SABRINA

Película estrenada entre 1953-1954

Director: Billy Wilder. 1954. EE.UU. B/N

Intérpretes: Humphrey Bogart, Audrey Hepburn, William Holden, Walter Hampden, John Williams, Martha Hyer, Ellen Corby


Adaptación de la obra de teatro “Sabrina Fair”, escrita por Samuel Taylor, y protagonizada por Audrey Hepburn, Humphrey Bogart y William Holden. Estuvo nominada a seis Oscar, entre los que estaban al mejor director, a la mejor actriz principal (Hepburn) y al mejor guión adaptado, pero finalmente solo ganarí­a el de mejor vestuario. Sabrina es la hija del chófer. Desde lo alto del garaje, Sabrina ve como los Larrabee viven una vida de fiestas y lujo. Es una jovencita enamorada del hijo pequeño, David. Por despecho intenta suicidarse, pero la llegada del hijo mayor, Linus, lo impide. Deciden enviar a Sabrina a Europa para que olvide y se forme. Y al cabo de un tiempo vuelve. La larva se ha convertido en una maravillosa mariposa…

 









Esta pelí­cula es una comedia romántica al uso, que destaca en primer lugar por su inmejorable reparto, encabezado por Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y William Holden.

Dirigida magistralmente por Billy Wilder, narra la historia de un amor, primero platónico, y más tarde real, entre la hija del chófer de una acaudalada familia americana, los Larrabee y los hermanos Larrabee.

El argumento es pura burbuja, bastante simple en su estructura, pero en donde se deja entrever la mano siempre brillante para la comedia de Wilder, aunque no es ésta una de sus mejores obras.

Toda la cinta rezuma un constante ambiente de ese “glamour” que ya no se ve hoy en dia, al cual contribuye de un modo decisivo el magní­fico vestuario realizado por la oscarizada Edith Head y Hubert de Givenchy.

En cuanto a los actores, desde mi punto de vista, Audrey y William Holden bordan sus interpretaciones, pero es en Bogart donde encuentro el fallo de reparto. Prácticamente inexpresivo y completamente fuera de su hábitat interpretativo natural -el cine negro-, hubiese quedado mucho mejor un Cary Grant como Dios manda en el papel de Linus Larrabee -le ofrecieron el papel, pero no quiso o no pudo hacerl-).

Por lo que se refiere al remake de la cinta acometido por Sidney Pollack, resulta bastante fiel al original y se adapta a los tiempos actuales sin perder ese aire de refinamiento y elegancia tan propia de su predecesora. Personalmente prefiero a Harrison Ford a Bogart, a pesar de la calidad reconocida de este actor,y, desde luego, Audrey es incomparable, por lo que podemos dejarlo en que Julia Ormond lo hace bien sin intentar comparaciones imposibles por la distancia entre ambas actrices.

Es un filme altamente recomendable para románticos incurables y enamorados de Parí­s (se hace un continuo homenaje a la ciudad del Sena,incluida su banda sonora, que incluye el mí­tico tema “La vie en rouge” y “Isn’t it romantic”).

Billy Wilder supo sacar lo mejor de una Audrey Hepburn totalmente arrebatadora y más vulnerable que nunca, la cual se convirtió en una de sus actrices favoritas (con ella rodó “Ariane”).

A pesar de no ser una de sus más audaces pelí­culas, Sabrina es todo un clásico de la comedia sofisticada de los años 50, referente obligado para todas las comedias insulsas y torpes del Hollywood actual, que resultan muy inferiores a esta particular versión de la Cenicienta americana. Preciosa, en una palabra.


Sabrina es la pelí­cula en la que Wilder se acerca más al cine de la fábrica de los sueños de los años cincuenta. Aparentemente, se debe a la presencia de Audrey Hepburn, con su aspecto frágil, su nariz respingona y su aire de adolescente. Llamada “La dama sin partes pudentas”, tení­a corazón en lugar de pecho y soñaba con el amor en vez de hacerlo.


Estamos ante una comedia ligera, irónicamente alegre, con ocurrencias fantásticas, y aunque tiene aspectos amargos, está libre de amargura.

Sin embargo, esta versión del cuento de la Cenicienta es recordada por Wilder por su confrontación con Bogart (de él se decí­a: “Bogart es un tipo terriblemente simpático hasta que las once y media. Después se cree Bogart”) durante el rodaje y la ayuda que le prestó Hepburn para poder terminarlo. Dice Wilder que “Bogart no me podí­a soportar; tampoco podí­a soportar su papel y no hací­a un secreto de ambas cosas. Hasta entonces, habí­a interpretado sobre todo a tipos duros que llevaban gabardina, que ocultaban sus sentimientos. Se habí­a hecho famoso por su papel de Rick en Casablanca y acababa de ganar el Oscar por su papel en La Reina de África. Y ahora debí­a engañar a una muchachita cursi, para quedar, finalmente, a su merced. A él esto no le gustaba”. Bogart tampoco se callaba: “Wilder es el tipo de director con el que no me gusta trabajar. Pertenece a esos alemanes prusianos, con un fuerte acento y el látigo en la mano. Sólo trabaja en equipo con el guionista y excluye a los actores. ¡Ni siquiera se me dijo cómo acababa la pelí­cula y quién se quedarí­a con Sabrina!”. Además, Bogart se sentí­a excluido por Wilder ya que éste al final de la jornada diaria se quedaba tomando un martini con sus amigos Holden y Hepburn. Esto encolerizó a “Bogey” y más aún cuando se enteró que durante el rodaje surgió un romance entre sus dos compañeros de rodaje. Y la tomó con Wilder. Puesto que acababa de rodar con John Huston La Reina de África una mañana llegó al plató y contó que la noche anterior habí­a cenado con Huston y habian estado hablando de directores de cine. Y de quiénes eran los mejores. Huston y él habí­an elaborado una lista: “Y usted, Billy, no estaba entre ellos. ¡Huston ni siquiera le mencionó!”. Más tarde se supo que Bogart tení­a graves problemas con el alcohol.

La pelí­cula se convirtió en un éxito considerable, también para Bogart.

La pelí­cula tuvo un remake: Sabrina (1995, Sydney Pollack) con Harrison Ford, Julia Ormond y Gregg Kinnear. Sensiblemente inferior a la original.


 


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