CANDLEJAS (Limelight)

Película estrenada entre 1952

Director: Charles Chaplin. 1952. EE.UU. B/N
Intérpretes: Charles Chaplin (Calvero), Claire Bloom (Teresa “Terry”), Nigel Bruce (Postant), Sydney Chaplin (Neville), Norman Lloyd (Bodalink), Buster Beaton (compañero de Calvero)

Un payaso de edad madura salva del suicidio a una joven bailarina a la que cuida y enseña todo lo que él sabe sobre el mundo del teatro, logrando que triunfe en su profesión. A él, sin embargo, le seguirán calificando de “acabado”.

El cine hecho lágrimas
Como todo gran cineasta que llega al ocaso de su vida, Chaplin nos ofrece sus reflexiones más sinceras en esta melancólica película. Lo que nos es tan normal es que lleguen tan hondo a cualquier tipo de público sin aburrirle en absoluto.
No veo a nadie mejor que él para hablarnos de la bondad, del miedo, de los amores imposibles, del fracaso, y también del éxito, desde el punto de vista de un artista. Se trata de un trabajo muy rico: profundas y elegantes reflexiones sobre la vida; diálogos muy cuidados, tanto en las partes tristes como en las alegres (recuerdo ahora el segundo sueño del principio, cuando el vagabundo le dice a la chica: “Puede usted leer mis memorias en el archivo de la policía”); “gags” mudos a la antigua usanza (memorable el número final); bonitos ballets; excepcional y adecuada música; etc.
Una aclaración final: no verán a Charlot por ningún lado, verán a Charles Chaplin. Porque Chaplin no sólo es comedia, y lo demuestra con este excepcional melodrama crepuscular sobre la vida de un payaso ( interpretado por el propio Chaplin), caído en desgracia, que intenta volver al éxito de antaño. Sin embargo la crueldad se ensaña una y otra vez con el. A punto de desesperar el público parece volver a reconocer su valía, pero ya es demasiado tarde para el pobre Charlie y sus días de gloria se quedarán definitivamente atrás.
Para el recuerdo queda la unión de los dos grandes genios de humor, en un número cómico directo a los anales la historia del cine: Buster Keaton y Charles Chaplin comparten escenario para regocijo del público y de los nostálgicos cinéfilos.



The End
Se acabó. Chaplin fue expulsado de malas maneras de los EE.UU. poco después de rodar Candilejas. Dicen que lo último que vio del país de la libertad fue la estatua de la libertad, desde la parte de atrás del barco que le llevaba de “visita” a su Inglaterra natal, y que en ese momento se le informó de que se le denegaba el regreso.
Acosado por el “McCarthismo” que le acusaba de comunista, por el F.B.I y por la prensa por sus gustos por la gente…por la gente más joven que él (por decirlo suavemente), Chaplin vivía sus horas más bajas. Depresivo, melancólico, enterrado ya por siempre Charlot el vagabundo, consciente de que se la jugaba si volvía hacer una película con tintes sociales, Chaplin se enamora por última vez de una chica de 18 años, a la que da el papel de protagonista en la película.
Para la ocasión, contó con su fiel amigo (adversario en la taquilla y maltratado por el cine con la llegada del sonoro) Buster Keaton, haciendo unas breves apariciones, con uno de los números más tristes que recuerdo (yo es que desde que veo a un pobre viejo borracho entrar en la casa; Chaplin, ya estoy llorando). Dicen que esta película compagina sabiamente la lágrima y la risa, pero no estoy de acuerdo. La melodía que suena constantemente (compuesta por Chaplin y por la que ganó su único Oscars a excepción del honorífico, cuando América se dio cuenta de su error) es una buena muestra de ello.
Chaplin se despide de todo lo que le rodea. Es imposible no ver que es bastante autobiográfica; un hombre que hacía reír a todo el mundo y que vive sus peores momentos, abandonado, borracho y solo, y que trata por todos los medios de salvar a una joven mujer (por no decir chiquilla de 18 años), y de darle ánimos y esperanzas, aunque el ya no disponga de eso en un mundo que le ha olvidado. Pero lo más doloroso para él es soñar con las risas del pasado y despertarse con el silencio del presente. Ya solo actúa en actuaciones de segunda clase, y para darse valor debe beber más de lo aconsejable. Nadie se atreve a decirle que esta acabado, no por respeto a lo que fue, sino por lástima.
Los últimos 10 minutos, con la actuación “cómica” con el otro perdedor, Keaton, y todo lo que viene después es fantástico. Nadie lo dice, pero se entiende; El espectáculo debe continuar.
-¿No odiabas el teatro?
-También odio la sangre, sin embargo corre por mis venas.

Tu llegaste a mí, cuando me voy;
Eres luz de abril, yo tarde gris.
Eres juventud, amor, calor, fulgor de sol;
Trajiste a mí, tu juventud, cuando me voy.

Entre candilejas te adoré,
Entre candilejas, yo te amé;
La felicidad, que diste a mi vivir se fue,
No volverá, nunca jamás, lo sé muy bien.

Pocas veces se podrá ver a un actor interpretar un papel de la forma en que Charles Chaplin interpreta al humorista Calvero en esta gran película; personaje lleno de ternura que trae consigo un importante mensaje: el amor a la Vida. Una película que enamora a quien la vea. Mezcla de ternura, amor, lágrimas y en definitiva, una película llena de vida.


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