CRIMEN PERFECTO (Dial M for Murder)
Director: Alfred Hitchcock. 1954. EE.UU. Color
Intérpretes: Grace Kelly (Margot Wendice), Ray Milland (Tom Wendice), Robert Cummings (Mark Halliday), John Williams (Inspector), Anthony Dawson (Swan)
Margot Wendice, una mujer de buena posición social, está casada con Tony, ex-jugador de tenis, pero mantiene relaciones con Marck, un amigo de la familia y escritor de novelas policíacas negras. Cuando Marck regresa de un viaje, Margot le dice que deben finalizar sus relaciones porque la situación de su matrimonio ha mejorado y también porque alguien ha robado sus cartas y está siendo chatajeada.
Tony Wendice (Ray Milland) quiere asesinar a su esposa Margot (Grace Kelly) para conseguir su dinero. Chantajea a un antiguo conocido para que entre en la casa en su ausencia y estrangule a Margot cuando ésta reciba una llamada telefónica. Sin embargo, el plan falla, y es ella la que mata a su asesino. Ella pasa de ser víctima, a ser sospechosa de asesinato.
Otra obra mayor de Hitchcock, todo un prodigio de calculado guión y preciso manejo del tempo narrativo. Del mismo modo que en La ventana indiscreta, Hitchcock consigue, con apenas una habitación como escenario, un filme que desborda por su estilo y talento, además de conseguir intrigarnos hasta límites que sólo él supo hacernos llegar.
Un jugador de tenis arruinado y sin dinero, Tom Wendice, temiendo que su esposa, que posee una gran fortuna, le abandone por Mark Halliday, un apuesto novelista americano, proyecta asesinarla para hacerse dueño su herencia. Utilizando el chantaje, convence a un aventurero que se encuentra en apuros para que estrangule a su mujer en el momento en el que el esté en un lugar público en compañía de su rival, consiguiendo así una coartada irreprochable. El crimen distará mucho de ser perfecto, pues Margot se defiende con todas sus fuerzas del agresor, logrando abatirle con una tijeras después de una violenta lucha. El marido no hará nada por evitar que su mujer sea condenada a muerte por asesinato. Por el contrario, dispondrá todas las pruebas de modo que la policía piense que su mujer fingió el estrangulamiento después de haber matado a Swan, que aparentemente la hacía víctima de un chantaje.



El poderoso Jack Warner adquirió los derechos de una exitosa obra teatral de Broadway titulada Dial M for Murder para que Hitchcock la trasladara, con su virtuosismo habitual, a la gran pantalla, permitiéndole al mismo tiempo lanzar una nueva atracción para el público: las gafas de visión tridimensional, que proporcionaban al espectador la visión detallada y en relieve de las tijeras con las que Grace Kelly mataba a su potencial asesino, entre otras cosas. El resultado fue una película muy entretenida, en apariencia intrascendente, pero que el tiempo ha convertido en uno de los filmes más infravalorados de su director y en una de las más ejemplares muestras de su clásico, único e inimitable suspense.
Fotografiada en color por su habitual Rodert Burks, con un fantástico guión del propio Hitchcock y una estupenda música de Dimitri Tiomkim, la película (que transcurre casi en su totalidad en un salón) está narrada de forma maestra, con unos magníficos movimientos de cámara que parecen conceder mayor amplitud al espacio único y que aprovecha todas las posibilidades dramáticas que ofrecen objetos tan cotidianos como unas medias, una llave, una lámpara o un bastón, que cobran una especial importancia en esta película. De ese modo la trama funciona a la perfección (podría escucharse sin imágenes o verse sin sonido y ser comprendida perfectamente), siendo la primera hora de metraje un perfecto mecanismo de relojería que alcanza momentos memorables, especialmente en las escenas paralelas al asesinato, para descender levemente hacia el final del filme… todo ello junto con las estupendas interpretaciones de Ray Milland, en el clásico papel hichcockiano de ciudadano medio con un intenso lado oscuro, y la fría y fascinante Grace Kelly hacen de Crimen perfecto una gran película que el tiempo elevará justamente a los primeros puestos de una filmografía tan completa como la de Hitchcock.

En 1998 se realizó un “remake” drigido por Andrew Davis y protagonizado por Michael Douglas, Gwyneth Paltrow y Viggo Mortensen. Mediocre.
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