Director: Otto Preminger. 1955. EE.UU. B/N
Intérpretes: Frank Sinatra, Eleonor Parker, Kim Novak

Frankie Machine es un excelente músico de jazz que se estimula con dosis de heroína intravenosas. Su relación con Molly le ayuda a tratar de dejar la droga, pero el amargado carácter de su mujer Zosh, confinada en una silla de ruedas, es una excusa fácil para reincidir.

El Hombre del Brazo de Oro, está basada en la novela de Nelson Algren, creando un filme que tuvo que superar bastantes obstáculos para superar la imperante censura del Hollywood de la época, al mostrar en toda su crudeza el descenso a los infiernos de la heroína de un jugador de pocker que vuelve a su barrio tras pasar una temporada en una clínica de desintoxicación y que verá como la desesperante realidad le ira sumiendo de nuevo en su adicción abortando todos sus deseos de empezar una nueva vida trabajando como músico de Jazz.
La vida de Frankie Machine se ve fuertemente condicionada por dos mujeres, de un lado su mujer Zosch (Eleanor Parker), postrada en una silla de ruedas a raíz de un accidente, al que presiona para que permanezca a su lado, y de otro Molly (Kim Novak), enamorada de Frank y realmente interesada en ayudarle a cambiar de vida.
El entorno juega un papel importante, la adicción de Frank y la necesidad de conseguir dinero provocaran que vuelva a implicarse en las partidas ilegales y que vuelva a depender de la gente de la que quería distanciarse, todo un surtido conjunto de personajes marginales y oscuros.
Sorprende sobre todo la crudeza del filme, realmente dramático y duro en muchos momentos, escenas retratadas en toda su magnitud y con las que Sinatra redondea una actuación realmente sublime, describiendo de forma precisa la degradación física y emocional a la que es sometido a medida que avanza por el camino de la droga.
La película retrata fielmente las condiciones, el caldo de cultivo del adicto: la vida sin expectativas, los personajes miserables sin futuro, la marginación.

Hoy día quizá la película no resulte tan impactante como en el momento de su estreno, pero sin duda sigue resultando un acercamiento realista y nada complaciente al siempre complicado mundo de las drogas, en parte empañado por un final “made in Hollywood” que fue la única concesión que tuvieron que admitir para eludir a los censores.