AL ESTE DEL EDÉN (East of Eden)

Película estrenada entre 1955

Director: Elia Kazan. 1955. EE.UU. Color

Intérpretes: Julie Harris, James Dean, Raymond Massey, Burl Ives, Jo Van Fleet


Un granjero californiano vive con sus dos hijos, Cal y Aaron. Cada uno de ellos tiene un carácter muy diferente, pero ambos compiten por el cariño de su padre. Además la situación se complica cuando Cal descubre que su madre no está muerta, y que además regenta un local de alterne.


Cal (James Dean) es un problemático muchacho que es siempre reprendido en su comportamiento por su padre Adam (Raymond Massey), quien en cambio adora a su hijo Aaron (Dick Davalos), el hermano mayor de Cal cuyo proceder es siempre el correcto, permaneciendo estable y feliz al lado de su novia Abra (Julie Harris).

Una pelí­cula significativa por ser el primer papel protagonista de James Dean, el rebelde cinematográfico por excelencia y espejo de una generación disconforme con los valores de sus progenitores.

Al este del edén, es un drama familiar de contexto rural que se cimenta en la novela del mismo nombre escrita por John Steinbeck, un autor caracterizado por la preocupación y conflicto social que exhalan sus textos.

Las relaciones entre padres e hijos, la búsqueda de las raí­ces, la influencia genética conductual, la apreciación subjetiva de la bondad o maldad, la necedad de la percepción maniquea y la lucha redentora en un contexto alienado son algunos asuntos tratados en un tí­tulo de tonalidad agridulce y lastimera, muy bien realizado, con un excelente manejo del cinemascope para retratar con eficacia las personalidades, situaciones y paisajes que conforman un drama que a veces recurre demasiado al subrayado emocional, aunque la búsqueda sensitiva en la plasmación de los temas referidos sea su esencia como pelí­cula.

Excelentes interpretaciones de todo el plantel, con un sensacional James Dean al frente, acompañado por Raymond Massey, Julie Harris, Burl Ives, Jo Van Fleet o Dick Davalos, un actor de gran valí­a que serí­a sumamente desaprovechado en la pantalla grande.













Monterrey, 1917. Después de toda la noche fuera de casa, el joven Cal persigue a una misteriosa señora, que luego resultará ser su madre, para intentar hablar con ella, pero no lo consigue. Al volver a casa Cal se encuentra con Aaron, su hermano, Abra, la novia de Aaron, y su padre Adam que le sermonea una y otra vez por su mala actitud. A partir de aquí­ todo se centra en la lucha de Cal por ganarse el cariño de su padre. Pero esto no es fácil ya que para Adam, Cal es “malo” y Aaron es bueno, casi perfecto. Al final Cal conseguirá la comprensión y cariño del padre y el amor de Abra.

Al cine siempre se le ha llamado el séptimo arte, y lo es gracias a pelí­culas como esta, que cuando acaban, parece que no acaban, se quedan en la memoria y uno queda extasiado al contemplarlas. Y esto es así­, porque transmiten algo, transmiten lo que el hombre busca, transmiten “humanidad”, nos ponen delante del mismo hombre.

Cuando Elia Kazan quiso adaptar la novela de John Steinbeck a su largometraje, sólo se fijó en las setenta últimas páginas, para mostrarnos el conflicto entre dos hermanos por ganarse el afecto de su padre. Sin embargo, los dos hermanos no se odian, como podrí­a creerse, todo lo contrario se aprecian y quieren mucho. Tienen sus diferencias como todos los hermanos del mundo, quizá precisamente porque son hermanos. La pelí­cula muestra muy bien como todo hombre tiene algo de bueno, hasta el que parece malo por naturaleza.

Al este del Edén cuenta además con una de las interpretaciones más completas y sinceras de la historia del cine. James Dean quedarí­a ya como un mito después de esta pelí­cula. El lenguaje corporal que utiliza es de una fuerza arrolladora, y nos hace entender a la perfección la desorientación en la que se encuentra el personaje.

No podemos tampoco olvidar el papel de Abra, francamente interpretado por la pelirroja Julie Harris. La que al principio aparenta ser una niña tontita, es en realidad la más fuerte de todos los personajes del filme. Es ella la que hace posible ese final, que nos salta las lágrimas, es ella la que consigue que padre e hijo se vuelvan a encontrar, aunque esto sea en el mismo lecho de muerte. Abra es como un ángel, intercede por Cal ante su padre, pero Abra es un ángel cercano, no vive en un cielo remoto, es de hecho el personaje más humano de la pelí­cula.

Creo que aparte de muchas otras cosas, lo que resume esta pelí­cula, es que hasta el hombre aparentemente más malo, responde al amor con amor. Es una pelí­cula profunda, para ver una y otra vez, porque habla del hombre y de los problemas que tiene, hasta llegar a un altí­simo grado de identificación: le comprendemos porque de algún modo también nos ha pasado alguna vez, y nos alegramos profundamente de que Cal acabe llorando y sonriendo a la vez, al lado de la cama de su moribundo padre.


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