Director: Luis Buñuel. 1952. México. B/N
Intérpretes: Pedro Armendáriz, Katy Jurado, Rosita Arenas, Andrés Soler

Don Andrés Cabrera, un rico propietario de varias casas contrata a Pedro como matón para que trate de amedrentar a los inquilinos de una de sus casas, que amenazan con amotinarse. Pedro “el bruto” trabaja como carnicero en un matadero. “El bruto”, al que lo que falta de cerebro le sobra de fuerza, irá a amenazar a los vecinos. Más adelante tratará de recuperar a su antigua novia: Paloma, quien no sabe que su padre murió a causa de una golpiza de Pedro. Esta relación le molesta a la esposa del propietario, con quien bruto también tiene relaciones.

Tercera colaboración entre Buñuel y el productor Sergio Kogan, El bruto fue un proyecto que entusiasmó al director por sus posibilidades expresivas. La historia del matancero Pedro, un hombre elemental y manipulable convertido en una mortal máquina de golpear, guarda más de un punto de conexión con el ambiente y los personajes de Los olvidados (1950).
Al respecto John Baxter, autor de una interesante biografía sobre Buñuel, señala que “existen un buen número de resonancias entre El bruto y Los olvidados, desde la ubicación de ambas historias en barrios de clase humilde, la joven inocente (de nuevo llamada “Meche”), hasta el personaje principal [de nuevo "Pedro"], el bruto del título, quien no se regenera, es puro en su violencia, y es perseguido por la policía.”
El interés de Buñuel por los personajes de la clase trabajadora es expresado por Baxter a partir del comentario de Raymond Durgnat, otro biógrafo de Buñuel. “Buñuel, como muchos pensadores de izquierda, sentía un especial afecto por los herederos de la clase trabajadora que se convierten en agentes de la burguesía; los guardabosques de La edad de oro (1930) y La joven (1960), el mayordomo de El ángel exterminador (1962), el policía, el golpeador a sueldo. En cierto sentido, estos personajes traicionan sus orígenes de clase. En otro sentido, representan la pugna constante de intereses personales en cada miembro del proletariado. O de nuevo, pueden ser vistos como víctimas del “confusionismo” promovido por la cultura dominante.”
Lo cierto es que Buñuel llevó a cabo para esta película un proceso de investigación muy similar al realizado para filmar Los olvidados (1950). Entrevistado por José de la Colina, Buñuel recordaba que “cuando escribíamos el guión fui al rastro de la ciudad de México a las cuatro de la mañana a presenciar una matanza de reses y corderos. Hice amistad con los matanceros y alguna vez fui a tomar pulque con ellos. También los vi trabajar. Uno de ellos, por ejemplo, tenía un gran cuchillo, pasaba un buey y¡zas! el animal caía muerto, sin que el hombre dejara de hablar conmigo [...] daba escalofríos, pero para él eso era pura rutina.”
Sin embargo, a pesar de su interés por la trama y sus personajes, Buñuel se vio obligado a eliminar muchos de los detalles que había planeado incluir en la cinta debido al bajo presupuesto asignado por Kogan y a un plan de rodaje muy apresurado. El bruto fue filmada en tan sólo dieciocho días, un tiempo récord aún para Buñuel, acostumbrado a los rodajes rápidos.
La fría recepción otorgada a El bruto en su estreno redujo el optimismo de Buñuel sobre su sobrevivencia dentro de la industria cinematográfica mexicana. Solicitado por productores franceses, Buñuel comenzó a planear su eventual retorno a Europa, aunque pasarían algunos años antes que abandonara definitivamente al cine mexicano.

La película se inicia con el anuncio de don Andrés (Andrés Soler), del desahucio de un viejo grupo de viviendas de su propiedad. El dueño anda acompañado de unos funcionarios, formándose en el cumplimiento del edicto un considerable alboroto con sus vecinos, entre los cuales cuatro de ellos destacan por su carácter reivindicativo. Es por ello que su propietario atiende la sugerencia de su joven esposa -Paloma (Katy Jurado), y recluta los servicios de un trabajador apodado “el bruto” (Pedro Armendáriz). Se trata de un individuo caracterizado por su simpleza y nula dotación intelectual, que muy pronto aceptará el encargo de su patrón, para amedrentar a estos vecinos reticentes, y logre disuadirles de cumplir el mandato judicial. El bruto actuará con uno de ellos, al que golpea sin saber que se encontraba delicado de salud, sobreviniéndole la muerte. Pero al mismo tiempo, el protagonista duerme en la vivienda de don Andrés, y muy pronto su esposa se sentirá atraída por la virilidad del protagonista.
Como el encargo que le había formulado ya se había llevado a efecto, el patrón ordena que se aleje de la vivienda, enviándole como guarda de una obra. En esta tesitura será rodeado por un grupo de vecinos, dispuestos a hacerle pagar por los estragos cometidos. El bruto logra huir y es ayudado por la hija del hombre a quien mató. Muy pronto se produce una relación de simpatía entre ambos personajes -la muchacha desconoce la responsabilidad de este en la muerte de su padre-. Pero esta circunstancia no será más que el escenario perfecto para que los celos de Paloma estallen con fuerza, provocando con ello que la joven se entere de lo que el bruto provocó a su padre. Los minutos finales de la película describirán tintes de tragedia; el protagonista matará a don Andrés, y en su huída Paloma alertará a la policía para que eliminen al asesino, escondiendo en el fondo un afán de venganza al verse traicionada como amante.
El bruto logra -en primer lugar- combinar los condicionamientos que presentaban las películas dentro del cine popular mexicano, e introducir en ellas las inquietudes de Buñuel. Entre las más conocidas, la recurrencia a la falsa caridad -la reacción de la familia del protagonista pidiéndole dinero cada uno para sus aparentes necesidades, y peleándose entre ellos mismos-, referencias al falso carácter de la redención, con un claro matiz cristiano -el bruto intenta redimirse de su pasado, casándose y cuidando de la hija del hombre al que mató accidentalmente, y llegando a sacrificarse en beneficio de la comunidad contra la que había actuado-. Pero en esta tan divertida -impagable personaje del padre de don Andrés- como en ocasiones reflexiva película, abundan las alusiones de carácter sexual, elementos que el director aragonés introduce con simbolismos como esos filetes de carne que se asan mientras el protagonista devanea con la que poco después será su esposa.
Y dentro de unas patologías bien descritas por la sencilla cámara de Buñuel, destaca por un lado su habilidad para sortear unos actores tan poco brillantes -esa ceja eternamente enarcada de Pedro Armendáriz- mientras que por otro lado resalta la destreza con la que despliega su talento específicamente cinematográfico. Ello se manifestará en una realización muy transparente, caracterizada por la apuesta por planos largos, punteados por una especial querencia para los reencuadres, sin renunciar por ello a fundidos y un sorprendente uso del montaje. Entre estas cualidades, cabe citar secuencias especialmente brillantes, como la que describe la persecución sufrida por el protagonista, por parte de esos vecinos a punto de ser desahuciados, que desean linchar al perseguido. El fragmento demuestra muestra una especial utilización del espacio escénico, con unos ecos notaros del cine negro norteamericano, especialmente centrados en la presencia de sombras.