HORIZONTES LEJANOS (Bend of the River)

Película estrenada entre 1952

Director: Anthony Mann. 1952. EE.UU. Color
Intérpretes: James Stewart, Arthur Kennedy, Julie Adams, Rock Hudson, Lori Nelson

Dos hombres de turbio pasado, Glyn McLyntock y su amigo Cole, dirigen una caravana de colonos desde Missouri a Oregón. Cuando el invierno se acerca, deciden establecer un campamento en las afueras de Portland, mientras Glyn y Cole intentan recuperar la comida y suministros sustraídos por unos corruptos oficiales. En el viaje de vuelta, Cole trama un motín para vender los suministros a un campamento de mineros y así obtener ping√ºes beneficios.

Tras rodar Winchester ’73 en 1950, Horizontes lejanos en 1952 es la primera gran película que Anthony Mann rueda en color dentro del género del western. Viendo las limitaciones que le ofrecía el blanco y negro para poder plasmar con la suficiente fuerza los paisajes de las praderas americanas por las que los “cowboys” campaban a sus anchas sin querer cambiar su modo de vida, con la llegada del color a su cine todo cambia y es donde Mann nos transmite con verdadera intensidad todo el poder de esas vastas extensiones de terreno, maravillándonos con los planos de los ríos, las praderas y las montañas. A este aspecto le dedica una buena parte del tiempo de sus películas, de modo que incluso se recrea por momentos en la belleza de los paisajes. De esta manera podemos entender el estilo de vida de esa gente que huía de la civilización en busca de esos espacios abiertos que lo eran todo para ellos.
El uso del color es algo fundamental en el desarrollo de la carrera de Anthony Mann porque a partir de Horizontes lejanos, el uso del mismo en sus “westerns” se haría fundamental como podemos ver en películas como Colorado Jim (1953) o Tierras lejanas (1954). Más adelante daría un paso más hacia adelante al adentrarse en el uso del cinemascope con El hombre de Laramie (1955), hecho verdaderamente importante porque Mann sería uno de los más grandes directores que ha habido en el uso del cinemascope, manejando todo tipo de situaciones a la perfección y dándole unas bases mucho más amplias y profundas en el uso de la técnica del cinemascope que tan diferente es respecto a lo que se había hecho hasta entonces. Su aportación, innovando y perfeccionando casi continuamente en el uso del scope es impresionante.
El argumento de la película es bastante complejo, al contrario de lo que suele ser habitual en los “westerns” tradicionales, porque están pasando cosas continuamente. James Stewart era un bandido que operaba en la frontera, pero que ha querido empezar desde cero para poder ganarse la vida honradamente. Con tal objeto conduce una caravana de colonos que quiere llegar a las praderas de Portland para establecerse allí y vivir en base a su esfuerzo. Para pasar el invierno necesitan las provisiones que ya tienen compradas en Oregón. El problema es que los suministros tienen ahora un valor mucho más alto que cuando los compraron porque al haberse descubierto oro en las montañas los mineros pagarían cualquier precio por los mismos. Ya que los suministros no llegan al asentamiento de colonos, James Stewart se ve obligado a ir a por ellos, pero la tarea no es fácil porque no les quieren dar los suministros que les pertenecen. Cuando llega al pueblo, Stewart tiene vuelve a verse con dos de sus amigos, Arthur Kennedy y Rock Hudson. Con su ayuda consigue llevarse las mercancías hacia el asentamiento. Durante el camino se producen una serie de situaciones y traiciones que le darán un aspecto moral a la película bastante nuevo y que definirá a los personajes sin ninguna fisura.

La película es quizás junto con Colorado Jim la que ofrece un mayor interés desde el punto de vista humano, porque a pesar de que hablamos de pistoleros que no tienen ningún remordimiento en matar, ahora intentan cambiar sus vidas, y ese dilema que nos encontramos desde el punto de vista moral, le da a la película un interés mucho mayor. La película en este punto tiene tres momentos culminantes que nos darán la medida de hasta que punto cada personaje tiene una verdadera intención de cambiar o no. El primero de ellos se produce en el pueblo cuando los tres se ayudan a escapar del pueblo ante la tiranía de Howard Petrie. Los tres salen airosos, y ese aparente interés que todos mantienen por cambiar sus vidas parece fuera de toda duda. El segundo momento tiene lugar cuando vemos que Arthur Kennedy se tuerce cuando ve que puede ganar una enorme suma de dinero. El tercero de ellos es en el que vemos a Rock Hudson decantándose por el lado más justo. En el caso de James Stewart nunca llegamos a tener la más mínima duda de en qué lado está porque su personaje es el que le da equilibrio a la película y si se mantuviese dubitativo, el resto de personajes perdería interés para el espectador, de modo que manteniéndose firme se consigue una mayor visión de conjunto en la película, además de que así se consigue un final magnífico en el que el dilema moral y ético queda perfectamente resuelto.
Las interpretaciones son magníficas en todos los casos, en especial por la parte de James Stewart y de Jay C. Flippen. Por cierto, está claro que en el tema de los westerns, James Stewart era el actor preferido por Anthony Mann, porque aparece en todas sus grandes películas, aunque no sólo en los westerns, ya que también trabajó con él en Música y lágrimas (1953), por poner sólo un ejemplo de sus múltiples colaboraciones. En cuanto a las actrices principales, tanto Julie Adams como Lori Nelson están magníficas, son actrices poco conocidas pero cumplen perfectamente, aunque sin llegar a la altura de Shelley Winters en Winchester ’73 o Janet Leigh en Colorado Jim.

Por cierto, los tres grandes westerns dirigidos por Anthony Mann e interpretados por James Stewart para la Universal fueron producidos por Aaron Rosenberg y escritos por Borden Chase, por eso hay cierta similitud entre todos ellos. Esta forma de mecanizar equipos para realizar películas es uno de los grandes logros de la etapa de las películas de estudio, porque la profesionalización que se conseguía traía consigo unas películas de una categoría media extraordinaria.
La fotografía de la película es magnífica, y este es un punto que se agradece mucho en el caso de esta película. Mediante los geniales planos que podemos ver en la película de los ríos y llanuras podemos entender que hubiera gente que arriesgase todo lo que tenía para buscar mejorar sus vidas entre la naturaleza, creando nuevas comunidades que puedan moldear a su antojo.
También es muy interesante la manera en la que Mann maneja la profundidad de campo, porque si tiene por ejemplo una caravana pasando de fondo en el plano, siempre hace que algo aparezca en primer plano, un jinete o cualquier cosa que se mueva. Es una dirección muy dinámica y que es clave para que nos apetezca ver sus películas una y otra vez, porque siempre vemos algo nuevo.

Para destacar un par de momentos de la película escogería sin duda esos planos del barco ascendiendo por el río, por lo que implican en la película, y desde luego el final de la película en donde el jefe del asentamiento Jay C. Flippen descubre las marcas en el cuello de James Stewart producidas cuando intentaron ahorcarle, y por primera vez se ve obligado, casi en este caso con admiración, a admitir que un hombre puede cambiar su vida y dejar de ser un bandido si de verdad quiere cambiar.


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