole la verdad sobre la refinada y elegante Blanche a su amigo Mitch, que le escucha encantado, se enamora de ella, intrigado por su cultura y sensibilidad. Cuando Stella es hospitalizada a causa de su embarazo, Stanley y Blanche se quedan solos en el claustrofóbico piso. Stanley fuerza a Blanche y precipita su definitivo hundimiento en la locura y su internamiento en un centro psiquiátrico. Stella cogerá a su hijo recién nacido y se irá de la casa, dejando solo a Stanley, que se quedará llamándola a gritos por su nombre.











Elia Kazan bucea en las relaciones de pareja, según la obra de Tennessee Williams, para mostrar -sin ningún tipo de anestesia- un tenso y apasionante ejercicio de sinsabores y verdades escupidas a la cara. Magistrales interpretaciones que se llevaron el Oscar mientras Brando -que se quedó sin la estatuilla- sudaba una camiseta que le encumbró en el Olimpo de los mitos. Imprescindible.

En un principio, Elia Kazan, que ya habí­a triunfado con “Un tranví­a llamado deseo” en Broadway, no deseaba adpatar al cine la célebre obra de Tennessee Williams. No obstante terminarí­a por ceder ante la insistencia del propio Williams, amigo personal de Kazan, realizando una de sus mejores pelí­culas.

El choque entre el realismo exacerbado de Stanley y el romanticismo irreal de Blanche es apasionante. El concurso de Vivian Leigh fue complicado, pero Kazan aprovechó un viaje de la actriz a los Estados Unidos, acompañada por su marido Laurence Olivier, para convencerla.

Marlon Brando, que ya habí­a debutado en el cine con Un hombre de Fred Zinnemann, alcanzó el estrellato de este filme. También hay que destacar las aportaciones de Karl Malden y de Kim Hunter.


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