LA VENTANA INDISCRETA (Rear Window)

Película estrenada entre 1953-1954

Director: Alfred Hitchcock. 1954. EE.UU. Color

Intérpretes: James Stewart, Grace Kelly, Wendell Corey, Thelma Ritter


Un reportero fotográfico (James Stewart), temporalmente inválido, obligado a permanecer en reposo con su pierna escayolada, y a veces acompañado por su bella novia (Grace Kelly) y su enfermera (Thelma Ritter), procura escapar al tedio de su convalecencia espiando con unos anteojos desde la ventana de su apartamento el otro lado del patio. Allí­, en ese espacio interior, numerosos vecinos desarrollan fragmentos de vida que el reportero recoge puntillosamente con ayuda de sus prismáticos. Pero debido a una serie de pequeñas acciones, el reportero mirón comienza a sospechar de un vecino ante la súbita desaparición de la mujer de éste…





Hitchcock, cuando rodó esta pelí­cula, ya se habí­a trasladado de Inglaterra a EE.UU. Esta es una cinta de las más representativas de su cine.

Este filme es una muestra una de las facetas de su cinematografí­a más recurrente, el de “voyeur” -mirón- que es lo que hace Jefferies -James Stewart-. También todas las historias de los vecinos y la historia personal del protagonista que se complementa con los personajes secundarios: la enfermera, la novia y el director del periódico donde trabaja. Estos van desde la incredulidad total a verse imbuidos por completo en la trama argumental.

Nos muestra un hecho normal, como puede ser romperse la pierna, y va “in crescendo” hasta el desenlace. Al protagonista le distrae y más adelante le motiva el fisgonear en la vida de los demás y ve el asesinato en el que se involucra hasta el final.

Tiene el matiz de “voyeur” -presente en toda la filmografí­a de Hitchcock-. El director siempre decí­a que “no se podí­a ser un buen director si no te interesaba la vida de los demás”.

Los vecinos nos los muestra desde el amanecer hasta la noche; esto incide en la técnica y la luz de cada una de las escenas.

El empleo de ruidos naturales como telón de fondo es importante. La casa de vecinos está situada en una calle de mucho tráfico, si bien nosotros no lo vemos, lo intuimos por el ruido que va en consonancia con las horas del dí­a.

1.    Un compositor: se oye su serie de partituras.

2.    Una bailarina: oye música y hace ejercicios mientras limpia.

3.    Un grito que escucha Jefferies, sentado junto a la ventana, con la pierna enyesada y unos     prismáticos.

4.    La inquilina del bajo que invita a alguien imaginario y que al escuchar la música de arriba le salva de un suicidio.

5.    Hitchcock sustituye el asesinato por el grito.

Es importante el “travelling” que hace en un giro de 360º del vecindario en la primera escena. Condensa la historia de la trama argumental en un patio de vecinos, pero cada vez más cerrado y denso y psicológicamente más fuerte.

Nos va dando resortes para fisgonear en la vida de los demás, a través de la cámara suya y la del propio fotógrafo. Así­ da una doble visión, la del director y la subjetiva de Jefferies.

Un “travelling” saltando de un piso a otro, un helicóptero encima de la terraza donde dos chicas se quitan la ropa para tomar el sol, una escena en picado del perro que baja a hacer sus necesidades.

También el montaje corto para dar más intensidad psicológicamente y para dar más ritmo a la pelí­cula.

Una de ellas es el final cuando el fotógrafo se defiende del asesino y lo deslumbra con el “flash” y aparece la escena de color sepia como si la cinta se hubiese quemado de los “flashes”. El empleo de la luz y la sombra; oí­mos como el malo sube por la escalera; cuando abre la puerta y enfoca los ojos del asesino y la conversación en penumbra, y 5 disparos de flash.

El personaje es un periodista con curiosidad innata y eso se lo critica la enfermera (Thelma Ritter) mientras masajea, pero luego ella misma baja a desenterrar la persona asesinada y se inmiscuye por completo. También con su novia -Grace Kelly-, que finalmente es la que desentrama todo y descubre al asesino, que confiesa.

Franí§ois Truffaut tiene un gran libro con conversaciones con Hitchcock. A él mismo le gustaba aparecer en sus pelí­culas al menos en alguna escena. Es misógino, dándole un halo muy particular a la mujer, como frí­a y siempre en un segundo plano. Casi siempre busca a una mujer rubia, sofisticada, contraste enorme con las figuras masculinas, ellas siempre en un papel secundario, en esta pelí­cula esto es muy evidente.

Grace Kelly es la rica, sofisticada, utilizando un vestuario muy cuidado y se une a un hombre inestable, sin seguridad económica y muy viajero. Dicotomí­a que contrasta mucho en todas sus pelí­culas. Tení­a fama de ser una mujer muy frí­a, pero Hitchcock estaba fascinado con ella y se dice que mantuvieron un romance.

Hitchcock tení­a fama de ser duro en los rodajes, haciendo repetir las escenas a la perfección y no daba lugar a la improvisación de los actores.



Utilizaba todos los recursos cinematográficos a su alcance. Usa estereotipos para presentar el tema. Él era inglés y comenzó en Inglaterra y aunque marchó a EE.UU. -donde acabó nacionalizándose-, siguió muy cercano del cine inglés y aprendió mucho del cine expresionista alemán, principalmente del uso de las sombras.


Adaptación de un relato corto de Cornel Woodrich, que le sirve al maestro Hitchcock para ofrecer un ejemplar ejercicio de voyeurismo (casi en un autohomenaje, pues Sir Alfred se consideraba un incontinente mirón) que no es más que un refinado tributo al cine y al cinéfilo, partí­cipe desde la mirada irónica del director británico de las diferentes y cotidianas intrahistorias de un diverso muestrario de caracteres, como una escultural bailarina, un matrimonio que alivia su calor estival durmiendo en el balcón, un viajante y su doliente esposa, la infeliz señorita corazón solitario, un músico sin mucho éxito o una fogosa pareja de recién casados.

Esta singularidad no menoscaba el excelente material de misterio y suspense, con un trasfondo latente de tipo sentimental, que esta gran pelí­cula desarrolla, empleado como McGuffin para ofertar la composición anteriormente citada.

El filme, claustrofóbico y absorbente, presenta una gran interpretación de James Stewart, acompañado por la rubia favorita del director, Grace Kelly, siempre refinada en sus modales y apariencia (vestida en esta ocasión por la omnipresente Edith Heath), sin olvidar el trabajo de Thelma Ritter y Raymond Burr, secundarios de lujo para cualquier producción cinematográfica.

La tensa narración hitchcockiana, puesta en escena en un reducidí­simo espacio, la magní­fica utilización del tempo como expositor de la situación de suspense o la brillante fotografí­a de Robert Burks hacen de este tí­tulo uno de los mejores trabajos del inigualable autor inglés.


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