Director: John Sturges. 1954. EE.UU. Color
Intérpretes: Spencer Tracy, Robert Ryan, Anne Francis, Walter Brennan, Ernest Borgnine, Lee Marvin, John Ericson

1945, un hombre misterioso con un solo brazo, llega a la desolada ciudad de Black Rock. Su nombre es John MacReedy (Spencer Tracy) y busca a Joe Komaco, un granjero japonés cuyo hijo le salvó la vida en la guerra. La gente del pueblo se comporta de forma muy extraña, y las preguntas que MacReedy realiza a propósito de Komaco no reciben respuesta. Es evidente que ocultan algo, lo que despierta la curiosidad del extranjero, dispuesto a desvelar el terrible secreto que esconde Black Rock.

Una de las mejores obras de John Sturges, basada en un relato corto de Howard Breslin (“Bad Day at Hondo”). Obtuvo tres nominaciones a los Oscar (actor principal, director y guión). Ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes.
La acción tiene lugar en un día de 1945, acabada la II Guerra Mundial. Narra la historia de un hombre maduro, John J. Macreedy (Spencer Tracy), manco, bien trajeado, jubilado, que llega a la localidad perdida de Black Rock con el objeto de cumplir una última misión. Es recibido con sorpresa y hostilidad creciente. La película muestra cómo las actitudes racistas y xenófobas pueden desencadenar tragedias personales y colectivas, injustas y rigurosamente punibles. Los prejuicios y la intolerancia que las informan no tienen sentido, carecen de justificación, se alimentan de odio y engendran odio, inseguridad y angustia. Se muestra una comunidad en la que el imperio de la ley ha sido desplazado por grupo de granujas a las órdenes de Reno Smith (Robert Ryan), un desalmado que mantiene a los convencinos sometidos a su capricho y aislados del exterior. La presencia del forastero desestabiliza el precario equilibrio de dominación y sometimiento que rige al amparo del miedo. Su lucidez, astucia, valentía y su rechazo del miedo, ponen en evidencia la debilidad del impostor. Son escenas memorables del filme la lucha a golpes de Coley Trimble (Ernest Borgnine) contra Macreedy, la defensa de éste frente a Reno en una noche cerrada, el hostigamiento del jeep que conduce Macreedy por parte de Coley y la convincente denuncia de la debilidad de Reno por parte de Macreedy al haber confiado en cómplices en los que anida la traición.



La música suena con fuerza y solemnidad, interpretada por una orquesta de viento y percusión. La fotografía hace uso de encuadres excelentes, escenas nocturnas iluminadas con sabiduría, un discreto recurso a la “noche americana”, planos medios bien centrados en la pantalla de cinemascope y los travellings excepcionales de la presentación del tren. El guión hace una excelente descripción de personajes, con espcial atención al protagonista. La interpretación de Tracy es extraordinaria, está muy bien en su papel de malvado el siempre sobrio Robert Ryan. Les acompaña un elenco de grandes actores (Lee Marvin, Walter Brennan, Ernest Boorgnine, etc.) y la simpática Anne Francis. La dirección desarrolla el descubrimiento del secreto de Macreedy y el hostigamiento al que se ve sometido, de modo pausado y gradual, con lo que enriquece el filme y absorbe al espectador.
La película, pausada y solemne, denuncia el sinsentido del racismo, la xenofobia y la tiranía. Exalta la resistencia al miedo y el imperio de la ley. Dotada de grandes virtudes técnicas, resulta grata de ver y oír. Convence y emociona.
A un pueblo aislado del suroeste de los EE.UU. llamado Black Rock llega un forastero en tren tras cuatro años en que nadie había arribado a la ciudad.
El visitante se llama John J. MacReedy (Spencer Tracy), un hombre manco de madura edad que busca a un granjero japonés llamado Komoko.
La escasa población del pueblo lo recibe con desprecio y malos modos, haciéndole la vida imposible para provocar su marcha, pues no quieren que descubra un terrible hecho acaecido en la localidad hace unos años. MacReedy no se marchará hasta que encuentre a Komoko.
Apreciable título de John Sturges que critica y denuncia la xenofobia y el racismo de parte del pueblo estadounidense, centrada aquí en la acumulada contra los japoneses tras el ataque a Pearl Harbor.
Con un fenomenal plantel de actores, Conspiración de silencio es un filme conducido con soltura y tensión por Sturges, que consigue mantener el interés de esta historia de maniobras intrigantes de denuncia social.
La película, aunque no desarrolla muchos de sus personajes, pues el mensaje del relato se hace en la exposición de las situaciones creadas, más que en los que las crean, es un válido ejemplo de acusación antirracista, que amalgama elementos clásicos del western con retazos de thriller.
De las mejores películas de Sturges. Perfectamente rodada y con un fantástico uso del cinemascope, es un ejemplo (el mejor posiblemente) de la artesanía del director. Todo parece simple. Pero todo está perfecto, con economía (tanto la realización como el guión), pero logrando retratar perfectamente el odio, la sensación de cerrazón y fanática xenofobia del pueblo, consiguiendo hacer partícipe al espectador de la encerrona en la que se encuentra el protagonista. Y todo ello con una historia con muchísima intriga que engancha por su desarrollo y, sobre todo, por un punto de partida colosal: un tren para en un pueblecito por primera vez en cuatro años y un hombre se baja. Nadie lo quiere allí pero él, lejos de marcharse, comenzará a hacer preguntas.

