CÓMICOS

Película estrenada entre 1953-1954

Director: Juan Antonio Bardem. 1954. España. B/N

Intérpretes: Elisa Galvé, Fernando Rey, Emma Penella, Rosario Garcí­a Ortega, Mariano Asquerino, Carlos Casaravilla, Rafael Alonso, Manuel Arbó, Matilde Muñoz Sampedro


Ana, una joven actriz teatral con deseos de triunfo llamada Ana Ruiz (Elisa Galvé), relegada a papeles secundarios, podrá lograr su sueño de convertirse en protagonista de una nueva obra. El único obstáculo para conseguir su objetivo es que el empresario promotor de la obra, Carlos Márquez (Carlos Casaravilla), desea que Ana, enamorada de Miguel (Fernando Rey), se convierta en su amante.


Anticipando lo que iban a confirmar las decisivas conversaciones de Salamanca de 1955, que en definitiva resultarí­an decisivas para la consolidación de una nueva generación de cineastas, la pareja protagonista de aquel manifiesto, (Bardem-Berlanga), ya llevaban en su cuenta particular tí­tulos tan decisivos para el cine español como Esa pareja feliz (1953) codirigida por los dos, o Bienvenido Mr. Marshall (1953) en la que Juan Antonio Bardem colaboraba como guionista.

A partir de este momento, las carreras de ambos, se separarán definitivamente, como hecho natural a sus diferentes puntos de vista, si no tanto de fondo, quizás si de forma.

De esta manera, en 1954, Bardem, dirige su primer largometraje en solitario Cómicos, que a la postre, vendrá a ser un homenaje en tono realista al mundo del teatro. Un mundo en el que se habí­a criado, al pertenecer a una familia de actores.

A modo de documento, trata de exponer las grandezas y las no pocas miserias de tan inestable y poco reconocida profesión. Desde las penurias económicas, la renuncia a la estabilidad sentimental, los celos profesionales, o la habitual promiscuidad, por no llamarla directamente prostitución, a la que se ven obligados algunos principiantes. Todo ello, por una vida diferente, por una paradójica libertad, y en la que la mayor recompensa resulta el halago a la vanidad, en un inmediato pero efí­mero reconocimiento de su trabajo, a través del aplauso.

Bien por ser su primer filme, bien por lo entrañable del tema, aunque la exposición no deje de ser concluyente, sí­ que contrasta con sus trabajos posteriores, “Muerte de un ciclista”, Calle Mayor (1956), en los que la contundencia llega a un discurso de verdadera dureza crí­tica. Aquí­ pues, en la descripción de un mundo, al que, a todas luces respeta y ama, prevalece la condescendencia y la comprensión. Incluyendo la benevolente redención por amor a la profesión.

Seguramente Cómicos no se pueda considerar el mejor trabajo del director. Con un excelente guión, técnicamente adolece de un estilo más concreto, flirteando entre imágenes realistas, planos expresionistas o escenas oní­ricas.

En cuanto a los actores, todos procedentes del teatro como era habitual, quizás pequen de sobreactuación. Aunque a pesar de esto, se puede asegurar que Cómicos preludia lo que será una brillante primera parte en la carrera de su director, con una serie de obras personales y definitivas.

Lo que puede parecer una crí­tica exigente de su primer filme, a la vista de lo que derivó la carrera de Bardem a partir de los años 60, no cabe duda que la convierte en una piedra angular de su filmografí­a y por extensión del nuevo cine español.


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