Director: Vincente Minnelli. 1952. EE.UU. B/N
Intérpretes: Lana Turner (Georgia Lorrison), Kirk Douglas (Jonathan Shields), Walter Pidgeon (Harry Pebbel), Dick Powell (James Lee Bartlow), Barry Sullivan (Fred Amiel), Gloria Grahame (Rosemary Bartlow), Gilbert Roland (Victor “Gaucho” Ribera), Leo G. Carroll (Henry Whitfield, Vanessa Brown (Kay Amiel)

Magistral obra que bucea en los entresijos de Hollywood y a través de la historia de un imaginario tiránico y manipulador productor de cine (Kirk Douglas) – en cuya figura se detectan trazos de David O. Selznick (Lo que el viento se llevó)
y de Val Lewton (La mujer pantera)-, que, en su momento de declive, pide ayuda a un director (Barry Sullivan), una actriz (Lana Turner) y un guionista (Dick Powell), a los cuales ayudó en la consagración de sus respectivas carreras, pero que ahora le detestan. Años después, los tres le echarán en cara que fue un productor sin escrúpulos, que trató de alcanzar el éxito sin reparar en las personas, a las que traicionaba o engañaba.











El productor Harry Pebbel (Walter Pidgeon) invita a su despacho a la actriz Gloria Lorrison (Lana Turner), al director Fred Amiel (Barry Sullivan) y al guionista James Lee Bartlow (Dick Powell) para proponerles trabajar juntos en un nuevo proyecto de Jonathan Shields (Kirk Douglas), el dominante jefe del estudio con el que los tres han tenido diversos conflictos profesionales y personales.
Obra maestra de Vincente Minnelli, que aborda el tema de las relaciones de poder en el seno de la industria cinematográfica, empleando una óptica cínica y cáustica en la representación de una tipología de caracteres muy significativa en el entramado de Hollywood: la gran estrella glamourosa, el director de éxito y el prestigioso guionista, terceto confrontado con un despótico productor, construido en base a las personalidades de Val Lewton, David O. Selznick y Darryl F. Zanuck.
La estructura narrativa descansa en una serie de “flashbacks” que van definiendo y diseccionando desde diferentes perspectivas la psicología y manera de actuar del personaje central, confluyendo en su desarrollo materias como la megalomanía, la competitividad, la injerencia, la ambición o la ética.
Rodada en blanco y negro, con un presupuesto de millón y medio de dólares de la época, es un proyecto menor, pero con un gran reparto, que gana cinco Oscars y obtiene un gran éxito. Tras no haber conseguido trabajar con ella en Madame Bovary, Minnelli logra que Lana Turner esté espléndida, pero no vuelven a rodar juntos. Y marca el comienzo de su fructífera colaboración con Kirk Douglas. Fuerza a Lana Turner para conseguir que su interpretación sea una sucesión de buenas escenas, y sugiere a Kirk Douglas que emplee su exceso de energía en estar encantador. Ambos aparecen muy bien acompañados por Walter Pidgeon, Dick Powell y Barry Sullivan en los principales papeles.
De las diferentes películas que en Cautivos del mal se ven rodar algunos fragmentos se concede mayor importancia a aquélla donde la protagonista es Georgia Lorrison, bajo la dirección de Von Ellstein. Aunque el preestreno de La maldición de los hombres pantera se hace con Anna Karenina (1935), de Clarence Brown, con Greta Garbo y Fredric March, ésta también es un melodrama en una línea muy similar cuya acción se desarrolla en Rusia. Hay una grúa tan excelente como eficaz durante el rodaje de un plano con Georgia Lorrison y Víctor Ribera, parte de detrás de los actores que trabajan para seguir por la cámara y mostrar a algunos técnicos fascinados por la actuación de la nueva “estrella”
Minnelli se muestra particularmente orgulloso de una escena, que repetirá diez años después en Dos semanas en otra ciudad (1962), la película en gran medida paralela a ésta, también producida por Houseman, escrita por Schnee y protagonizada por Douglas, sobre el trabajo de un grupo de hombres de cine norteamericanos en decadencia en Roma.
Es aquélla donde Georgia Lorrison, tras el apoteósico estreno de su película, va a casa de Jonathan Shields a buscarle, le encuentra con otra y se vuelve desesperada en su automóvil envuelta en llanto y lluvia. Rodada en dos impecables y complejos planos, con el automóvil situado sobre una plataforma móvil, mientras la cámara se mueve a su alrededor, está concebida como un ballet y supone una gran novedad.
En un principio debía haberse llamado “Tribute To a Bad Man”, pero Houseman se da cuenta de que parece un título de “western”. El responsable de la publicidad Howard Dietz sugiere “The Bad and the Beautiful”, claramente inspirado en “The Beautiful and the Damned” la novela de Francis Scott Fitzgerald, a Houseman le parece pretencioso y vulgar, pero termina por aceptarlo.En España se rebautiza con Cautivos del mal, un buen título, pero que no tiene nada que ver con la película.
