Director: Stanley Donen. 1954. EE.UU. Color
Intérpretes: Jane Powell, Howard Keel, Russ Tamblyn, Julie Newmar, Virginia Gibson, Ian Wolfe

Adam, el mayor de siete hermanos, decide bajar al pueblo para buscar esposa y de esta manera comer decentemente. Así conoce a Molly y, tras casarse con ella, se dirige a su hogar. Cuando ella descubre que se ha convertido en una criada, decide encontrar novias a sus seis cuñados. Lo primero que hace es instruirles y enseñarles una educación elemental, de modo que, cuando llega la fiesta de la cosecha, todas las chicas de la comarca quedan prendadas de ellos. Jane Powel y Howard Keel encarnan magistralmente a unos recién casados que cantan al amor (la Banda Sonora de Adolph Deutsch recibió el Oscar y Johnny Mercer y Gene De Paul aportaron letra y música respectivamente). Este brillante musical de la MGM recibió además cuatro nominaciones, incluidas las de Mejor Película y Mejor Guión. Cuando Milly (Jane Powell) descubre que su nido de amor es también la casa de los seis hermanos rudos y solterones de Adam (Howard Keel), decide darles un curso acelerado de galantería y los envía al pueblo para que encuentren mujer. La aventura comienza realmente cuando conocen a seis bellas chicas a las que conquistar. El divertido guión de Albert Hackett está basado en el relato “El rapto de las Sabinas” de Stephen Vincent Benet. Jacques d’Amboise (estrella del ballet de Nueva York) nos deslumbra con la vigorosa coreografía del afamado Michael Kidd.

El musical cinematográfico más clásico, bello y alegre sobre el amor y el emparejamiento
Este es uno de los tres mejores musicales que ha dado hasta hoy el séptimo arte. Por varias razones: el dinamismo del filme es constante, atractivo, musicalmente magnífico, ensanchador del corazón y que toca muy bien la sensibilidad de los sentimientos amorosos, con bailarines y bailes estupendamente originales.
Magníficos, Howard Keel, que canta sus canciones al nivel de las obras operísticas, y Jane Powell, que no sólo enamora en el guión a su marido y a sus hermanos, sino también a los espectadores de las distintas épocas que presencian su actuación, su rostro resplandeciente, su gracia, sus cantos y encantos.
Creo recordar que esta era la película preferida de mi madre, al menos cada vez que la veía disfrutaba como si fuera un hecho novedoso y vivificante; quizás porque crecí contemplando tal encantación, también heredé la misma simpatía hacia ella, hacia esta obra de cine, la cual me produce cada vez que la veo auténtico placer, siendo una de mis películas preferidas entre las miles que llevo contempladas.
Nunca aburre, porque desde el mismísimo inicio son emocionan sus canciones, sus rítmicas escenas y las esplendorosas caras de los actores que participan. Película de cima y maravilla, por su romanticismo, por su sensualidad que es muchísima y sin necesidad de escenas coitales, por lo bien que representa la locura, atrevimiento del estar enamorado y la necesidad de emparejarse de hombres y mujeres más allá de los convencionalismos morales. Todo ello rodeado de escenarios floridos, poéticos y pastorales: ¡deliciosos!

Siete novias para siete hermanos es una obra imperecedera, que conquista los corazones o les rememora sus mejores latidos de ilusión amorosa; quien la vea no podrá dejar de verla numerosas veces más. Rejuvenece el alma al contemplarla, causa más gozo que ir al templo a oír misa. Es una película de culto, de culto musical a los enamorados.