SOLO ANTE EL PELIGRO (High noon)

Película estrenada entre 1952

Director: Fred Zinnemann. 1952. EE.UU. B/N.
Intérpretes: Gary Cooper (Marshal Will Kane), Grace Nelly (Amy Fowler Kane), Thomas Mitchell (Mayor Jonas Henderson), Lloyd Bridges (Sustituto del Marshal Harvey Pell), Katy Jurado (Helen Ramírez), Otto Kruger (Juez Percy Mettrick)

Hadleyville, junio 1865. Los festejos que tienen lugar para celebrar el matrimonio entre Will Kane, un “sheriff” a punto de retirarse, y su prometida, Amy, se ven interrumpidos por la noticia de que el forajido Frank Miller ha sido indultado y llegará en el tren del mediodía con objeto de vengarse de Kane. Su sentido del deber impide al “sheriff” abandonar el pueblo, a pesar de que Amy le asegura que se irá con él o sin él y de que, como no tardará en descubrir, no hay nadie dispuesto a combatir a su lado. Solo y asustado, se prepara para hacer frente a los cuatro forajidos cuando el tren entre en el pueblo. En un prolongado tiroteo, consigue acabar con tres de ellos, mientras que será la propia Amy -a la que Helen, la antigua novia de Kane, ha convencido para que se quede- quien mate al cuarto. Kane, asqueado, arroja al polvoriento suelo su insignia de “sheriff” y abandona el pueblo en compañía de Amy.

Solo ante el peligro es uno de los mejores westerns de la historia del cine, si no el mejor. Aunque ciertamente es un western atípico, carente de escenas de acción, sin tribus de indios, o vistas panorámicas al estilo de Monument Valley…
La película cuenta la historia de un solitario y noble sheriff, abandonado por los ciudadanos del pueblo que ha jurado proteger ante la inminente llegada de un grupo de bandidos. Llegan en el próximo tren sedientos de vengarse del “marshall” que les puso entre rejas… El sheriff Kane, orgulloso y fiel a su obligación, decide plantarles cara a pesar de la insistencia de su joven esposa y de todos sus conciudadanos que le sugieren que huya. “Cariño, he estado pensando, me están haciendo huir. Yo jamás he huido de nadie…”.
La historia que se narra en la pantalla tiene una duración aproximada (105 min.) a la duración de la película (85 min.). Esta genial correlación de tiempos es obra del director Fred Zinnemann, que logra generar ansiedad a base de tomas continuas del reloj… El rodaje del filme duró algo más de un mes.




Desde luego se trata de Gary Cooper por excelencia. Ganó el segundo de los tres Oscar a mejor actor de la Academia de Hollywood. Fue el único Oscar de la película aunque fuera nominada a mejor película, mejor director y mejor guión. Tal vez mereció mayor premio. Sólo ante el peligro no hizo sino agrandar la figura del mítico Gary Cooper, tan querido por el pueblo americano. El marshall Will Kane se recordaría desde entonces como el héroe clásico del western americano.


El excelente guión de la película es cosa de Carl Foreman, y esta basado en una historia titulada “The tin star” de John W. Cunningham. La película resultó ser el primer gran papel de Grace Kelly -como Amy Fowler, la joven esposa del sheriff Kan- acto seguido convertida en una gran estrella. Quizás se trate también de una de las mejores películas de Zinnemann -nominado al Oscar en esta ocasión- junto con la que rodaría poco después, De aquí a la eternidad (1953), mencionar la presencia en el reparto del emblemático Thomas Mitchell.

No recuerdo una sola película de menos de hora y media que tenga una densidad psicológica y emocional tan grande de entre toda la historia del cine. La verdad es que la intensidad de la película es terrible casi desde el comienzo, porque aunque no pasa nada relevante en los 5 primeros minutos, me refiero al aspecto de intensidad dramática, los siguientes minutos son extraordinarios. El comienzo con la boda para nada hace entrever la tensión que viviremos en la película a partir del momento en que llegan a la estación de tren los tres pistoleros, vemos el pánico del encargado de la central cuando le preguntan por la llegada de Frank Miller, la sola mirada del encargado de la estación al oír ese nombre es muy reveladora, una mirada intensa y llena de inquietud. Ese primer plano de su cara es excelente. Aunque la parte dramática empieza entonces porque es cuando los habitantes del pueblo empiezan a temer lo peor, la verdad es que el desarrollo dramático ha empezado antes, cuando al comienzo de la película y sobre la canción “Do not forsake me, oh! my darling”, vemos a un pistolero esperando a alguien, a dos pistoleros que se dirigen a la estación para esperar a su jefe.

Si tuviera que definir a la película con tres palabras yo utilizaría estas: ritmo, intensidad y precisión. Ritmo porque lo que desde luego no falta en la película es ritmo, en el caso de esta película un ritmo casi asfixiante, en Zinnemann es uno de sus puntos fuertes, no quiero decir con ritmo que la película vaya a toda velocidad (en el caso de esta película sí) sino que el director sabe manejar perfectamente la velocidad a la que debe llevar su película para mantener en todo momento al espectador pendiente de lo que está pasando sin que se produzcan altibajos que entorpezcan la fluidez narrativa. En el caso de Zinnemann el ritmo narrativo es excepcional en sus películas, porque es capaz de saber qu√â tipo de ritmo debe llevar cada película a la perfección, de ese modo mientras en Solo ante el peligro el ritmo es tremendamente rápido, en Un hombre para la eternidad (1966) el ritmo es el opuesto, ideal para que podamos comprender las encrucijadas morales a las que Paul Scofield tiene que hacer frente, pero no sólo sabe el ritmo que debe llevar su película sino que luego sabe llevarlo a cabo.
Otro factor importante de la película es la precisión con la que cada secuencia sucede a la anterior, pero la cosa no se queda ahí, porque gracias a la labor de montaje llevada a cabo por Elmo Williams, cada plano de la película consigue aunar esfuerzos en colaboración con la banda sonora de Dimitri Tiomkin, en pos de una intensidad dramática creciente, la utilización del plano de duración justa para cada momento es una de las partes fuertes de la película. Para ayudar a situar al espectador en cada momento Zinnemann se vale de la utilización de un reloj de pared que nos va indicando en cada momento lo que falta para el momento importante, lo que es realmente increíble es que Zinnemann mantiene la inquietud del espectador cuando aún falta más de una hora para la llegada del ten, lo que da una idea de la gran intensidad que se refleja en toda la película.