No sólo es un excelente melodrama, posiblemente el mejor de Minnelli, sino también un interesante documento sobre Hollywood y su manera de hacer cine. El trabajo del productor, el director, el guionista, los actores, queda muy claramente definido. Además tiene un subrayado tono documental al ser Del Armstrong el maquillador de Georgia Lorrison y Helen Young su peluquera, respectivamente maquillador y peluquera de Lana Turner. Se ve cómo trabajan sobre los guiones, eligen el reparto, arreglan problemas de decorados y vestuario, ruedan diferentes escenas, ven proyección de ellas, para conseguir películas acordes con el lema “Nom. Sans. Droit” del anagrama de Shields Pictures, Inc.
Estructurada en tres “flashbacks”, subrayados por las correspondientes voces en “off” de los tres puntos de vista que encierran, más un prólogo y un epílogo que le dan un tono simétrico, se sitúa en la línea que va de Eva al desnudo (1950) a Carta a tres esposas (1949), de Joseph L. Mankiewicz. A pesar de tener unos diálogos tan brillantes como aquéllas, no está tan apoyada en ellos, la imagen tiene una mayor importancia y además juega con mucha audacia con el tiempo al desarrollarse cada “flash-back” en un instante.
Cada uno de los tres “flash-back” define la personalidad de su narrador, da su versión de la de Jonathan Shields, introduce algunos elementos para el desarrollo del siguiente y también constituye el sucesivo escalón dramático. Una moderna y perfecta estructura que Minnelli aprovecha con gran habilidad para dar una nueva faceta de su característico héroe soñador que hace todo lo posible para hacer realidad sus sueños. Con la diferencia de que en esta ocasión, por centrarse la historia en el mundo del cine, es un ambicioso que no duda en aprovecharse de los demás para conseguirlo.
Rodada en largos planos, a veces en complejos planos-secuencia con múltiples movimientos de cámara, Cautivos del mal, narra también tres historias de amor muy diferentes. La feliz del realizador Fred Amiel con su mujer Kay (Vanessa Brown), la infeliz de la actriz Georgia Lorrison con el productor Jonathan Shields y la trágica del guionista James Lee Bartlow con su mujer Rosemary, pero sin subrayarlas, dejándolas en un efectivo segundo plano. Además Minnelli sigue insistiendo en su teoría de que los decorados reflejen la personalidad de los personajes, algo que en esta ocasión queda especialmente claro en el santuario creado por Georgia Lorrison a la memoria de su padre. La actuación de Kirk Douglas es extraordinaria..
Producir películas que acaben con un beso y que hagan ganar dinero
El cineasta norteamericano de origen franco canadiense e italiano Vincente Minnelli firmó está estupenda película sobre el alza y el declive en el mundo del espectáculo cinematográfico, narrándonos con cierto estilo de obras tales como Rashomon de Kurosawa o Ciudadano Kane de Welles, una trama donde se nos habla del ascenso a las alturas y posterior caída en el olvido de un productor de raza, cuyas dudosas acciones en vida le costaron la indiferencia en los momentos difíciles…
Una obra bien narrada, bien fotografiada (Robert Surtees) y bien ambientada, al viejo estilo de Hollywood, justo en aquella época donde estaba de moda contar historias sobre el bello sueño americano inspirado en Holywood…
Así, dos años antes Billy Wilder nos relató una historia parecida en su magistral El crepúsculo de los dioses o Robert Aldrich nos contaría también algo parecido diez años más tarde en su brillante psicodrama ¿Qué fue de Baby Jane?… ).
Todavía recordamos a Jonathan Shields (Kirk Douglas), aquel productor de raza en sus duros inicios, cuando tras la muerte de su padre Hugo Shields, un famoso productor arruinado, tuvo que reinventar la depauperada productora Shields, asociándose con aquel otro productor ejecutivo Harry Pebbel (Walter Pidgeon), buscando las tres figuras claves del éxito cinematográfico; el director, la actriz (y/o actor) con nombre, y el guionista que le proporcionaran el emblema mágico del éxito, fenomenalmente reflejado en aquella consigna que no paraba de repetir a sus empleados; “…no quiero conseguir loas de mi obra, sólo necesito hacer películas que acaben con un beso y que me reporten ping√ºes beneficios…”.
…Y cómo posteriormente irá desmarcándose de las promesas e intenciones iniciales, dejándose llevar por sus agresivas intuiciones y altivo carácter… haciendo las cosas a su manera y sin tener en cuenta los intereses y motivos de los demás… llegando incluso en un alarde de soberbia a jugar el papel de director de sus propias películas y sintiéndose frustrado por el resultado… saboreando las mieles del triunfo y finalmente, escupiendo las heces del fracaso, la soberbia y el olvido en forma de indiferencia,… fiel reflejo de aquel sabio proverbio; “siembra vientos y recogerás tempestades
En cualquier caso una maravillosa película sobre los entresijos de aquel Hollywood sobrevalorado, donde detrás de bambalinas había tanta miseria disfrazada de hipocresía como en cualquier otro campo más profano y menos glamuroso.