Director: Elia Kazan. EE.UU. 1951. B/N,
Intérpretes: Vivien Leigh, Marlon Brando, Kim Hunter, Karl Malden, Randy Bond

Nueva Orleans. Blanche du Bois llega para visitar a su hermana Stella, que vive con Stanley, un hombre rudo y tosco, que le reclama la parte que les corresponde por la venta de la casa familiar. Blanche se verá forzada a reconocer que ya no le queda nada de aquel dinero. Molesto por la elegancia y por los aires que se da Blanche -de neurótica y frágil personalidad-, Stanley se dedica a desenterrar los secretos de su escandaloso pasado, entre ellos el suicidio de su marido y su fama de ser una mujer de la vida. Stanley se regodea especialmente contándole la verdad sobre la refinada y elegante Blanche a su amigo Mitch, que le escucha encantado, se enamora de ella, intrigado por su cultura y sensibilidad. Cuando Stella es hospitalizada a causa de su embarazo, Stanley y Blanche se quedan solos en el claustrofóbico piso. Stanley fuerza a Blanche y precipita su definitivo hundimiento en la locura y su internamiento en un centro psiquiátrico. Stella cogerá a su hijo recién nacido y se irá de la casa, dejando solo a Stanley, que se quedará llamándola a gritos por su nombre.










Elia Kazan bucea en las relaciones de pareja, según la obra de Tennessee Williams, para mostrar -sin ningún tipo de anestesia- un tenso y apasionante ejercicio de sinsabores y verdades escupidas a la cara. Magistrales interpretaciones que se llevaron el Oscar mientras Brando -que se quedó sin la estatuilla- sudaba una camiseta que le encumbró en el Olimpo de los mitos. Imprescindible.
En un principio, Elia Kazan, que ya había triunfado con “Un tranvía llamado deseo” en Broadway, no deseaba adpatar al cine la célebre obra de Tennessee Williams. No obstante terminaría por ceder ante la insistencia del propio Williams, amigo personal de Kazan, realizando una de sus mejores películas.
El choque entre el realismo exacerbado de Stanley y el romanticismo irreal de Blanche es apasionante. El concurso de Vivian Leigh fue complicado, pero Kazan aprovechó un viaje de la actriz a los Estados Unidos, acompañada por su marido Laurence Olivier, para convencerla.
Marlon Brando, que ya había debutado en el cine con Un hombre de Fred Zinnemann, alcanzó el estrellato de este filme. También hay que destacar las aportaciones de Karl Malden y de Kim Hunter.