EL HÉROE SACRÍLEGO (Shin heike monogatari)

Película estrenada entre 1955

Director: Kenzi Mizoguci. 1955. Japón. Color

Intérpretes: Naturoshi Hayaski, Raizí´ Ichikawa, Tatsuya Ishiguro, Michiyo Kogure


Basado en un relato de Eji Yoshikawa. Japón, en el siglo XIII hay rivalidad entre monjes y nobles. El clan Taí¯ra, dirigido por Tadamori, no consigue ser considerado en su justa medida en la corte. El hijo de Tadamori, Kiyomori, descubre que es posible que sea en realidad el hijo del antiguo emperador, que fue amante de su madre, una cortesana.



Soberbio Kenji Mizoguchi, y soberbia la pelí­cula que hoy tratamos, cuyo tí­tulo original es Shin Heike Monogatari. No sé si erróneamente o no, la he considerado dentro del género Jidai-Geki, ya que considero que cumple todas las caracterí­sticas más tí­picas del mismo. Además creo afirmar si mi memoria no me falla, que es la pelí­cula japonesa más antigua rodada a color, que he podido ver.

Resumir el argumento del filme en una breve sinopsis no serí­a más que raspar la superficie de la completí­sima trama de la que hace gala. De la misma forma, otro error serí­a hablar ahora de personajes, cuando los elementos que mueven la pelí­cula van más allá y están por encima de ellos. Sin embargo lo intentaré.

Torodai y Kiyomori son padre e hijo, a la cabeza del clan Taira. La situación de los samuráis es incómoda, nadie reconoce su trabajo y son tratados como esclavos del poder. La inestabilidad existente por la presencia de dos emperadores se manifiesta en los conflictos de monjes y cortesanos, siendo siempre los mas perjudicados los samuráis. El panorama es insostenible, y una serie de hechos harán estallar el inevitable conflicto.

Shin Heike Monogatari presume de un desarrollo rápido y ameno, no hay ni una sola escena lenta, y ninguna está de mas. El carácter histórico ofrece muchí­simo sentimiento de realismo y de vitalidad al espectador, que lo agradece en todo momento. El respaldo de la banda sonora es impecable, y muy bien administrado para no saturar la pelí­cula. Una de las cosas que más me gustan del Jidai-Geki son los escenarios y el vestuario, ambos elaboradí­simos, a sabiendas de que gran parte de la atención recaerá sobre ellos.

Las actuaciones son muy correctas, y la que realmente me ha encantado ha sido la de Raizo Ichikawa como Kiyomori. Su personaje es prácticamente omnipresente, lo que le obliga a pasar por infinidad de situaciones, y a mantenerse en pantalla durante mucho tiempo. Se acabaron sus papeles de rí´nin y samurái de 1600 y 1700, y retrocede ahora hasta el siglo XII para dejarnos una actuación excelente. Además de Ichikawa, Narutoshi Hayashi representa a Torodai, y Michiyo Kogure a Yasuko.

Las escenas en las que aparecen ejércitos son tratadas de forma muy inteligente, moviendo las cámaras y jugando con los escenarios de forma que se multipliquen los personajes. El final resulta sorprendente, aunque en un principio decepcionante a los deseos del espectador.

 

 


 


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