Pasemos ahora a lo que son las interpretaciones. Por un lado tenemos a la pareja protagonista, Gary Cooper y Grace Kelly. Gary Cooper está colosal, ningún otro actor del mundo podía haber dado la dimensión que le da a su papel, esa indefensión y miedo que demuestra en muchos momentos de la película (no la podría dar John Wayne y yo creo que tampoco James Stewart), unido a saber cuál es su deber y lo que debe hacer, que quedan patentes en varios planos cortos de su cara en donde muestra una enorme expresividad, hacen de él el actor ideal para la película. Todo lo que tiene que decir el personaje es capaz de mostrarlo con un gesto. Impecable, una de las mejores actuaciones de la historia del cine. En cuanto a Grace Kelly, evidentemente tapada un poco por la interpretación de Cooper, el director la muestra como ningún otro director haría hasta que llegó Hitchcock, con una belleza natural irrepetible que es del todo necesaria porque así podemos ver lo que Cooper está a punto de sacrificar con tal de hacer lo correcto. Los secundarios espléndidos también, desde Lloyd Bridges hasta Thomas Mitchel. Y desde luego la actuación de Kathy Jurado es sensacional porque transmite perfectamente el riesgo de la situación que corre el Marshall sin caer en una sobreactuación tan típica de papeles hispanos. En fin, un reparto de magníficos actores que interpretan sus personajes sin fisuras, y en el caso de alguno, en la mejor interpretación de su carrera (Gary Cooper).
Como bien decía antes, la música es otro factor clave de la película, porque la composición de Dimitri Tiomkin es muy brillante, no es demasiado vistosa a excepción de la canción “Do not forsake me oh! my darling”, pero la verdad es que es muy efectiva, ayudando a generar esa atmósfera tensa y agobiante que es tan importante en la película. Si hay un especialista en composiciones para películas del oeste, éste es sin duda Dimitri Tiomkin.

Hay dos momentos en la película que nos dan la verdadera magnitud de esta obra, y que dejan claro que estamos hablando de una obra maestra indiscutible. Teniendo en cuenta la tensión de la película resulta muy difícil creer que en momentos puntuales se pueda incrementar drásticamente esa tensión. Pues así es, hay un momento durante la película cuando Cooper no encuentra a nadie para ayudarle en el que al llegar al bar y escuchar al barman decir que ahora se iba a enterar el marshall de lo que es bueno, en el que Cooper pierde los nervios y le da un puñetazo, qué prodigio, qué momento tan dramático ver hacer al marshall todo contra lo que ha estado luchando para conseguir que su pueblo sea seguro y civilizado. Pero aún hay más, porque a pesar del talento de la escena, al final de la película hay un momento en el que vemos la cara de Cooper en primer plano con un gesto de indefensión enorme porque no ha conseguido que nadie le ayude contra los cuatro pistoleros. Pues bien, de ese plano corto tremendo de su cara (menuda expresividad) que dura unos segundos y que Cooper aguanta de manera brillante, se pasa a otro plano en el que le vemos de perfil, un plano que se va abriendo mediante un “travelling” en grúa de la cámara, y poco a pocos vemos a Cooper, sólo en las calles del pueblo, no queda nadie, está sólo ante el peligro. Es una escena (la forman dos planos) que recuerda mucho al plano famoso de Cantando bajo la lluvia, a uno de los planos finales de Ciudadano Kane, pero para mí es superior porque esa escena sola refleja la totalidad de la película, genial. No se trata de un único plano como en el caso de las otras dos películas porque si se continúa abriendo el plano desde el primer plano de la cara de Cooper, su interpretación pierde fuerza, es como si se diluyese, de la manera que lo filma Zinnemann tenemos un primer plano de la cara de Cooper que el que se encarga de transmitir toda la fuerza, con la cámara inmóvil porque cuando la cámara se mueve es para decir algo, y ahí el que tiene que decirlo todo es el rostro de Cooper y no la cámara. Después corta y pasa a otro plano en el que la cámara ya hace ese movimiento hacia atrás para transmitirnos la soledad de una persona que no ha encontrado a nadie que le ayude. Si me tuviera que quedar con 10 escenas de la historia del cine, ésta sería una de ellas, seguro. El cine es lo que es gracias a éstos momentos. Y hablando de momentos, el plano final cuando mientras abraza a Grace Kelly (la única persona que le ayudó), mira hacia las personas del pueblo con un desprecio increíble y tira su placa con el mismo desprecio que ellos han mostrado hacia él, en un plano de gran simbolismo.
Pensar que la película pasó a la historia por ser la primera película del oeste en la que el héroe tiene miedo, con todo el cine que hay detrás, es increíble. No es que sea un comentario erróneo, pero desde luego no araña ni tan sólo la superficie de esta película tan extraordinaria.


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