ENSAYO DE UN CRIMEN: LA VIDA CRIMINAL DE ARCHIBALDO DE LA CRUZ
Director: Luis Buñuel. 1955. México. B/N
Intérpretes: Ernesto Alonso, Miroslava, Rita Macedo, Ariadne Welter, Rodolfo Landa

Archibaldo de la Cruz ha visto en su infancia morir a institutriz, alcanzada por una bala perdida, mientras él se escondía en el ropero de su madre. Ya adulto, la muerte de varias mujeres cercanas a él hacen que Archibaldo crea que es un asesino. Su único razonamiento es que él deseó todas esas muertes y que las mujeres terminaron siendo asesinadas. Interrogado por un juez, Archibaldo devela su vida y las razones por las que piensa que debe ser juzgado. Desde su particular punto de vista, él es el verdadero culpable de todos esos crímenes.

En un principio, la adaptación de la novela del escritor mexicano Rodolfo Usigli significó un dolor de cabeza para Luis Buñuel. “Usigli no permitía la menor variación de su texto. Cuando vio la película terminada se quejó en una asamblea del sindicato [de guionistas]. Pero salí absuelto porque en los créditos yo había puesto “Inspirada en…”. O sea que no pretendía haber hecho una transcripción exacta del libro, sino una obra diferente […] a mi manera.”
Evidentemente, Ensayo de un crimen terminó siendo una de las cintas más personales de Luis Buñuel y una de las más divertidas y perturbadoras de su filmografía. La historia de la criminalidad imaginaria de Archibaldo de la Cruz es, al mismo tiempo, un catálogo de cómicas frustraciones y el retrato inquietante de una personalidad desequilibrada.
Como otros personajes de Buñuel, Archibaldo imagina cosas prohibidas que trata de vivir en la realidad. Gran parte de su vida es pura imaginación porque sólo en ese mundo interno puede ser realmente libre.
Para muchos cineastas, Ensayo de un crimen posee un encanto tan especial que los motiva a rendirle homenaje. Pedro Almodóvar utiliza imágenes de esta película en una escena clave de Carne trémula (1997) para establecer un paralelo entre Archibaldo −el criminal frustrado− y Víctor −el enamorado frustrado−. Ambos personajes viven condicionados por los recuerdos de la niñez y sus conductas manifiestan una extremada inmadurez emocional.
La relación entre erotismo y muerte es uno de los temas centrales de Ensayo de un crimen. La obsesión de Archibaldo por asesinar está ligada a un recuerdo infantil en el que ve cae muerta a su institutriz, con los muslos ensangrentados. Esta imagen −una de las más provocadoras de la película− acompañará al personaje durante el resto de su vida, condenando a las mujeres que lo rodean a ser “víctimas” de su desbocada imaginación.
Hablando de erotismo y muerte, la celebridad de Ensayo de un crimen está fuertemente ligada a la mitología fúnebre que se desarrolló alrededor del suicidio de la actriz Miroslava Stern, ocurrido a pocos días de finalizado el rodaje. En una carta póstuma, la estrella solicitó que su cadáver fuera incinerado. Cuando la película fue estrenada, el público no dejó de notar la similitud entre la escena de la cremación del maniquí y el trágico final de esta bella actriz. Curiosamente, las coincidencias tan cercanas a la personalidad de Buñuel habían cobrado un giro inesperado y macabro que aún sigue cautivando a los admiradores de esta película.

En esta perturbadora comedia onírica, Buñuel vuelve a tomar sus armas habituales y se ríe de la burguesía, la Iglesia, el Estado, la justicia, etc., pero con una novedad insólita: a pesar de que su personaje no está exento de ironía, el aragonés guarda por él un evidente cariño, lo que desemboca en un hermoso, catártico e inolvidable final muy inusual en el cine del director.
Quedan para la memoria la morbosa escena de la institutriz muerta con la sangre corriendo por los muslos, la triple conversación con el maniquí, la ensoñada imagen de la bailarina con la musiquilla que incita a nuestro protagonista a sus perversiones y… la divertidísima comedia negra que es en conjunto esta bellísima obra maestra de Buñuel.
Muy buena película, excelente realización, aunque resulta una pobre adaptación del libro de Rodolfo Usigli. Presenta una visión light del protagonista, sin ahondar en los laberintos pasionales que lo mueven desde su niñez a convertirse en un “asesino gratuito”, es decir sin un motivo. Última película del rostro más bello del cine mexicano, Miroslava, quien se suicidaría días después de concluido el rodaje.
A mi parecer, con el respeto para los seguidores de Buñuel, me parece que la adaptación no se vio favorecida, ya que, quizás por hacerla “más digerible” para el público que en esos momentos visitaba las salas cinematográficas, o por cumplir con contratos previamente establecidos, no recrea las fantasías en forma completa −como aquella de la muerte de Patricia, que en el libro se vive y podemos hasta “oler la sangre”− o la idea más consisa de la tonadilla en la caja de música y su vinculación hacia sus “deseos más puros de matar sin motivo, sólo por el hecho de hacerlo”. O la muerte del anticuario que en la película ni siquiera se nombra. Todo gira en torno a Lavinia y su constante asedio que en el libro no es tal. Quizá porque deseaban aprovechar al máximo a la belleza más popular de la época.
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